Nuestro planeta no parece un queso de Gruyère, a diferencia de la Luna. Bien es cierto que lleva recibiendo todo tipo de impactos desde su formación, pero las cicatrices y marcas no las encontramos a la vuelta de la esquina. Pero eso no significa que no haya muestras impresionantes de la historia de meteoritos que alguna vez golpearon la Tierra.
Hoy vamos a hablar de uno que resulta impresionante y que se encuentra en el norte de Quebec, en una región de tundra aislada de Canadá. El resultado de este impacto en la Tierra, producido aproximadamente hace 1,4 millones de años, ha dejado un lago casi perfectamente circular que parece una piscina natural gigantesca vista desde el cielo.
Así es el lago Pingualuk
La Tierra cambia y sigue haciéndolo. Lo que hoy es una gran cordillera dentro de millones de años puede yacer bajo el mar, y un desierto puede ser una jungla pasados los milenios. Un cráter es el resultado de un impacto, pero si ese impacto se llena de agua, se convierte en un lago gigante, como es el caso.

El lago Pingualuk ocupa el interior del cráter de Pingualuit y nació después de que un meteorito golpeara la Tierra hace alrededor de 1,4 millones de años. Es impresionante por varios motivos, como que su agua tiene una transparencia cristalina casi perfecta y sus bordes forman un círculo muy definido y el paisaje que lo rodea es casi plano.
El cráter de Pingualuit se encuentra en la península de Ungava, al norte de Quebec. Mide alrededor de 3,4 kilómetros de diámetro y está rodeado por un borde elevado que alcanza hasta 160 metros de altura sobre el terreno próximo. En su interior se acumula el lago Pingualuk, que llega a unos 267 metros de profundidad.

Un impacto que evolucionó
La colisión excavó una gran cavidad en el terreno. Mucho tiempo después, cuando retrocedieron los mantos de hielo de la última glaciación, el cráter comenzó a llenarse de agua. El resultado es uno de los lagos de impacto más profundos del planeta y una de las masas de agua dulce más limpias que se conocen.
Aunque las comunidades inuit ya conocían el lugar, el cráter se dio a conocer fuera de la región en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando fue observado por integrantes de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos desde un avión.

Hay vida, pero no mucha
Las condiciones del cráter y del lago son curiosas. Al no tener ríos que entren o salgan de él, hacen que tenga un ecosistema muy particular. No recibe nutrientes, barro o contaminantes arrastrados por grandes ríos. Su agua es pobre en sales y nutrientes y eso hace que la vida sea más complicada, pero no inexistente.
La vida se abre paso en el agua y eso lo sabemos de sobra. Por ese motivo estamos buscando en lunas heladas como Europa posibles señales de vida en el agua. Al margen de ello, en el lago Pingualuk solo vive una especie de pez: la trucha ártica, también conocida como salvelino ártico. Es un pez que recurre al canibalismo ante la falta de alimento variado.
Una de las explicaciones sobre su presencia es que estos peces llegaron tras el retroceso de los glaciares, cuando el nivel del agua era más alto y existieron conexiones temporales con cursos de agua cercanos. Después quedaron atrapados en el cráter, donde han vivido aislados durante miles de años.

¿Te puedes bañar?
Bueno, es una pregunta lógica; yo también me la he hecho. ¿Qué pasa si te bañas en esa especie de cápsula del tiempo? En primer lugar, el agua está muy fría, con temperaturas de cero grados, lo cual supone una hipotermia garantizada. También es complicado salir una vez que se entra porque hay poco donde agarrarse en sus paredes inclinadas.
Además de eso, nos enfrentamos a una multa de las autoridades canadienses que puede llegar a los 25.000 dólares; por tanto, sería el baño breve en un jacuzzi natural más caro de la historia. Visitarlo es posible, pero no sencillo. Está a unos 100 kilómetros al suroeste de Kangiqsujuaq, una comunidad inuit a la que no se llega por carretera desde el sur de Quebec. El acceso depende de vuelos y expediciones organizadas.










