La tecnología 3D lleva décadas intentando triunfar con más o menos gloria. Se intentó en consolas de videojuegos hace décadas, pero también en los cines en los años 80 y 2000. Lo mismo se intentó con el cine en casa; cuando las teles comenzaron a hacerse enormes, con cine en casa y en el apogeo del DVD, el 3D se quiso colar una vez más en hogares de todo el mundo.
Quizás podemos iniciar el boom del 3D en el hogar tras el estreno de Avatar allá por 2009. La cinta de James Cameron fue un taquillazo que, al haberse visto en 3D, muchos fabricantes de televisores se alinearon y apostaron por llevar el 3D desde las salas de cine al salón de casa.
El 3D en los hogares
En esa época las teles comenzaban a ser planas y a superar las 40 pulgadas. La alta definición estaba presente con la llegada del Blu-ray solo unos años antes y muchos hogares contaban con un potente sistema de “home cinema”, muy de moda en la era del DVD.
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La premisa era atractiva para cualquiera, con películas con profundidad, objetos que parecían salir de la pantalla y una experiencia mucho más inmersiva. Durante unos años, los televisores 3D ocuparon un lugar destacado en las tiendas y se vendieron como una de las grandes revoluciones de la imagen.
Pero fue en 2017 cuando las últimas grandes marcas que mantenían la tecnología dejaron de incluirla en sus nuevos modelos. Nunca triunfó del todo y hoy en día el 3D ha desaparecido prácticamente por completo de los televisores domésticos.
¿Cuál fue el problema?
El problema es que el 3D para el hogar depende de varios factores. En primer lugar están las gafas especializadas, que son necesarias para ver una película. Y no unas gafas cualquiera. Algunos televisores utilizaban gafas pasivas, ligeras y similares a las de los cines. Otros apostaban por gafas activas, que funcionaban con batería, debían cargarse y se sincronizaban con la televisión para mostrar una imagen distinta a cada ojo.

Las gafas
Si no había suficientes gafas para toda la familia o para las visitas, no todos podían ver la película en 3D. También era habitual que se perdieran, se rompieran o resultaran incómodas tras un rato de uso. A esto hay que sumar el cansancio visual que muchas personas experimentaban, y no solo en el cine en casa, también en las salas de cine.
Además, muchas personas notaban cansancio visual, dolor de cabeza o mareo, sobre todo con las primeras generaciones de televisores. El 3D podía ser impactante durante unos minutos, pero no siempre era cómodo para ver una película de dos horas.
Equipos adecuados
Necesitabas gafas, necesitabas la tele preparada para 3D, necesitabas una peli Blu-ray especial 3D y el reproductor de películas 3D. Hablamos de cuatro elementos preparados antes de darle al play. Había películas en Blu-ray 3D y algunos canales de televisión hicieron pruebas con emisiones deportivas, documentales y películas, pero nunca existió una oferta suficientemente amplia.

Los usuarios no compraban televisores 3D porque no había demasiado que ver. Y las productoras, cadenas y plataformas no invertían en crear más contenido porque no había suficientes espectadores con una televisión compatible.
No era una sala de cine
Tampoco hay que olvidar que, aunque la experiencia era interesante y curiosa, un salón de casa no es una sala de cine. El 3D funcionaba mejor en el cine porque la pantalla era enorme, la sala estaba oscura y todo el mundo estaba dispuesto a usar gafas durante la película. En casa, las condiciones eran distintas.
El 3D no murió del todo
El formato sigue vivo en algunas salas de cine, sobre todo en grandes estrenos como Avatar, y también ha encontrado un espacio en la realidad virtual. Los visores VR pueden generar profundidad sin depender de una pantalla lejana y permiten una experiencia mucho más personal.
Hoy en día, las teles en 3D en el hogar sobreviven en manos de coleccionistas y amantes del cine en formato físico, que de vez en cuando se siguen poniendo una peli en 3D, más por nostalgia que por disfrute.










