La vista antes que el sabor, o ¿por qué no dejas ya de fotografiar ese plato?

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Firma invitada: Liliana Fuchs.

La gastronomía está más de moda que nunca, y no sólo por el placer de degustar un plato. El desarrollo de las últimas tecnologías junto con el avance imparable de las redes sociales han creando una tendencia que hoy en día es casi una obsesión: la necesidad constante de fotografiar cada plato para compartirlo, aunque luego nos lo comamos frío.

El auge de los smartphones, tabletas y cámaras fotográficas de última generación han provocado un fenómeno que se puede ver en cualquier bar o restaurante, con clientes mucho más preocupados en la composición o el filtro que aplican a su instantánea que en degustar el plato que tienen delante, para desesperación de sus acompañantes y del personal. ¿Por qué esa obsesión por la vista antes que el sabor?

¿Cuándo perdimos la cabeza por el plato?

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Hoy resulta difícil imaginar una realidad en la que si sacabas la cámara de fotos antes de ponerte a comer todo el mundo te miraba como a un bicho raro, pero en realidad no hace tanto tiempo. Como apasionada de la gastronomía, a mí siempre me gustaba tener un recuerdo fotográfico de algunos platos especiales, pero había que tener valor para ponerse a sacar fotos en un restaurante.

La llegada de la fotografía digital empezó a cambiar el panorama. La posibilidad de sacar instantáneas casi ilimitadas, que podían verse en la pantalla en el momento, nos llevó a fotografiar prácticamente cualquier cosa, incluyendo los platos de comida. El primer paso se dio en la fotografía de viajes, ya que ahora podíamos capturar fácilmente todos los recuerdos de nuestras vacaciones, para tortura posterior de nuestros amigos y familiares. ¿Quién no ha vuelto con fotos de ese interminable buffet de desayuno de hotel?

El punto de inflexión decisivo vendría de la mano de la web 2.0, a raíz de la multiplicación de los blogs en distintas plataformas. Los primeros blogs personales empezaron a surgir con timidez, hasta que se desató la locura con un boom que a día de hoy sigue sin tocar techo. Los blogs especializados en cocina, reseñas y críticas de restaurantes han invadido la red y además se retroalimentan entre sí.

Pero han sido realmente las redes sociales las que han terminado de desatar la obsesión por las fotografías de comida. La necesidad de estar permanentemente conectado, de compartir al momento todo lo que hacemos, nos ha llevado a no poder disfrutar de una comida sin sacar antes el teléfono o la cámara. La rápida popularización de Instagram ha cerrado el círculo, y es que no en vano más de un tercio de las fotos que se etiquetan en esta aplicación están relacionadas con la comida.

Comer por los ojos, vendiendo un estilo de vida

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Instagram nació como un medio donde compartir instantáneas de nuestra vida en el mismo momento en que suceden, llevando la idea del “¿Qué está pasando?” de Twitter a lo visual. En poco tiempo las imágenes de comida se han apoderado de la red, pero no se trata sólo de mostrar nuestra rutina alimentaria sino de presumir de platos deliciosos, de dotes culinarias y de visitas a restaurantes y cafeterías que desaten la envidia de nuestros seguidores.

Pero se ha llegado a un límite en el que lo importante no es compartir un momento de felicidad o un descubrimiento gastronómico puntual, sino que poder fotografiar el restaurante o el plato de moda se convierte en una primera necesidad. El sabor se vuelve algo secundario, se trata de comer por los ojos, y, por supuesto, de compartirlo.

Los verdaderos adictos a fotografiar sus platos han convertido la comida en todo un estilo de vida que venden a través de imágenes atractivas, pero que en muchos casos llegan a ser forzadas. En los blogs de cocina están de moda las fotos estilo bodegón, en las que más que un hogar parecen un verdadero estudio de fotografía con un complicado montaje detrás y están llenas de accesorios que luego nadie utiliza para comer.

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También surge otra cuestión, ¿realmente nos comemos todo lo que fotografiamos? Es lo que se planteó la creadora de la cuenta de Instagram You did not eat that, “No te comiste eso”, que cuelga imágenes de celebrities y blogueras, pues casi siempre son mujeres, que se retratan con comida hipercalórica que en realidad jamás probarían. Y lo hacen además con poses artificiales muy forzadas, vendiendo una imagen irreal.

La moda de los selfies ha potenciado este comportamiento, y cuando se organiza algún evento con catering hay colas por retratarse junto a torres de cupcakes, macarons o con hamburguesas suculentas, que después de compartir la foto vuelven a dejarse en la bandeja. La comida se vuelve así parte del decorado de un estilo de vida donde lo importante es la imagen que se comparte a través de las redes sociales.

Prohibido fotografiar

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¿Qué opinan los restaurantes de esta moda? Al ser un fenómeno reciente no hay una posición clara al respecto, pero lo cierto es que la obsesión por fotografiar todos sus platos ha empezado a levantar ampollas entre los profesionales del sector. Hay muchos que animan a fotografiar y compartir sus platos en las redes, pues es buena publicidad, pero cada vez más los grandes chefs se plantean prohibir el uso de cámaras en sus salas.

Sacar una fotografía puntual es una cosa, pero tomar decenas de instantáneas de cada plato es otra muy distinta. Algunos restaurantes han empezado a prohibir fotografiar argumentando que molesta a los demás comensales, que ralentiza el servicio y que además puede llevar a que otros copien sus platos e ideas. Algunos chefs también afirman que ponen mucho esfuerzo en diseñar sus menús, y si se comparten con miles de personas se arruina la sorpresa.

