Desde que el cine convirtió los asteroides en símbolo del apocalipsis con películas como Armageddon o Deep Impact, la idea de una roca gigante cayendo sobre la Tierra se quedó instalada en el imaginario colectivo. Pero más allá de Hollywood, la amenaza existe y la ciencia lleva décadas anticipándose a un escenario de este tipo.
Sin ir más lejos, la NASA, la agencia espacial estadounidense, lleva años desarrollando protocolos y simulaciones para actuar si algún día se detecta un asteroide con riesgo real de impacto. Porque la posibilidad no solo forma parte de los guionistas de Hollywood, sino que es una posibilidad muy, pero que muy real.
La NASA ensaya desde hace años
La lógica es sencilla: cuanto antes se localiza, más margen hay para evitar el desastre. Por eso la NASA organiza simulacros de defensa planetaria con bastante frecuencia. En uno de ellos, por ejemplo, se planteó un escenario en el que un asteroide de entre 100 y 300 metros tenía un 10% de posibilidades de chocar contra la Tierra en un plazo de ocho años.
Sobre el papel parece mucho tiempo, pero en realidad es bastante justo para diseñar una misión, lanzarla y lograr cambiar el rumbo de un objeto que viaja a miles de kilómetros por hora. Sí, exactamente lo que hizo Bruce Willis hace casi 30 años.

Si un asteroide de ese tamaño viniera hacia nuestro planeta en 2026, podría liberar una cantidad de energía descomunal, miles de veces superior a la bomba de Hiroshima. No sería un evento de extinción global, pero sí una devastación masiva a escala regional.
Por eso, para evitar estos peligros, existen miles de ingenieros siguiendo todo tipo de elementos espaciales, calculando su órbita, analizando de qué están hechos y decidiendo cómo actuar.
Entre todos ellos, el consenso es el mismo: la mejor opción, siempre que haya margen, es desviar su trayectoria. Eso es justo lo que probó la misión DART, que logró algo histórico: impactar deliberadamente una nave contra un asteroide y modificar su movimiento. La clave está en que no hace falta desplazarlo mucho, ya que un pequeño cambio hoy puede evitar un choque años después.

¿Y si no hay tiempo para frenarlo?
No siempre habría margen para reaccionar desde el espacio. Si el objeto se detectara demasiado tarde, con apenas unos meses de antelación, la estrategia sería otra. En ese punto, el objetivo ya no sería salvar el planeta, sino proteger a la población.
En este sentido, sí que pasamos de Armageddon a Deep Impact o, acudiendo a películas más actuales, a Greenland. Es decir, que antes de evitar luchar contra el meteorito, nos esconderíamos de él. Eso implicaría evacuaciones masivas, planes de emergencia y la protección de infraestructuras esenciales como electricidad, comunicaciones o suministro de agua.
Ahora mismo, lo más parecido a ese Arca de Noé que nos salvaría estaría el archipiélago de Svalbard, entre Noruega y el Polo Norte, donde están la “Global Seed Vault” y el “Arctic World Archive“, dos instalaciones que almacenan semillas y gran parte de la historia humana en caso de que un meteorito caiga sobre la Tierra. Pero hueco para miles de humanos, no tiene.
La parte positiva es que la vigilancia espacial actual es mucho más avanzada que hace unas décadas. Hoy se monitorizan miles de objetos cercanos a la Tierra y, según la propia NASA, no existe ninguno con probabilidades significativas de impactar en el próximo siglo.











