El avance de la ciencia, de la mano de la tecnología, nos ha permitido responder a muchos interrogantes. Aunque poco a poco vamos entendiendo cómo funciona el universo, aún tenemos grandes preguntas en el aire, como la de cómo funciona el tiempo.
El tiempo que percibimos avanza en una sola dirección, con una percepción del presente, recuerdos del pasado y la visión de un futuro que, a nuestro juicio, aún no ha ocurrido. Pero, en términos de física, los científicos no descartan el viaje al futuro; al contrario de lo que ocurre con el viaje al pasado.
El muro que nos impide viajar al pasado
Viajar al futuro parece ser una cuestión casi tecnológica. No tenemos la tecnología para lograrlo, pero, si pudiéramos viajar a una velocidad cercana a la de la luz o situarnos cerca de un objeto muy masivo, como un agujero negro o una estrella de neutrones, el viaje al futuro sería plausible.

Viajar al pasado es otra historia. En cuanto los científicos comienzan a hacer sus cálculos, se topan continuamente con diferentes muros, como las paradojas, que, en principio, anularían completamente la posibilidad de viajar al pasado.
Las paradojas de la causalidad
Viajar al pasado nos pone delante de problemas que no aparecen al viajar hacia el futuro. Como principal ejemplo suele ponerse la famosa paradoja del abuelo: si alguien regresara atrás y evitara que sus abuelos se conocieran, no podría haber nacido; pero, si no hubiera nacido, tampoco habría podido realizar el viaje.
También existe el problema de la información sin origen. Un viajero podría entregar a una persona del pasado los planos de una máquina del tiempo. Esa persona construiría la máquina y, años después, el viajero la utilizaría para regresar y entregar los planos. En ese caso, ¿quién creó realmente los planos?

La protección cronológica
El físico Stephen Hawking propuso la conjetura de protección cronológica. Es decir, las leyes de la naturaleza podrían impedir que aparecieran curvas temporales cerradas: trayectorias que permitieran regresar a un punto anterior del espacio-tiempo.
La relatividad general contiene soluciones matemáticas con este tipo de trayectorias, pero que una ecuación las permita no significa que puedan existir en el universo real. Podrían requerir condiciones imposibles, cantidades descomunales de energía o materiales que no se encuentran en la naturaleza. La protección cronológica no está demostrada por completo, pero refleja la sospecha de que algún mecanismo físico impediría las contradicciones temporales.

Para retroceder al pasado, no solo habría que ir atrás en el tiempo, sino obligar a todo el universo a invertir su desorden y recuperar la información exacta previa, algo prohibido por la física estadística.
Además, el principio básico de la física exige que una causa siempre ocurra antes que su efecto. Permitir el viaje al pasado significaría que un efecto —tu llegada— podría preceder o destruir su causa original, rompiendo la estructura lógica que sostiene las leyes físicas.
¿Es realmente imposible?
Nadie se atreve a decir hoy en día que el viaje al pasado sea totalmente imposible. No lo vemos factible dado nuestro conocimiento actual, del mismo modo que en su momento tampoco veíamos factible viajar a la Luna, romper el átomo o crear una inteligencia artificial.

No podemos afirmar que el universo lo prohíba con una certeza absoluta, pero todo lo que sabemos sobre la velocidad de la luz, la causalidad, la energía y la termodinámica apunta en contra. De hecho, los defensores de la teoría de la realidad simulada apuntan a que el pasado no es real, sino recuerdos implantados, pero esa es otra historia.











