La sonda Voyager lleva décadas copando titulares. Es normal, es para muchos amantes del espacio su sonda preferida. No en vano, es el objeto fabricado por el ser humano más alejado de la Tierra y, en estos momentos, sigue surcando el frío y oscuro espacio a velocidad de vértigo rumbo a lo desconocido.
Pero antes de la Voyager, que fue lanzada en 1978, hubo otra sonda que copó titulares, rompió moldes y se aventuró también hacia lo desconocido. Hablamos de la sonda Pioneer 10, hoy una gran olvidada, pero que fue capaz de romper moldes y lograr muchos hitos antes incluso que la Voyager.
Los hitos de la sonda Pioneer 10
A comienzos de los años 70, la NASA ya contaba con tecnología suficiente para enviar sondas muy eficientes al espacio. En esos momentos se vivía en torno a los rescoldos de la carrera espacial, tras la llegada del hombre a la Luna en 1969.

Fue en 1972 cuando la NASA lanzó Pioneer 10 hacia Júpiter. En aquel entonces no había imágenes cercanas del gigante gaseoso obtenidas por una sonda y ninguna nave había atravesado el cinturón principal de asteroides.
El 15 de julio de 1972, Pioneer 10 entró en la región situada entre Marte y Júpiter. Entonces todavía había dudas sobre el riesgo que supondrían sus partículas y objetos para una nave en tránsito. La sonda registró impactos de pequeñas partículas, aunque menos de los esperados, y completó el cruce en febrero de 1973.

Superar esa frontera fue muy importante para planificar viajes que vinieron después. Antes de que las Voyager llegaran a los planetas exteriores, la Pioneer 10 ya había demostrado que era posible superar esa región.
Su paso por Júpiter
El 4 de diciembre de 1973, Pioneer 10 realizó el primer sobrevuelo de Júpiter. Pasó a unos 130.354 kilómetros de las capas superiores de sus nubes, una distancia que permitió estudiar el planeta desde una perspectiva inédita. Envió las primeras imágenes cercanas del gigante gaseoso y obtuvo observaciones de algunas de sus lunas. Las imágenes de las Voyager serían mucho más detalladas, pero llegaron varios años después.
Un mensaje en una botella cósmica
Las sondas Voyager son conocidas por incluir un disco de oro con mensajes de la Tierra, con la “esperanza” de que, si es interceptada por una civilización extraterrestre en otro sistema solar, pueda saber quién la envió. Pero una vez más, la Pioneer 10 se adelantó a esa idea.

La Pioneer 10 llevaba una placa de aluminio anodizado en oro. Carl Sagan y Frank Drake participaron en su diseño, mientras que Linda Salzman Sagan realizó los dibujos. Entre ellos aparecen un hombre y una mujer, la silueta de la nave como referencia de escala y diagramas para identificar nuestro origen.
Rumbo a otras estrellas
La NASA reconoce a Pioneer 10 como la primera nave colocada en una trayectoria de escape del sistema solar. Su encuentro con Júpiter la encaminó hacia un viaje que no la devolvería a las proximidades del Sol.
Otro hito llegó el 13 de junio de 1983, cuando cruzó la órbita de Neptuno. Entonces Neptuno era el planeta conocido más alejado del Sol, porque Plutón atravesaba la parte de su órbita situada más cerca de nuestra estrella.

Durante 26 años, la Pioneer 10 también fue el objeto humano más distante, pero fue el 17 de febrero de 1998 cuando la Voyager 1 superó esa distancia, alcanzando a la Pioneer 10. De hecho, en 2012 la Voyager 1 cruzó la heliopausa y se convirtió en la primera nave que confirmó mediante sus mediciones la entrada en el espacio interestelar.
Desgraciadamente, no podemos decir lo mismo de la Pioneer 10, ya que su última señal se recibió el 23 de enero de 2003 y desde entonces vaga en silencio en el vasto y oscuro océano cósmico, en dirección a la estrella Aldebarán.