Del mismo modo que una foto suculenta puede animar a otros a ir a probar un plato, una mala toma puede crear el efecto contrario. Todos nos creemos fotógrafos hoy en día, pero hay imágenes poco apetecibles que pueden perjudicar a la reputación de un restaurante. Así que no te extrañes si en el futuro te encuentras con un icono de una cámara tachada en una carta; fumar ya no es lo único que estará prohibido en los restaurantes.

La profesionalización del fotógrafo foodie

Si algo ha conseguido la moda de la fotografía culinaria es descubrir nuevos talentos que en muchos casos empezaron como una simple afición. La práctica y el autoaprendizaje, gracias también a las posibilidades que brinda internet, han llevado a fotógrafos foodies a convertirse en auténticos profesionales.

Luisa Morón y Raquel Carmona, por ejemplo, son dos referentes en este campo. Ambas se dedican a la fotografía profesional desde hace años y cuentan con clientes variados para los que lo mismo fotografían una receta que crean verdaderos retratos de productos. Aunque trabajan otros campos, la gastronomía es una de las pasiones de estas artistas que además comparten sus propias recetas e imparten cursos especializados a cualquier aficionado.

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Otra gran inspiración son los trabajos de Ivana Rosario y Miriam García, apasionadas de la cocina que un buen día comenzaron un blog de recetas, y que poco a poco han convertido su afición por la fotografía culinaria en su profesión. También es el caso de Sonia Martín, que estudió fotografía y diseño pero fue su blog de cocina el que dio el impulso que necesitaba a su carrera como fotógrafa.

El mejor plato sin foto

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Según un estudio de la Universidad de Minnesota y Havard Business School, el proceso de fotografiar todo lo que comemos puede tener un efecto positivo por su efecto ritual. Aplicar ciertos pasos antes del acto de comer hace que disfrutemos más de la comida, según esta teoría, siempre claro, que no llegue fría a la boca.

Pero otras investigaciones apuntan precisamente a lo contrario: Instagram puede arruinar tu comida. No sólo porque nunca saborearás el plato recién hecho, sino también por agotamiento. Pasar el día mirando y comentando las fotos de los amigos y fotografiando todo lo que vas a comer termina siendo aburrido y repetitivo para el cerebro, y al final no se disfruta igual del sabor.

Por eso está surgiendo otra corriente de foodies que apuestan por olvidarse de la cámara de fotos, del móvil y de las redes sociales, y centrarse únicamente en disfrutar de lo que tienes en el plato. Poder enfocar toda la atención en la comida que tenemos delante, en percibir sus aromas y en saborear cada bocado, sin preocuparnos por la iluminación o los comentarios que recibe, es liberador. Se trata de volver a algo básico: disfrutar del plato por su sabor.

El foodie de Instagram con 3 tenedores

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Las estadísticas no mienten: Instagram está plagado de fotos de comida de todo tipo, y son decenas los hashtags relacionados que se repiten cada segundo con nuevas imágenes subidas desde todo el mundo. Pero no todas las fotos de comida son iguales, y si quieres que tus obras tengan muchos seguidores, toma buena nota de estos inspiradores foodies de Instagram.

Izy Hossack, londinense detrás de Top with Cinnamon, comparte en su cuenta la misma filosofía de su blog: imágenes de comida saludable pero reconfortante, casera y hogareña, con un gusto especial por desayunos y postres que no necesitan kilos de azúcar de colores.

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Las fotos de David Lebovitz son imprescindibles sobre todo si sueñas con la gastronomía francesa. Este americano afincado en París cocina y come muy bien, y sabe cómo mostrarlo. Además viaja mucho y siempre comparte los platos que prueba en restaurantes de todo el mundo.

David Griffen es fotógrafo profesional especializado desde hace años en gastronomía, trabajando con los mejores chefs y como autor de las imágenes de muchos libros de cocina. Es muy activo en las redes sociales, y en su Instagram comparte imágenes casi tan logradas como las que hace en su estudio. Es una fuente de inspiración inagotable.

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Detrás de las fotos de _foodstories_ hay una pareja de berlinesas que se dedican profesionalmente a la fotografía culinaria, y eso se nota en su Instagram. Las fotos de sus platos son siempre sencillas pero atractivas, muy naturales, con un aire familiar muy agradable que huye de montajes artificiales.

La cuenta de Spoon Fork Bacon es de las que siempre abren el apetito. Sus autoras comparten fotos de todo lo que preparan en casa, con imágenes del proceso de cada receta y del resultado final, adelantando la publicación de sus posts sin engañar con fotos retocadas. Saben crear hype para sus recetas y lo aprovechan muy bien.

Cómo disfrutar de tu plato en tres pasos

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¿Eres de los que no puede guardar el móvil o la cámara cuando llega a un restaurante? ¿Siempre tienes Instagram abierto a la hora de la comida? Si te preocupa estar dando más importancia a la vista antes que al sabor, no te preocupes: te damos la guía definitiva para disfrutar de tu plato en tres sencillos pasos:

  1. Guarda la cámara.
  2. Coge el tenedor.
  3. Come y disfruta.

Aprovechar las últimas tecnologías y formar parte de las redes sociales para compartir nuestros logros y descubrimientos gastronómicos puede ser algo muy positivo, pero tomándoselo con calma. Al final lo importante es no caer en la obsesión y saber cuándo merece la pena guardar la cámara y simplemente disfrutar del sabor de la comida.

Imágenes | Brigham Young University, Pixabay, Tiki Chris, Leyla Arsan, Luisa Morón, Raquel Carmona, El Invitado de Invierno