Una supernova es la traca final de una estrella gigante. Durante millones de años, estos astros se mantienen estables quemando combustible en su interior. Y, cuando esa gasolina se agota, el núcleo colapsa sobre sí mismo en cuestión de segundos y desencadena una gran detonación monumental (que, como ya sabrás, jamás se escucha, pues en el espacio no se transmite el sonido, por mucho que George Lucas quiera llevar la contraria a la ciencia).
Sobre el papel, es lo más destructivo del universo, ya que una sola estrella moribunda llega a emitir más luz que toda la galaxia que la rodea durante semanas.
¿Cuál es la más antigua?
No hace mucho, en 2024, el telescopio NIRCam que forma parte del programa JWST Advanced Deep Extragalactic Survey capturó la que se conoce como JADES-GS-z14-0, la supernova más antigua jamás detectada por la humanidad. Pero eso no quiere decir que su explosión sea reciente.

De hecho, ocurrió cuando el universo apenas contaba con 300 o 400 millones de años de edad.
¿Cómo se ha encontrado ahora?
Por si no lo sabías, la luz no es instantánea, sino que viaja a una velocidad finita a través de distancias enormes, inalcanzables para el raciocinio humano. Por eso, al mirar al espacio profundo en realidad lo que estamos haciendo es echar un vistazo al pasado. La luz de esta supernova anciana ha estado viajando en línea recta hacia la Tierra durante casi 13.500 millones de años.
Lo que han fotografiado los telescopios no está sucediendo hoy, sino que es el eco de un evento que ocurrió muchísimo antes de que la Tierra, el Sol o el sistema solar existieran siquiera en proyecto.
¿Qué información nos dan las supernovas?
Las supernovas son auténticos nichos de información para los astrónomos porque funcionan como la gran fábrica del cosmos. Al principio de los tiempos solo existían gases muy simples como el hidrógeno y el helio. Las supernovas son los hornos gigantescos donde se cocinaron los elementos más complejos, como el hierro de nuestra sangre, el calcio de los huesos o el silicio que llevan los microchips de los teléfonos. Cuando estallan, esparcen esos materiales por el espacio para formar nuevos planetas y, con el tiempo, la propia vida.

Además, sirven como unidad de medida en el espacio. La NASA descubrió hace años que un tipo concreto de estas explosiones brilla siempre con la misma potencia exacta, lo que permite a los científicos calcular distancias gigantescas y descubrir cómo de rápido se está expandiendo el universo.
Y, como lo que registramos hoy sucedió hace millones de años, también sirven como unidad de medida de tiempo. Como su luz tarda tantísimo en viajar hasta nuestros telescopios, analizar una supernova lejana equivale a fotografiar la juventud del espacio y así poder entender cómo nacieron las primeras estrellas de la historia.
En definitiva, son uno de los grandes elementos del cosmos que nos permiten estudiar de qué estamos hechos, cuánto mide el universo y cómo empezó todo hace tantísimo tiempo.











