Hombre joven con gafas y auriculares de diadema sonríe mientras consulta su teléfono móvil en una calle de la ciudad con un café en la mano.

Cómo han cambiado los móviles nuestra memoria, atención y forma de aprender

Los expertos han hablado

Seguro que te ha pasado: vas a recordar un número de teléfono conocido y tu mente se queda en blanco. No pasa nada, para eso está la agenda del móvil. Pero esto va mucho más allá. Un estudio publicado en Nature desvela cómo el uso habitual del GPS afecta negativamente a nuestra memoria espacial. Cuanto más dependemos de él, peor recordamos rutas, referencias y espacios cuando nos movemos por nuestra cuenta. Y esto es solo un ejemplo de lo que pasa en nuestro cerebro por delegar tanto en el smartphone.

Esos simples gestos cotidianos de guiarnos a través de los mapas del móvil, hacer fotos a una calle para saber dónde hemos aparcado o hasta usar la calculadora para sumar 2+2, reflejan una transformación profunda. Los smartphones han rediseñado el funcionamiento de nuestro cerebro, pero no es que nos volvamos menos inteligentes, es una realidad evidente: si el móvil nos da el trabajo hecho, el cerebro deja de esforzarse.

La memoria espacial en peligro

Si nos centramos en el estudio, hay que decir que el error no es usar el GPS puntualmente, sino convertirlo en un hábito diario. Según la investigación, quienes abusan de la navegación por satélite desarrollan menos su “mapa cognitivo“, que es la representación mental que hacemos de un lugar y lo que nos permite orientarnos.

La singularidad tecnológica personificada
Imagen: Demencial Studies (Adobe Stock)

Si solo obedeces las órdenes de una voz, tu cerebro deja de observar y relacionar. Los investigadores descubrieron que estos usuarios recordaban menos puntos de referencia y eran peores dibujando un recorrido. En otras palabras, solo sabían llegar con la pantalla encendida, pero no aprendían el camino. Pueden quedarse sin batería y no saber cómo orientarse en un lugar que, sin el móvil, deberían conocer a la perfección.

Neurológicamente, esto es un problema. La memoria espacial depende del hipocampo, clave también para la memoria general. Al delegar la navegación en el móvil, reducimos su actividad y, como sucede con cualquier músculo, si no se usa, se debilita.

Memoria y capacidad de atención

Pero el problema no está solo en el GPS. Aquí es oportuno hablar del llamado “efecto Google“: el cerebro prefiere recordar cómo y dónde encontrar un dato antes que memorizarlo. El resultado es una gran rapidez para buscar respuestas, pero una menor capacidad para retener información a largo plazo.

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Imagen: Por Demencial Studies (Adobe Stock)

Y, en este caso, la gran perjudicada es la concentración, ya que los teléfonos están diseñados para retener nuestra atención. Cada notificación o vibración activa una descarga de dopamina que nos empuja a mirar la pantalla, fragmentando nuestra capacidad de enfoque. Ya casi nadie lee un libro o trabaja sin mirar el teléfono de reojo, lo que aumenta el cansancio mental.

Hoy en día aprender es muy complicado

El acceso a la información, hoy en día, es muy diferente al de hace unos años. Es inmediato y visual ya que aprendemos con vídeos cortos, podcasts o hilos rápidos en redes sociales. La ventaja es la inmediatez; el riesgo, el atrofiamiento del cerebro. Al consumir la información de forma tan rápida, perdemos la capacidad de profundizar y de desarrollar un pensamiento crítico sólido.

Sí, el smartphone es una herramienta potentísima, pero exige usarla con intención para que potencie nuestra mente en lugar de adormecerla.

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