La protección de cualquier dispositivo es uno de los elementos indispensables en los que tiene que pensar cualquier compañía cuando lanza un aparato al mercado. Lo mismo ocurre cuando hablamos de un sistema que pueda ayudar a que el día de mañana los satélites puedan circular por el espacio sin que los ingenieros se preocupen de su integridad física. Y es aquí donde entran en juego todos los elementos de defensa como es el escudo Whipple.
Se trata de un elemento bastante importante cuando se trata de proteger todo el instrumental que tiene un satélite en su interior y que además supone una gran diferencia cuando se trata de evitar las colisiones que pueden darse más allá de la estratosfera. De hecho, no es un elemento solo común dentro del mundo de los satélites, sino también de la estructura de la Estación Espacial Internacional.
Un sistema que repele los impactos
Estamos acostumbrados a ver que muchos de los aparatos que usamos en nuestro día a día tienen una estructura externa que los define, pero que también forma parte activa de la protección de todos los elementos que hay en el exterior y que pueden comprometerlos de alguna manera. Esa ‘coraza’, por así decirlo, también define la forma del dispositivo y lo más seguro es que ayude y mucho a que las colisiones no sean un problema, especialmente las más pequeñas.
Esto afecta a teléfonos, ordenadores, todo tipo de vehículos y, por supuesto, satélites. Estos últimos tienen un elemento importante en este sentido y es la necesidad de estar protegidos el máximo tiempo posible de todo lo que ocurra en el espacio. Uno de esos elementos son las conocidas como tormentas solares, las cuales desprende energía que puede afectar al sistema eléctrico si este no se protege, pero lo cierto es que los impactos también ocurren allí fuera.

Para eso, Fred Lawrence Whipple creó en 1947 lo que más adelante se conocería como escudo Whipple. No podría llamarse de otro modo, pero lo cierto es que se trata de un elemento realmente importante para evitar casi cualquier tipo de golpe en el espacio. Como sabrás, los satélites se mueven a una cierta velocidad atendiendo a una órbita que corrigen con sus propulsores, por lo que en su trayecto se pueden encontrar con todo tipo de elementos espaciales que se interpongan en su camino y que pudieran dañar su estructura.
Efectivamente, estamos hablando de un sistema multicapa que es capaz de evitar los golpes de elementos que se mueven entre 3 y 18 km/h. Puede que no sea una velocidad que pienses rápida, pero es suficiente para crear un problema crítico en cualquier aparato, y más si está en el espacio. Al tener un sistema de protección multicapa es normal que pienses que tiene varios elementos superpuestos con el fin de evitar que un golpe o proyectil alcance los elementos que lo hacen funcionar.
Cómo funciona el escudo Whipple
Como te comentamos, el escudo Whipple se trata de un sistema importante para la ‘supervivencia’ de los satélites en el espacio. Su instalación es vital y el funcionamiento tiene dos fases diferenciadas que dependen directamente de las capas con las que se ha construido. La primera es la más delgada de todas y es la que está más expuesta a todos los elementos externos. Su función es repelerlos en la medida de lo posible, pero en ocasiones puede ser perforada dada su fragilidad.
Es ahí cuando entra en juego el segundo elemento: un espacio vacío antes de la siguiente capa. Su función también es importante ya que ayuda a disipar los trozos del elemento impactado por este compartimento antes de que rompa otro más en caso que haya varios disponibles. Por supuesto, hay una placa interna que es la principal de la nave, la cual es algo más gruesa y es la última línea de defensa antes de que un elemento toque la electrónica del satélite.
Lo mejor es que puede repararse
Como te puedes imaginar, el escudo Whipple es un elemento indispensable para la defensa de los satélites, pero la EEI es otro de los elementos que lo utilizan. Es más, dado que este escudo es vital para los instrumentos electrónicos, no es difícil pensar que en este caso también supone un elemento que ayuda que los tripulantes sigan con vida. Por eso, es importante saber que en caso de que el casco de la nave sufra daños estos se pueden reparar.
De hecho, los astronautas están preparados para este tipo de labores, y si bien es una experiencia para todos aquellos que suben al espacio también es una misión de las más peligrosas que puede realizar un astronauta.










