La vida a dos velocidades o acabar viendo Juego de Tronos a otro ritmo

Nadie mejor que James Dean para declarar y hacer realidad el dicho de “vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”. Una expresión, la de vivir deprisa, que muchos creen que se ha acentuado con el auge de las nuevas tecnologías en general, y de las redes sociales en particular pero que también ha impulsado el efecto contrario, el de tirar de freno de mano y tomarse las cosas más pausadamente.

Puede decirse que la mayoría de nosotros vive con la presión de la velocidad: hay que trabajar rápidamente, jugar rápidamente, amar rápidamente… y, si es posible, en modo multitarea (¿acaso no puedes disfrutar trabajando?).

Esa “presión” por el tiempo nos hace tener prisa siempre que estamos al volante y cambiarnos de carril para ir por el rápido. La comida es de tipo fast food. Y, para no perder el tiempo escribiendo un mensaje de whatsapp, lo grabamos en modo audio.

El conocido como FOMO


Vivir la vida tan deprisa puede hacer que pase por nosotros sin que la saboreemos. Y que incluso acabe teniendo consecuencias negativas para nuestra salud.

Es lo que se conoce como FOMO (Fear of Missing out), el acrónimo al temor a perderse algo, que fue añadido al Oxford English Dictionary en 2013.

Algunos estudios recientes han demostrado que este síndrome está relacionado muy a menudo con sentimientos de estar desconectado y, por tanto, insatisfecho con la vida social. Y aseguran que las redes sociales alimentan de manera particular esta sensación.

¿Cuántas veces consultas el correo electrónico, Whatsapp, Facebook, Twitter o Instagram para mantenerte al día de las cosas que han publicado tus amigos? No vaya a ser que seas el último en enterarte…

Veo los vídeos a 1,2x para ganar tiempo


El tiempo siempre juega en nuestra contra. ¿Quién no quisiera que el día le diera más de sí para poder hacer más cosas? Por eso, y con el fin de ganar tiempo, hay gente que es capaz de ver los vídeos a 1.2x o incluso a más velocidad.

En YouTube y con programas como VLC, puedes seleccionar la velocidad exacta a la que quieras que se reproduzca un vídeo. La 1x sería la velocidad normal, mientras que a 2x se reproduciría un video dos veces más rápido de lo normal (lo que te ahorraría la mitad del tiempo necesario para verlo).

¿Lo entenderías? Muchos creen que sí, aunque las voces posiblemente te recuerden más a la de los pitufos que a las de las personas. Además, sus defensores también aseguran que no se necesita ninguna práctica para empezar a acostumbrarse y entender los diálogos escuchados a más velocidad de lo normal.

En YouTube puedes encontrar algunas muestras de vídeos con velocidades de reproducción superiores.

Este primer video puedes ver cómo suena y se ve a ritmo normal.

En este, la velocidad se ha acelerado hasta el 1.2x.

Y en este la reproducción está a 2x.

Quienes defienden el visionado de a mayor velocidad de la normal aseguran que cuando la diferencia es pequeña (1.2x) pueden no apreciarse disparidades, pese a que, en realidad, su reproducción es un 20% más rápida. ¿Qué se consigue? Un ahorro de tiempo sin dejar de comprenderlo todo.

Incluso hay gente que se siente más cómoda, pasado el tiempo, viendo los videos a 2x que a velocidad normal.

Estás alterando la obra del autor

¿Te ha convencido? A ciertos usuarios no, quienes reclaman que se acabe con esta moda de escuchar podcasts y ver vídeos de forma acelerado hasta 1.5x.

Es más, consideran que así se está alterando la obra de los autores, tal y como ellos la concibieron, y que estamos dejando de ser capaces de valorar la radio, la película, la música, la televisión, el teatro o la danza como un arte temporal y con su propio ritmo.

De hecho, el ritmo tiene una parte importante en el desarrollo de las tramas, jugando con anticipación, tensión y liberación. Al igual que en una conversación puedes hacer unas pausas a propósito, ¿por qué eliminarlas de un visionado?

Otra razón que se esgrime en contra de esta tendencia es que el mundo que nos rodea sigue moviéndose a 1x. Y, de momento, sigue siendo algo inalterable.

Sin embargo, con tanta velocidad incrustada en nuestro ADN, la desaceleración puede ser un verdadero desafío.

Pisando el freno: el movimiento slow life


Precisamente como contrapunto a todo lo anterior hace tiempo que se viene hablando de lo que se conoce como el Movimiento Slow Life, un término acuñado a nivel mundial y que pretende que seamos capaces de disfrutar más de la vida y hacerlo pausadamente.

Apareció como un esfuerzo para contrarrestar la presión por el tiempo y su máxima es que nos tomemos la cantidad de tiempo adecuada para experimentar las diversas actividades de nuestras vidas.

Los orígenes del movimiento lento están, en realidad, en el Slow Food, que comenzó en 1986 en Italia como una reacción a la “comida rápida” (Fast Food). Carlo Petrini fundó el movimiento Slow Food para promover el uso de alimentos locales frescos, cultivados con técnicas de cultivo sostenibles, preparados con amor y consumidos de manera tranquila en compañía de buenos amigos y familiares.

Posteriormente, se dieron cuenta de que la comida era sólo un aspecto de la vida y que los beneficios de este tipo de estilo se podían extrapolar más allá de la nutrición. Fue así como lo “lento” se convirtió en una filosofía y forma de vida que ahora se aplica a muchas actividades y aspectos de la vida.

No es cuestión de velocidad, sino de sensación


Carl Honoré ha escrito y hablado mucho sobre este movimiento, especialmente en su libro Elogio de la lentitud.

Es importante señalar que el Slow Life no trata de hacer las cosas lentamente, sino de encontrar la velocidad correcta con la cual hacer algo de una manera que prime la calidad sobre la cantidad, los beneficios a largo plazo sobre el corto plazo, y el bienestar de los muchos sobre los pocos.

Aunque, como decimos, a veces se señala a la tecnología como responsable de este estilo de vida acelerado, quienes apuestan por el Slow Life no reniegan de los avances tecnológicos (¿quién se quejaría de aspiradoras, estufas eléctricas, sistemas de agua caliente, inodoros o el fabricante de pan?) pero sí que se plantean si estas tecnologías realmente nos han dado más tiempo para disfrutar de la vida o si, por el contrario, hemos aprovechado este tiempo que nos dejaban libre para estar aún más ocupados.

Su máxima es promover un cambio cultural, que nos haga conectarnos de nuevo con la mayoría de los aspectos de nuestra vida y con el mundo natural y los ritmos que nos rodean.

Cierto es que solo se vive un vez. Te toca decidir a qué ritmo quieres que pase tu vida.

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