Que lo desmonte otro: el único y extraño momento en que la Torre Eiffel fue fea y demasiado grande

torre eiffel metal

Imaginarse hoy día un París sin la Torre Eiffel es algo inconcebible. A pesar del hecho de ser una construcción moderna se ha convertido en el icono de la capital francesa, y ahora nadie la critica. Sin embargo, no fue así al principio, cuando la misma escultura fue considerada un amasijo metálico feo, costoso, y demasiado grande.

Pensamos que el concepto de París va ligado a la torre, y dejamos pasar aspectos tan relevantes como que pudo no haber sido construida, haber sido desmontada, que no fue ideada por Gustave Eiffel, o que él ni siquiera se llamase así…

Se pudo haber llamado Torre Bönickhause o Joechlin-Nouguier-Sauvestre

A los 48 años, y cansado de que los franceses fuesen incapaces de pronunciar su apellido real, Alexandre Gustave Bönickhause cambió su nombre al que toda su familia usaba ya de cara a los parisinos, Eiffel, un derivado de la región alemana de Eifel de la que el abuelo de Gustave emigró.

En 1867, el mismo apellido dio nombre a la consultoría Eiffel et Cie (del francés, Eiffel y compañía), donde más tarde trabajarían los ingenieros Maurice Joechlin y Émile Nouguier, quienes tuvieron la idea original para la torre.

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Propuesta de Joechlin y Nouguier a Eiffel. A la izquierda puede verse la planta, y a la derecha (de arriba abajo, edificio residencial de 6 pisos, el Obelisto de Lúxor, la Columna de Julio, el Arco del Triunfo, la Columna Vendôme, la Estatua de la Libertad de la Isla de los Cisnes, la Catedral de Notre Dame. Fuente: Familia Joechlin

No deja de resultar curioso que el propio Eiffel descartase el proyecto que Joechlin y Nouguier le presentan un 6 de junio de 1884 bajo el nombre de Pylone de 300 m de hauteur (del francés, Torre de 300m de altura). Eso sí, vio potencial y asignó ambos ingenieros a Stephen Sauvestre, arquitecto jefe de la empresa, para que les dirigiese en su proyecto.

Un nuevo boceto, presentado unos meses más tarde, entusiasmó a Gustave Eiffel, quien pronto compró los derechos sobre la patente y tuvo por misión la de llevarla a la práctica.

La Torre Eiffel pudo no haber existido nunca

De tratarse de un don nadie, tratar de construir hoy la llamada Torre Eiffel habría sido considerado una locura. En manos de Gustave Eiffel, sin embargo, resultaba una exquisita excentricidad. No dudó en presentarle los planos a todo aquél que pudiese llegar a sentir un mínimo interés en el apasionante tema construcción de enormes torres sin propósito alguno.

Pronto descubrió que nadie iba a financiar la construcción de su enorme capricho de metal sin un motivo de peso y, tras buscarlo por medio Europa, finalmente acabó por convencer al Ministro de Industria y Comercio para que lanzase un concurso con el que adornar la Feria Mundial de la Exposición Universal de 1889.

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Durante la construcción de la torre, 1888. Fuente: NBC News

Este concurso, que tendría como nombre «Levantar sobre el Campo de Marte una torre de hierro con una base de 125 m2 y una altura de 300 metros», estaba claramente enfocado a satisfacer a Eiffel. Sin embargo, el ingeniero estuvo a punto de no conseguir el primer premio debido a la participación masiva de otros 107 proyectos muy competitivos e interesantes.

Pudo haber sido desarmada

Si hoy día la Torre Eiffel está en pie es porque Eiffel fue un gran vendedor. Orientándola a la temática de nuevas invenciones y de ciencia de la Exposición Universal, consiguió disfrazar su torre no solo de proyecto científico, sino también de laboratorio, y la planteó como un espacio donde realizar diversos experimentos.

Uno de los más sonados (de manera literal, hizo mucho ruido) fue el de Franz Reichelt, quien realizó un salto de 90 m por el interior de la torre para probar su nuevo paracaídas. Un 4 de febrero de 1912 ocurrió lo que se esperaba. Recorrió la distancia rápidamente e impactó contra el pavimento del suelo, batiendo un récord mundial que nadie superaría nunca: un agujero de 15 cm de profundidad.

Por fortuna, hubo mayores hitos científicos que el primer cráter humano, y el mismo año en que Reichelt impactaba contra el suelo se modernizó el túnel de viento construido en 1909. Ya en sus inicios, y nada más terminar las obras en 1889, el propio Gustave hace instalar una estación meteorológica para la Oficina Central Meteorológica de Francia, y diez años después se efectuó la primera comunicación por radio con el Panteón de París, a 4 km de distancia.

Fue a partir de 1900, momento en que la torre tenía previsto su desarme, que la Armada Francesa pasa a gestionar su explotación.  Para la mayoría de los parisinos, salvo algunos artistas, la torre seguía siendo algo demasiado grande y sin utilidad. De modo que los nuevos experimentos que realizó el ejército constituyeron un lavado de cara importante para la fecha.

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Pruebas de radio de 1914. Fuente: Wikipedia

Es bastante conocido en el mundo de las telecomunicaciones el experimento de 1914, en que seis cables fueron tendidos entre el tercer nivel de la torre y el suelo, y que ayudaron a la comprensión de las ondas hertzianas en la atmósfera.

Y en el campo de la exploración espacial siempre se menciona el experimento de Theodor Wulf de 1910, quien midió la radiación en la base de la torre y en su cúspide, demostrando que los rayos cósmicos existían (y que venían de fuera del planeta).

 

Fue gracias en parte a cientos de estos experimentos científicos durante décadas que París mira a su torre con otros ojos. Durante más de un siglo, cuando un parisino (o turista) observa la torre no ha pensado en que esté viendo un enorme andamio o un capricho pasajero, y quien hoy se refiere a ella cono enorme lo hace desde el elogio más profundo.

Suerte tiene el mundo que haya habido tantas excusas para su construcción y tan pocas para su desmantelamiento.

Fotografía de portada | Torre Eiffel en Construcción

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