No es muy aventurado decir que las sondas Voyager son el ingenio tecnológico más apasionante de nuestra historia. Hay varios motivos para afirmarlo, ya que actualmente es el objeto construido por el ser humano que más lejos ha llegado (ahora mismo en los límites de nuestro Sistema Solar).
Construidas con tecnología de los años 70, alimentadas por energía nuclear y pensadas en principio para unas cuantas misiones de observación en algunos planetas de nuestro vecindario cósmico, siguen sorprendiendo por su durabilidad y datos recabados, pese a que sus “pilas” están a punto de agotarse. Pero si algo llama la atención de las sondas Voyager, es que llevan adosado un disco de oro que cuenta todo sobre nosotros como especie y civilización.
El disco de oro de las Voyager
Usar la tecnología como una especie de mensaje en una botella es algo que no vimos venir. La realidad es que nos sentimos tan solos flotando en esta canica azul llamada Tierra, que nuestro ansia por explorar e intentar gritar “¡¡Estamos aquí!!”, no tiene límites. Y eso es precisamente lo que se hizo con el disco de oro de las Voyager.

Además de toda la tecnología que montaban para el éxito de sus misiones de observación, las sondas Voyager salieron fuera de nuestro planeta con dos discos de oro adosados a su estructura. La NASA lo diseñó como una especie de cápsula del tiempo interestelar, con un disco fonográfico que resume vida, cultura y ciencia de nuestro planeta. La selección de todo ese contenido fue liderada por un comité presidido por Carl Sagan, con la idea de representar a la Tierra lo mejor posible en muy poco espacio.
La idea, más poética que real, es que si una civilización inteligente intercepta alguna vez alguna de las dos sondas, cuenta con información de sobra sobre quién y cuándo lo envió El disco, con forma de vinilo musical, está hecho de cobre chapado en oro y mide 12 pulgadas, unos 30 centímetros de diámetro. Va protegido dentro de una funda de aluminio e incluye también una cápsula y una aguja para poder reproducirlo.

En la cubierta se añadió una muestra ultrapura de uranio-238, porque su vida media sirve como referencia para fechar cuánto tiempo lleva viajando por el espacio. Hay que destacar que no es “de oro macizo”, sino una pieza de ingeniería pensada para durar muchísimo y aguantar el viaje.
¿Qué lleva el disco de oro de las Voyager?
El disco incluye 115 imágenes codificadas en formato analógico, además de sonidos naturales de la Tierra como surf, viento, truenos, pájaros, ballenas y otros animales. También incluye saludos hablados en 55 idiomas, mensajes escritos del presidente Jimmy Carter y del secretario general de la ONU Kurt Waldheim, y una selección musical de unos 90 minutos con piezas de distintas culturas y épocas.
Es interesante saber cómo funciona. Porque cuando pensamos en un disco, lo hacemos como un vinilo y sabemos que eso reproduce música. Hay que entender que en este caso, las 115 imágenes no están como fotos impresas. Están codificadas como señales de audio (ondas sonoras). Cada imagen se convierte en una señal de video analógica (parecida a cómo funcionaba la televisión antigua) y esa señal se graba en el disco como variaciones en el surco, igual que la música o los saludos.

Cada imagen dura varios segundos de audio. Si se reproduce esa parte del disco y se escucha, se oirá un ruido raro, pero si se toma esa señal y se decodifica correctamente, se convierte de nuevo en una imagen. La idea que tenemos es que una civilización mínimamente avanzada no tenga problemas para descifrar el mensaje. No obstante, la cubierta lleva grabados con símbolos las instrucciones para reproducir el disco, señalar de dónde salió la nave y ayudar a localizar la Tierra en el cosmos.
Escuchar el disco de oro de las Voyager
Los discos de oro de la Voyager son muy famosos, pero casi nadie ha podido escucharlos. Lógicamente, los originales son imposibles de recuperar, y si les tuviéramos que poner precio, posiblemente serían los discos más caros de la historia. Hoy en día podemos escuchar su contenido, ya que hay creadas varias playlists con el disco de oro de la Voyager que puedes oír en Spotify.
Lo curioso es que la tecnología de la época ha quedado congelada para siempre. Si hubiésemos hecho lo mismo en los 90, posiblemente hubiese sido un CD el que habría quedado pegado a la sonda. Quizás un pendrive en los 2000 y un link a una nube con los archivos, a día de hoy.












