Un router con un ordenador

Nadie se fija en este ajuste del router, pero es clave para que la señal llegue más lejos

Aunque no siempre le damos la importancia que merece, el router es una pieza clave para poder disfrutar de internet en toda la vivienda sin depender de cables y aprovechando al máximo las ventajas de las conexiones inalámbricas. Entender cómo funciona y conocer sus ajustes básicos es fundamental para conseguir una conexión que sea capaz de cumplir con todas nuestras expectativas.

A medida que nos hemos acostumbrado a convivir con numerosos dispositivos electrónicos, muchos de ellos pasan desapercibidos porque funcionan de manera constante y no suelen dar ningún tipo de problema. Este es el caso del router, un equipo que es fundamental para que nos podamos conectar a internet, con independencia de que sea por cable o de forma inalámbrica, y que, en la mayoría de ocasiones, viene incluido cuando contratamos una tarifa de fibra para casa.

Aunque su rendimiento suele ser muy estable y se trata de uno de los dispositivos más fiables dentro de nuestro ecosistema digital, no está de más conocer algunos ajustes y configuraciones básicas que nos ayuden a sacar el máximo partido a la señal. Entre todos ellos, hay uno que destaca especialmente y que no siempre es conocido: la compatibilidad con el protocolo WiFi 802.11b/g. En este artículo te contamos todo lo que tienes que saber. 

Imagen de una persona en el ordenador
Una persona interactuando con su router / Fuente: Freepik

Por qué es tan importante este protocolo

Lo primero que debemos tener en cuenta es que los protocolos WiFi son uno de los pilares fundamentales de cualquier conexión inalámbrica. En ellos se recogen las normas y reglas que permiten que los dispositivos se comuniquen entre sí de forma estable y segura. Sin ellos, sería imposible entender la conexión WiFi como la entendemos actualmente. Existen diferentes estándares y, con el paso del tiempo, han ido evolucionando para adaptarse a las nuevas tecnologías y a las mayores demandas de velocidad y rendimiento. Por este motivo, es habitual que algunos protocolos queden obsoletos y pierdan relevancia frente a opciones más actuales.

Este es el caso del estándar 802.11b. Aunque durante años fue imprescindible para garantizar una conexión estable, hoy en día es poco común encontrar dispositivos que no sean compatibles con protocolos más avanzados. Mantenerlo activo ya no suele tener sentido y, de hecho, puede limitar el rendimiento de nuestra red, haciendo que la conexión sea más lenta de lo que realmente podría ofrecer nuestro router.

Cómo desactivarlo

Desactivar este protocolo es especialmente sencillo y no vas a tener ningún problema para hacer lo propio. Lo único que tienes que hacer es entrar a la configuración de tu router introduciendo en el navegador la dirección: 192.168.1.1.

Una vez estés dentro de este panel, tendrás que buscar la sección de “WiFi” o “Red inalámbrica”. La nomenclatura puede cambiar, por lo que es importante que escojamos cuál es la que aparece en el menú de nuestro sistema. 

Una vez hecho lo propio, acude a la sección de la banda 2,4 GHz y busca “Modos compatibles”. Ahí deberás desactivar cualquier opción que indique lo siguiente: 802.11b o 802.11g.

A partir de ese momento, cada vez que tus dispositivos se conecten a la red, ya no estarán obligados a utilizar el protocolo más antiguo compatible con el equipo de menor capacidad. En su lugar, podrán aprovechar estándares más modernos, por lo que tendremos una mejor experiencia de usuario.

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