La unión entre la ciencia espacial y los videojuegos ha dejado de ser una simple cuestión de estética para convertirse en una herramienta de precisión asombrosa. No es que existan muchos títulos tan relacionados con la NASA como esperábamos al principio de redactar estas líneas, pero, como decía mi abuelo, ‘haberlos, haylos’.
Y es que la verdad es que hoy en día la frontera que separaba un simulador profesional de un juego de entretenimiento es casi inexistente. De esta forma, igual que tenemos simuladores d vuelo híper realistas como Flight Simulator o de conducción de camiones, trenes y hasta tractores, pues tenemos algún simulador de vuelo espacial que, sí, emplea datos de la NASA.
Todo ello con el objetivo de ofrecer un nivel de realismo que los apasionados de la astronomía y la tecnología agradecen profundamente, permitiendo que cualquiera con una consola o un ordenador experimente lo que hasta hace poco solo estaba al alcance de unos pocos astronautas.
Artemis VR
Este título ha sido desarrollado mano a mano con la agencia espacial estadounidense, y es la respuesta a los clásicos ‘Simulator’? de aquellos que miran más allá de las nubes.
El juego en cuestión nos mete de lleno en la misión que pretende devolver al ser humano a la Luna. Pero, a diferencia de las aventuras de ciencia ficción tradicionales, aquí no hay lugar para la fantasía gratuita.

Cada botón de la cápsula Orion tiene una función real y los escenarios que pisamos, como el cráter Shackleton, han sido modelados usando la cartografía exacta obtenida por satélites. Es una experiencia tan técnica que deja de lado la acción rápida para enfocarse en lo verdaderamente difícil: sobrevivir y gestionar sistemas críticos en condiciones de gravedad cero.
NASA y gaming
Pero la relación de la NASA con el gaming va mucho más allá de pilotar naves. Existen proyectos de llevados a cabo por ciudadanos, en base a los datos de la NASA, donde el jugador se convierte en una pieza clave para la investigación.
EL caso más famoso es el de NeMO-Net. En este juego, el usuario desciende a los fondos oceánicos para clasificar arrecifes de coral. Lo interesante es que los mapas en 3D que vemos son datos reales capturados por drones y aeronaves de la NASA.

Y lo más curiosos es que, mientras jugamos, estamos ayudando a entrenar a una inteligencia artificial para mapear la salud de los corales en todo el planeta. Es una forma magistral de convertir el tiempo de ocio en una contribución científica con impacto directo en el medio ambiente.
Siguiendo esta estela de colaboración abierta, encontramos iniciativas como Planet Hunters. Aunque tiene una interfaz de juego, lo que el usuario hace realmente es analizar datos brutos del telescopio WISE para localizar cuerpos astrales que vagan por el universo.
Y ojo, que no es ‘moco de pav’o, pues gracias a este sistema se han descubierto más de cien exoplanetas que los algoritmos de búsqueda automática habían pasado por alto, pero que los jugadores han sido capaces de encontrar desde el sofá de casa.











