La ficción que distorsiona la realidad: la RV es capaz de transformar nuestros recuerdos

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La Realidad Virtual posee una capacidad de inmersión enorme. Tanta, que empieza a plantear debates sobre su uso ético: ¿y si transformara nuestros recuerdos? ¿Y si fuera capaz de provocar tanta empatía que deformase nuestra perspectiva sobre unos hechos reales o imaginados?

Más aún: ¿y si esos “hechos” fuesen ficticios pero nuestro cerebro los interpretase como auténticos?

El poder de mirar desde los ojos de otra persona

Hace dos años se publicó un artículo donde se dejaba constancia de este poder. De cómo observar un acto violento (simulado) nos transforma en testigos presenciales y, por tanto, en jueces de lo que hemos visto, pudiendo afectarnos a nuestra capacidad de juicio o manipularnos en consecuencia.

‘Use of Force’ se disfrazaba de videojuego (ficción) para situarnos en un lugar incómodo (hechos objetivos). En la actualidad, con mandos de vibración háptica y auriculares holofónicos, la Realidad Virtual estimula al cerebro de una forma tan efectiva como la vida real. Sólo que en esta podemos desconectar cuando nos apetezca.

Nonny de la Peña revolucionó la perspectiva del periodismo tradicional mediante este y otros proyectos posteriores: no debes huir de los hechos, debes implicarte en ellos. La investigadora insiste en que la RV se nutre de esa parte menos evolucionada, nuestro tronco cerebral —el denominado cerebro reptiliano—, para llevarnos a un nuevo estadio de empatía.

Más aún: la doctora canadiense Julia Shaw, del Departamento de Leyes y Ciencias Sociales de la London South Bank University, en su libro The Memory Illusion, puso sobre la mesa el debate sobre lo fácil que es implantar falsos recuerdos y, así, conducir a personas inocentes a falsear confesiones. Es tan fácil como hacer creer que algo imaginado es real.

Valorar algo cuando aún no puedes juzgarlo

¿Y si este tipo de técnicas se llevasen a cabo en menores, cuando aún no han desarrollado una autonomía moral? Siguiendo los postulados de Jean Piaget, podemos definir la etapa heterónoma entre los 5 y 10 años. En esta edad, los niños entienden que las reglas son impuestas por figuras de autoridad, no por un amplio y complejo esquema social que regula la moral convencional.

Sumemos a esto el papel de la Realidad Virtual: diferentes estudios académicos han demostrado que, en personas de 8 años o menos, las imágenes vistas en escenas RV se transforman en recuerdos, una especie de memoria virtual que el menor confunde con sus recuerdos del mundo real. Incluso los incorpora a sus sueños.

Nada más conectar el casco o abrir la aplicación, varias advertencias aparecen en la mayoría de dispositivos de RV: «haz descansos cada media hora. No recomendado para menores de 12 años. Sal a espacios abiertos si sientes náuseas o padeces claustrofobia». Estos avisos atienden a un tipo de salud, la física. Pero, ¿qué hay de la seguridad emocional? ¿Cómo protegernos a esa “influencia”?

¿La ficción supera a la realidad?

Recientemente se han publicado testimonios donde se pone de manifiesto que la Realidad Virtual distorsiona la real, como un sueño del que cuesta despertarse. Una suerte de tristeza digital, según Tobias van Schneider. Resaca existencial, según Rebecca Searles. Despersonalización, según la investigadora Kathrine Jáuregui-Renaud.

Este tipo de sensaciones se vuelven más acusadas según aumenta el uso de un casco RV. Ya en 2006 se realizó un estudio donde se demostraba que la simulación virtual inducía a esta disociación frente a la realidad objetiva.

La exposición agresiva a estímulos refuerza la creación de realidades imaginarias. En menores de ocho años, donde dos de cada tres niños crea amigos imaginarios y aún suelen confundirse sueños con hechos objetivos, la RV es un poderoso catalizador, el deseo de cualquier maestro del storytelling, llevando un paso adelante la forma en la que percibimos una narración estándar.

Cómo opera la memoria

Galardonados con el Nóbel de Medicina de 2014, el matrimonio compuesto por May-Britt y Edvard I. Moser descubrió que los recuerdos van compartimentados en paquetes de 125 milisegundos. 8 recuerdos por segundo. «Cuando uno se siente ligeramente confundido ocurre porque varios paquetes de recuerdos compiten en el cerebro unos contra otros». Soñar

Forzar la memoria para intentar recordar también altera los recuerdos. Al recuperar algo que ha quedado enterrado en nuestra memoria, estamos marcando una comparación con otros recuerdos. Lo que viene a nuestra cabeza es lo que el cerebro determina como el recuerdo “más coherente” dentro del contexto. Pero este puede ser falaz.

Somos creativos por naturaleza. Esta forma de completar el mapa mediante una distorsión temporal es muy común. Tanto que se ha retratado en el cine con cierta frecuencia: en 2004 compitieron las cintas ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’, de Michel Gondry, y ‘The Final Cut’, de Omar Naim.

La primera incidía en cómo la memoria está compuesta de redes interconectadas. Tirar de una es como querer despegar un elemento elástico de una gran matriz. Puede acabar desmoronándose todo. La segunda ponía sobre la mesa, en clave distópica, el peligro de creer a pies juntillas lo que nuestra memoria arroja cuando nos preguntamos sobre algún acontecimiento medio olvidado.

Esto también es habitual cuando somos actores pasivos de una anécdota trágica que nos cuenta alguien a quien creemos de manera natural, un familiar o ser querido. Así logramos recrearla hasta el punto de creer haberla vivido, ya sea frente a testimonios de víctimas de conflictos bélicos o acontecimientos similares. La empatía hace el resto.

La virtud de borrar el pasado

No obstante, esta “alteración” puede ser usada con fines médicos. La Realidad Virtual ha sido aplicada para tratar trastornos como estrés postraumático en veteranos de guerra, presentando funciones “curativas”.

Como hemos dicho, refuerza la empatía mediante la creación de avatares, puede ayudar a combatir traumas y fobias de la infancia, incluso ha demostrado reducir de manera significativa los síntomas en una depresión o ansiedad. La RV no es nueva, desde luego, pero sus posibilidades son algo que han empezado a explorarse hace muy poco. Sabemos por qué nos marea y cómo combatirlo. Sabemos de sus posibilidades son enormes y pueden transformar el ocio tal y como lo conocemos.

Hace algún tiempo nos preguntábamos cuándo sería más real que nuestra propia realidad. Tal vez la pregunta estaba mal formulada: ¿por qué debería parecerse lo simulado a lo real? ¿Para acabar sustituyéndolo?

El futuro no tiene por qué ser caro

Esto es algo que se dice con frecuencia: para usar la RV necesitas un ordenador de gama alta. Pero cada vez surgen más modelos por mejores precios.

Con una estética similar a la diadema de Robocop, Lenovo presentó en el pasado CES 2017 el ejemplo idóneo: unas gafas ligeras, sencillas de usar, con un procesador multinúcleo y un display compuesto por dos lentes OLED con resolución 1440×1440, resultando en 2880×1440 (QHD) una vez combinadas. Y con la firme promesa de estar en una franja de precios un 50% por debajo de los actuales modelos profesionales.

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