viaje al futuro

Viajar al futuro es posible, pero nuestra tecnología es insuficiente. Esto es lo que necesitamos

¿Lo lograremos algún día?

Viajar en el tiempo es el sueño de la humanidad desde hace décadas. Pero a medida que la tecnología avanza, lo que antes parecía imposible se va convirtiendo en un reto. Y cuando hablamos de reto, hablamos de algo plausible, al menos desde nuestra perspectiva. Pero debemos tener en cuenta que nuestra tecnología, como especie, es muy primitiva.

Hay que tener en cuenta que solo hace 130 años inventamos una tecnología tan básica como la radio, y que solo hace unas pocas decenas de años comenzamos a explorar el universo. Según la ciencia, nada invalida un posible viaje en el tiempo hacia el futuro, pero el problema es que nuestra tecnología todavía es muy primitiva.

Las posibilidades de viajar hacia el futuro

En este post vamos a centrarnos en las posibilidades que tenemos de viajar hacia el futuro y en lo que haría falta para lograrlo. Como decimos, la ciencia está bastante más de acuerdo en que viajar al futuro es posible y no al pasado. Cuando se valoran las posibilidades reales del viaje al pasado, la ciencia se topa con las famosas “paradojas”, que suelen invalidar esta opción.

Viajar al futuro a través de la velocidad

La opción más conocida para viajar al futuro consiste en movernos a una velocidad cercana a la de la luz. Según la relatividad de Einstein, cuanto más rápido viaja un objeto, más despacio pasa el tiempo para él respecto a quienes se quedan quietos. Si una nave pudiera alcanzar una velocidad extrema y volver después a la Tierra, sus pasajeros habrían envejecido mucho menos que el resto del planeta.

El problema es que nuestra tecnología está a años luz de conseguir algo así. No basta con crear un cohete más rápido. Haría falta desarrollar una nave capaz de acelerar hasta velocidades cercanas a los 300.000 kilómetros por segundo, proteger a una tripulación durante todo el trayecto y, además, frenarla al llegar a destino.

Nave espacial turística en órbita terrestre para futuros viajes

Un sistema de propulsión que aún no existe

Los cohetes actuales funcionan muy bien para salir de la Tierra, llegar a la Luna o enviar sondas fuera del sistema solar, pero son increíblemente lentos si los comparamos con la velocidad de la luz. Para acercarnos de verdad a ella haría falta una fuente de energía completamente distinta.

Se habla de propulsión nuclear avanzada, antimateria, velas impulsadas por láseres gigantes o motores de fusión, pero ninguna de estas opciones está preparada para transportar personas a esas velocidades. La antimateria, por ejemplo, podría liberar una cantidad de energía enorme, pero hoy apenas somos capaces de producir y almacenar cantidades minúsculas.

Materiales que sobrevivan al viaje

Hay polvo, partículas, radiación y pequeños fragmentos de materia moviéndose por el universo. A velocidades cercanas a la luz, una partícula diminuta podría impactar contra una nave con una fuerza enorme.

Por eso necesitaríamos materiales mucho más resistentes que los actuales. Harían falta escudos capaces de absorber impactos, sistemas para detectar objetos a mucha distancia y tecnologías que protegieran a los pasajeros frente a la radiación cósmica.

Viajar al futuro gracias a la gravedad

La segunda posibilidad es todavía más extrema, pero encaja con las leyes conocidas de la física. La gravedad altera el tiempo. Cuanto más intensa es la gravedad a la que estamos sometidos, más despacio transcurre el tiempo para nosotros respecto a alguien que se encuentra lejos de esa influencia.

Eso significa que una persona que viajara cerca de un objeto extremadamente masivo, como una estrella de neutrones o un agujero negro, podría experimentar menos tiempo que alguien situado en la Tierra. Si regresara, aquí podrían haber pasado muchos más años. El problema vuelve a ser el mismo: entender el fenómeno es una cosa y construir la tecnología para aprovecharlo sin morir en el intento es otra completamente distinta.

viaje al interior de un agujero negro

Una nave preparada para los lugares más violentos

Para acercarnos a una estrella de neutrones o un agujero negro necesitaríamos una nave mucho más resistente que cualquier cosa construida hasta ahora. Esos lugares tienen campos gravitatorios inmensos, radiación extrema y condiciones capaces de destrozar una nave convencional mucho antes de que pudiera beneficiarse del efecto temporal.

La nave tendría que soportar enormes diferencias de gravedad entre una zona y otra. Esas diferencias, conocidas como fuerzas de marea, podrían deformar o romper cualquier estructura que no tuviera una resistencia extraordinaria.

Protección contra radiación

Una de las tecnologías imprescindibles sería un escudo de radiación muy por encima de lo que usamos hoy. Cerca de objetos extremos del universo puede haber emisiones de energía capaces de atravesar materiales convencionales y dañar de forma letal a una tripulación.

No sabemos todavía qué materiales podrían ofrecer una protección suficiente. Tal vez harían falta escudos electromagnéticos, capas de materiales muy densos o sistemas completamente nuevos que ahora mismo solo existen en la teoría.

Interior de la nave espacial del corredor

Energía para llegar y volver

No sirve de nada llegar a las proximidades de un agujero negro si no podemos salir de allí. La gravedad que permite alterar el paso del tiempo también hace increíblemente difícil escapar. Por eso haría falta una fuente de energía gigantesca, probablemente incluso mayor que la necesaria para el viaje basado en velocidad.

La nave debería acelerar, mantener una órbita segura alrededor del objeto masivo y después volver a impulsar sus motores para regresar a la Tierra. A esto habría que sumar sistemas de comunicación capaces de funcionar a distancias enormes y en zonas donde la gravedad puede deformar incluso la señal.

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