Cuando miramos la Luna por la noche, da la sensación de que siempre está ahí, fija, como si nada cambiara. Esto ha inspirado a poetas y enamorados, pero todos han vivido siglos engañados. La realidad es bastante distinta, ya que nuestro satélite se está alejando poco a poco de la Tierra.
Y no es que a veces la veamos más pequeña o más grande, no, es algo que lleva sucediendo desde hace décadas y que sabemos gracias a aquellas misiones que viajaron a nuestro satélite entre finales de los años 60 y principios de los 70.
Por aquel entonces, los astronautas dejaron instalados en la superficie lunar unos dispositivos muy concretos, conocidos como retroreflectores. Básicamente son espejos diseñados para devolver exactamente en la misma dirección cualquier rayo de luz que reciben. Y es lo que se lleva años usando para saber cómo se comporta este cuerpo celeste.

¿Cómo se aleja la Luna de la Tierra?
Para saberlo hay que fijarse en los distintos observatorios que, desde diferentes rincones del globo lanzan pulsos láser hacia esos retroreflectores y miden cuánto tardan en volver. Ese tiempo, calculado con enorme precisión, permite conocer la distancia exacta entre la Tierra y la Luna, resultando en millones de datos recopilados a lo largo de los años. Y, en base a estos datos, se sabe que la Luna se aleja a un ritmo medio de unos 3,78 centímetros al año.
Sí, es cierto que que puede parecer una cifra insignificante, pero es constante, y en escalas de millones de años termina siendo un cambio enorme.
¿Por qué se aleja la Luna?
Tal y como explica la astrofísica Erika (@ExploreCosmos_) en una publicación colgada recientemente en X, el motivo de este fenómeno está en la relación gravitatoria entre la Tierra y la Luna, y más concretamente en las mareas.
https://x.com/ExploreCosmos_/status/2028139057902137700/
No es fácil de explicar, pero a groso modo podríamos decir que la atracción de la Luna provoca que los océanos terrestres se deformen poco a poco, creando lo que se conoce como bultos de agua. Y, como la Tierra gira sobre sí misma más rápido de lo que la Luna tarda en completar una órbita, esos abultamientos no están alineados perfectamente con la Luna, sino un poco adelantados.
Ese pequeño desfase actúa como una especie de tirón que empuja a la Luna hacia adelante en su órbita y, por consiguiente, se desplaza a una órbita más alta, es decir, más lejana. Sí, es un proceso lento, pero continuo.

Al mismo tiempo, la Tierra también se ve afectada por lo mismo. La fricción generada por las mareas va frenando muy ligeramente la rotación del planeta. Esto es lo que explica que, con el paso del tiempo, los días se hacen más largos. No es algo que vayamos a notar en nuestra vida, pero hay estudios que como detallan como hace unos 1.400 millones de años un día terrestre duraba aproximadamente 18 horas.
¿Y qué significa esto para la vida en la Tierra? Bueno, nada a corto plazo, pero si nos vamos al futuro, a medida que la Luna se aleje, su tamaño aparente en el cielo irá disminuyendo y llegará un momento en el que ya no podrá cubrir completamente al Sol.
En otras palabas, diremos adiós a los eclipses totales.











