La arquitectura inteligente es tecnológica: así es el futuro sostenible

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En la década de los 70 los arquitectos empezaron a introducir en sus edificios elementos de la última tecnología, del high-tech más avanzado. Las tuberías, las estructuras internas se dejaban a la vista como una manera de diferenciarse de otros estilos más funcionales, incorporando elementos industriales en edificios que debían albergar industrias, o sedes de industrias.

La fachada del Centro de arte Pompidou de París quizás sea uno de los referentes más claros de este estilo, pero desde 1977, fecha en la que se construyó, la arquitectura high-tech ha ido evolucionando hacia los edificios inteligentes y sostenibles, capaces de reaccionar ante el clima exterior y de modificar en parte su fachada para garantizar un hábitat confortable para quienes trabajan, o viven, en ellos.

Norman Foster, ‘poster boy’

En realidad, estos edificios tecnológicos de fachadas impactantes no empezaron a ponerse de moda hasta principios de la década de 1990. Comenzaron a aparecer arquitectos que querían utilizar materiales sostenibles y energías renovables en la construcción de edificios, y la mezcla de diseño y alta tecnología llegó a su punto más álgido con la gran popularidad que adquirió Norman Foster.

Foster y su estudio, Foster+Partners, bien pueden ser los máximos exponentes, al menos de cara al gran público, de esa arquitectura de alta tecnología, de esos edificios que parecen hechos enteramente de cristal y que permiten que se vean buena parte de sus entrañas desde fuera. Influido por los grandes arquitectos, como Frank Lloyd Wright, Le Corbusier o Niemeyer, Foster aplicó el estilo industrial high-tech sobre todo en edificios de oficinas, revolucionando la manera en la que se construían tradicionalmente.

El Gherkin, o “pepinillo”, es uno de sus diseños recientes más emblemáticos. Es un rascacielos de 180 metros de altura en el distrito financiero de Londres, con una forma más o menos cónica y aerodinámica que permite una mejor conservación de la energía. En cada planta hay unos huecos y unos ejes que sirven como sistema natural de ventilación del edificio, expulsando fuera el aire caliente en verano y utilizando una calefacción solar pasiva en invierno.

Este rascacielos, en el número 30 de St. Mary Axe, es uno de los atractivos turísticos de Londres en los últimos años, como también lo es la cúpula de cristal del Bundestag en Berlín, que permite a los turistas pasear por su interior, y que fue uno de los primeros trabajos de renombre de Foster en los 90.

Los edificios inteligentes

El high-tech que se añade a este tipo de arquitectura no sólo se refiere a las formas excéntricas de alguien como Santiago Calatrava, ya caído en desgracia, sino a que da la posibilidad a los edificios de adaptarse a su entorno, de regular las condiciones de temperatura y humedad en su interior para que siempre sean óptimas. La sede del diario The New York Times, inaugurada en 2007 y diseñada por Renzo Piano, incluye varios sistemas de conservación de la energía que lo convierten en un edificio sostenible.

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Entre esos sistemas figura su cobertura en parasoles que responden a los cambios de iluminación en el cielo y a la posición del sol, manteniendo su interior fresco sin necesidad de un gasto enorme en aire acondicionado, y buscando también la mayor cantidad de luz natural posible. En ese aspecto, el pabellón Quadracci del Museo de Arte de Milwaukee (obra precisamente de Calatrava, con sus inconfundibles “velas”) incluye partes móviles que responden al movimiento del sol por el cielo para mantener una sombra agradable en su interior.

En los diseños de estos edificios, Brendon Levitt, arquitecto de Loisos+Ubbelohde en San Francisco, afirmaba a la revista Forbes que:

“El calor y la luz son las cosas que más preocupan a la gente, y son las que gastan energía”

Los usuarios de un edificio quieren que sea luminoso, que no se mueran de calor en verano y se congelen de frío en invierno, y eso es lo que se busca en todas estas edificaciones. Y si logra un exterior espectacular que atraiga a los turistas, mejor que mejor. Una de las atracciones más populares de Malmö (Suecia) bien puede ser el edificio Turning Torso, por ejemplo, que también ejemplifica otro de los aspectos que los arquitectos deben tener muy en cuenta cuando diseñan estos rascacielos: el viento. Se tiene que buscar una forma aerodinámica o una manera de evitar que la construcción se vea afectada por él.

Arquitectura “verde”

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Siguiendo el razonamiento expuesto por Levitt, de que la luz y el calor son los dos aspectos a los que se da más importancia en estos edificios si quieren ser sostenibles y ayudar a la preservación del medio ambiente, reduciendo su huella energética y su contaminación, muchas de las edificaciones más representativas de esta arquitectura high tech buscan precisamente la mejor manera de ser “verdes”.

El invernadero Princesa de Gales en los Kew Gardens de Londres, por ejemplo, tiene sensores en el exterior que le “informan” de los cambios de temperatura, abriendo o cerrando ventanas de forma automática para regular su clima interno. Pero ése es un sistema muy sencillo de aprovechamiento de recursos. La escuela Chartwell, en California, dispone por ejemplo de una cisterna de unos 34.000 litros que recoge agua de lluvia y condensación de niebla para reciclar agua para los aseos y los jardines.

El edificio más sofisticado es el que, además, de responder a cambios en la temperatura y la iluminación exteriores, pueda ajustar su hábitat a la producción de dióxido de carbono de sus ocupantes, a la cantidad de gente que se encuentre en su interior en cada momento. La compañía Lucid Group desarrolló algo así como un sistema operativo para edificios comerciales, llamado BuildingOS, que permite gestionarlos como medios ambientes integrales. Pero la tecnología de esos edificios está en su interior.

El ‘top 10’ de edificios inteligentes

Cada vez hay más turistas que, además de ver museos o los cascos antiguos de las ciudades, buscan los edificios de alta tecnología más emblemáticos del lugar para visitarlos. Durante la década de los 2000 hasta pareció desatarse una carrera por ver qué país edificaba el rascacielos más alto y de aspecto más futurista, y ahora que ese furor se ha apagado, es posible hacer una lista de diez de estos edificios high tech más populares.

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  1. The Gherkin (30 St Mary Axe. Londres, Reino Unido)
  2. La sede del New York Times (620 Octava Avenida. Nueva York, Estados Unidos)
  3. Centro Georges Pompidou (Place Georges Pompidou. París, Francia)
  4. Torre del Banco de China (1 Garden Rd. Hong Kong, China
  5. Hotel Burj al-Arab (Jumeira, 3. Dubai, Emiratos Árabes Unidos)
  6. Terminal Hajj del aeropuerto Rey Abdulaziz (Yida, Arabia Saudí)
  7. Torre Hearst (300 West 57th Street. Nueva York, Estados Unidos)
  8. Hotel Arts (Carrer de la Marina, 19-21. Barcelona, España)
  9. Edificio del HSBC China (1 Queen’s Road Central. Hong Kong, China)
  10. Turning Torso (Lila Varvsgatan 14. Malmö, Suecia)

Imagen | paul bica, samchills, Jim Linwood, mattharvey1

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