Ha llovido mucho desde que los dinosaurios dominaban la Tierra. De hecho, estamos aquí posiblemente porque ellos se extinguieron (o los extinguieron). Lo que sabemos hasta ahora es que hace aproximadamente 70 millones de años, la Tierra recibió el fuerte impacto de un asteroide de aproximadamente 10 kilómetros de diámetro. Su impacto se produjo en lo que hoy es la península de Yucatán, en el golfo de México. En esa zona encontramos el que hoy se conoce como el cráter de Chicxulub, candidato a ser la cicatriz de ese enorme impacto.
Los dinosaurios no pudieron sobrevivir a las consecuencias iniciales y posteriores al gran impacto. Hoy, la vida es muy diferente. El ser humano domina la Tierra y hemos logrado en dos millones de años algo que los dinosaurios no lograron en 300 millones: explotar los recursos naturales del planeta en nuestro beneficio y desarrollar la tecnología. Eso nos lleva a preguntarnos qué ocurriría si el mismo asteroide impactase hoy en el mismo lugar. ¿Tendría nuestra civilización alguna posibilidad?
El asteroide de los dinosaurios nos visita de nuevo
En nuestra hipótesis vamos a tener en cuenta que se trate del mismo asteroide, mismo tamaño y mismo lugar de impacto. Los dinosaurios no lo vieron venir, pero nosotros sí podríamos. Los dinosaurios no contaban con tecnología para protegerse ni antes ni después, y nosotros sí. Esto nos lleva a la pregunta de si podríamos sobrevivir al mismo impacto. Si un objeto del mismo tamaño golpeara hoy la Tierra, la humanidad no desaparecería necesariamente de inmediato, pero el mundo moderno dejaría de funcionar. La mayor amenaza no sería solo la explosión, porque también hablamos de un colapso climático, alimentario y social que llegaría después.

El impacto se produciría de nuevo cerca de Yucatán, en una zona de aguas poco profundas del golfo de México. A diferencia de hace 66 millones de años, los continentes, el nivel del mar y el clima han cambiado. Pero el tipo de roca del lugar seguiría siendo un factor decisivo.
Chicxulub se encuentra sobre una plataforma rica en carbonatos, azufre y materia orgánica. Al impactar, el asteroide vaporizaría roca, agua y sedimentos, enviando a la atmósfera enormes cantidades de polvo, vapor, dióxido de carbono, dióxido de azufre y hollín.
Ese es uno de los motivos por los que fue tan devastador. No solo fue el tamaño del asteroide; también tuvo la mala fortuna de caer en un lugar capaz de lanzar a la atmósfera materiales que bloquearían la luz solar durante años.

Destrucción asegurada
México, el Caribe y buena parte del sur de Estados Unidos quedarían destruidos en cuestión de minutos. Cuba, Florida, Centroamérica y las costas del golfo sufrirían terremotos, incendios y tsunamis gigantescos.

El impacto liberaría una energía inimaginable. Cerca del punto de choque, la roca y el agua se vaporizarían casi al instante. Se formaría un cráter de cientos de kilómetros y una columna de material ascendería más allá de la atmósfera.
Una onda de choque recorrería la región a velocidad supersónica, arrasando edificios, bosques y ciudades. Las zonas próximas quedarían expuestas a una radiación térmica extrema. A mayor distancia, el material expulsado volvería a entrar en la atmósfera y calentaría el cielo hasta provocar incendios masivos.
El impacto en el golfo de México generaría tsunamis en el Caribe y el Atlántico. Las comunidades costeras tendrían muy pocas posibilidades de sobrevivir, incluso lejos de Yucatán. Se perderían redes eléctricas, comunicaciones, puertos, aeropuertos y centros de producción.
Las consecuencias del después
La peor fase empezaría tras el impacto. El polvo, los aerosoles de azufre y el hollín alcanzarían la estratosfera, donde permanecerían durante mucho tiempo. La luz solar disminuiría de forma drástica y la temperatura global caería.
Los modelos sobre Chicxulub apuntan a que el hollín pudo bloquear entre el 80% y el 85% de la luz solar y provocar un enfriamiento global de entre 10 y 16 grados. La fotosíntesis se detendría o se reduciría de forma extrema, las plantas morirían y la cadena alimentaria colapsaría.

La agricultura moderna sería una de las primeras víctimas. Sin suficiente luz y con temperaturas mucho más bajas, las cosechas fallarían en casi todo el mundo. También habría lluvias ácidas, cambios extremos en el clima y daños en la capa de ozono. Algunas investigaciones estiman una “noche de asteroide” de uno o dos años, seguida de varios años de iluminación muy reducida.
¿Dónde habría más opciones de refugiarse?
Las mejores opciones estarían lejos de las costas, de las grandes ciudades y de las zonas dependientes de importaciones. Regiones interiores, elevadas y alejadas del impacto evitarían la destrucción inicial, pero seguirían enfrentándose al frío, la oscuridad y la falta de alimentos.
Un refugio real necesitaría estar bajo tierra, contar con aire filtrado, agua, energía independiente, medicamentos y reservas de comida para varios años. Un búnker sin capacidad para producir alimentos, reparar equipos y gestionar residuos solo retrasaría el problema.
Quienes tendrían más opciones serían comunidades preparadas, con acceso a instalaciones subterráneas, semillas, cultivos interiores, generadores y reservas. En la naturaleza, sobrevivirían mejor animales pequeños, generalistas y capaces de vivir bajo tierra, en agua dulce o en el fondo marino.
¿Cómo podríamos evitarlo?
La única defensa fiable es detectarlo con décadas de antelación. Un asteroide de 10 kilómetros no se destruye con una explosión de última hora, porque hay que modificar ligeramente su trayectoria cuando todavía está muy lejos.
La NASA ya probó una técnica con la misión DART. En 2022, una nave impactó deliberadamente contra el asteroide Dimorphos y logró modificar su órbita. Con años o décadas de margen, un pequeño cambio de velocidad puede hacer que un objeto pase de largo en lugar de chocar contra la Tierra.

Puede volver a pasar y pasará
La pregunta no es si volverá a ocurrir, sino cuándo ocurrirá. Hay que tener en cuenta que nuestro planeta ha sido sometido a impactos desde su formación inicial. En nuestro Sistema Solar, los gigantes gaseosos (sobre todo Júpiter) hacen de escudo y su gravedad atrae una enorme cantidad de asteroides, que de otra forma podrían ser amenazas para la Tierra.
Los objetos llegados de fuera de nuestro planeta nos impactan constantemente, siendo unos del tamaño de una pelota de tenis y otros del tamaño de un grano de arena. Los grandes impactos están calculados, ya que los científicos creen que un gran impacto del estilo al que acabó con los dinosaurios se produce cada 50 a 100 millones de años.











