¿De verdad necesitamos tan buenas gráficas sólo para jugar al League of Legends?

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Cada cierto tiempo surge la eterna pregunta: ¿para qué hace falta una gráfica de altas prestaciones si sólo quieres jugar a DOTA 2, League of Legends o Hearthstone?

Ojeando los requisitos de cualquiera de estos tres, está claro que no es necesario un gran equipo. De hecho, algunos jugadores hasta ejecutan Overwatch con «una patata». ¿Cómo? Bastante mal, cabe decir.

¿“Jugar” o JUGAR?

Fijémonos por ejemplo en los requisitos de DOTA 2, el clásico gratuito de Steam. En principio nos piden un sistema operativo Windows 7 en adelante, un procesador Dual Core a 3.0 GHz o un AMD a 2.8 GHz, 4 GB de memoria y una gráfica nVidia GeForce 8600/9600GT, ATI o AMD Radeon HD2600/3600, además de la versión 9.0c de DirectX y 15 GB de espacio libre.

Pero hay que saber leer entre líneas. Cuando DOTA 2 fue lanzado en 2013 los requerimientos eran bastante más escasos: un Pentium 4 con 1GB de memoria (o 2GB en Windows Vista) y una gráfica de 128 MB compatible con DirectX 9 B. Es decir, el juego fue escalando, actualizándose y, con ello, sus exigencias.

Es decir: si no actualizas tu sistema al ritmo del propio juego, en algún momento te quedarás sin poder jugar. Lo mismo podríamos decir de League of Legends. Cuando fue lanzado pedía únicamente 750 megas de disco duro, un Windows XP o Vista con un procesador de 2 GHz, 512 MB de RAM y cualquier tarjeta de vídeo con soporte DirectX 9.0 y Shader 2.0.

En la actualidad, desde la propia web oficial, nos recomiendan un procesador de 3GHz, 4GB de RAM, de 12 a 20 GB de disco duro —no nos olvidemos de los parches—, una gráfica GeForce 8800 o equivalente y Windows 8.1 o Windows 10. ¿Podremos jugar en sistemas inferiores? Sí. ¿Cómo? Con algunos problemas.

Lo que el ojo no percibe

El primer inconveniente viene por parte de la imagen que puede arrojar el equipo. En un juego como Skyrim o The Witcher III, donde la narración es más pausada, no es imprescindible jugar a 60FPS. Pero en otros géneros se convierte en un requisito clave si quieres ser realmente competitivo: en shooters como Doom, Infinite Warfare o, efectivamente, en cualquier MOBA. Porque la diferencia entre ver el juego a una u otra tasa de refresco determina la victoria.

Cuando juegas por debajo de los 30FPS hay contenido que, sencillamente, no vemos. Los FPS (frames por segundo) hacen referencia a la cantidad de cuadros (imágenes) reales generados para ser mostrados en pantalla. Y aunque tu monitor o TV esté preparado para recibir 120 frames, sólo verás los que el hardware de tu equipo arroje. Es más, si tu monitor es de alta calidad sólo te ayudará a que veas el stuttering (las caídas de frames e inestabilidades) más claramente. Un drama.

Por otro lado tenemos todos esos artefactos derivados de ver una imagen en pobre calidad. Como el ghosting: problemas de sincronización entre el envío, recepción y proyección de la señal de vídeo, provocando una estela en las imágenes en movimiento. O el dichoso imput lag: retardo entre lo que tarda en enviarse y mostrarse la imagen.

Para lograr la correcta sincronización en un juego se suele usar la función Vsync, que obliga al juego a mostrar las mismas imágenes que el televisor, coordinando los cuadros con el refresco vertical del monitor. Pero volvemos al mismo punto: esta función consume recursos, y si tu equipo ni cuenta con suficiente potencia verás cortes horizontales que te romperán la partida. Y ya no digamos si quieres capturarlo y hacer un streaming: el vídeo resultante será un desastre.

Más pantallas, más píxeles

Hoy día, cualquier jugador quiere disfrutar de los escritorios multimonitor, tener en uno la partida que estamos jugando y streameando, y en otro el navegador con varias pestañas abiertas. Si los sistemas lo prometen, ¿por qué no íbamos a poder disfrutar de ello?

Uno de los principales problemas de la configuración multimonitor llega por las conexiones y la exigencia gráfica. A más pantallas más píxeles: gestionar un monitor 4K UHD requiere más potencia que dos Full HD —3840 x 2160 píxeles frente a 3840×1080—. Y cada píxel cuenta.

Para lograrlo, aunque el juego pida pocos requisitos, si queremos que nuestro PC sobreviva necesitamos un sistema multicore, un ordenador capaz de trabajar con muchos hilos independientes. A esto se suma la aplicación del chat online para jugar con amigos, una buena conexión con un amplio ancho de banda, para lograr una transmisión sin cortes y, al final, la gráfica sufrirá tanto como en el juego offline con mejores gráficos de todo el mercado.

Hay que buscar sistemas que puedan hacer frente a casi cualquier exigencia. Porque tal vez hoy sólo quieras jugar al LoL, pero que eso no te impida jugar mañana a otro juego de éxito.

Hablamos de equipos como el IdeaPad Legion Y520, un portátil con hasta 16 GB de memoria RAM DDR4 y gráfica NVIDIA GTX-1050 Ti. O el sobremesa IdeaCentre Y900, un sobremesa con procesador de séptima generación Intel Core i7-6700K, 32 GB RAM, disco duro híbrido de 2 TB HHD + 256 GB SSD (disco sólido), y la reina de la torre, una tarjeta gráfica NVIDIA GeForce GTX 970 de 4GB.

Rendimientos en distintos juegos sobre un Lenovo IdeaCentre Y900

Así que ya sabes: no se trata de comparar tu gráfica con las especificaciones mínimas de algún juego, ya que estas sólo sirven para curarse en salud. Se trata de encontrar un equipo capaz, en términos tecnológicos, de reproducir tu juego favorito en cualquier monitor, sin retardos ni pantallazos negros. Y para ello, sin duda, necesitas un extra de potencia.

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