A día de hoy es de lo más normal pedirle a la compañía de telecomunicaciones que te ofrezca una buena oferta de Internet con la instalación de fibra. Ya hemos hablado con anterioridad de que incluso en Europa ya existe una norma de que todas las comunicaciones deben ser mediante este método antes del 2035, pero no dispondríamos de él si no fuera por Charles Kao. Su investigación trajo a la humanidad sistemas que a día de hoy son importantísimos para conseguir la comunicación entre personas y eso se tradujo en la distinción con uno de los galardones más importantes para cualquier persona.
Si bien es cierto que le debemos mucho a personas como Edison o Graham Bell, puede que a partir de ahora Kao esté entre esos nombres por ser considerado el padre de la fibra óptica y las telecomunicaciones modernas. Repasar su historia y su legado es hacer justicia a una de las mentes más privilegiadas y talentos de nuestra historia reciente.
Bien formado y decidido al mundo de la ingeniería
La vida de nuestro protagonista comienza en 1933 en Shanghái, concretamente en la casa de sus padres, donde empezaron sus estudios hasta que pudo ir a la Escuela Internacional de la ciudad, donde su formación fue más allá de los clásicos chinos, sino que aprendió francés e inglés. Con 15 años, su familia se muda a Hong Kong, donde finalmente acaba con toda la educación secundaria y, además, los estudios de ingeniería eléctrica que más tarde le abrirían las puertas a la universidad.
Es aquí donde, ya en 1965, se muda a Londres para hacer su doctorado y al mismo tiempo trabajó en STL o Standard Telecommunication Laboratories. Sin embargo, fue en 1966 cuando Kao hizo un descubrimiento que cambiaría por completo la forma que teníamos las personas para comunicarnos, aunque eso fue con los años venideros, como te vamos a comentar ahora.
El padre de la fibra óptica
Charles Kao es considerado el descubridor de la fibra óptica y sobre todo de las capacidades que ofrece a los usuarios en todos los sentidos. De hecho, sus primeros ensayos tuvieron lugar en 1966, cuando él mismo descubrió que la luz láser podría ser utilizada para transmitir datos a mucha velocidad. Esto resultaba muy novedoso, ya que en esa época las redes de comunicaciones funcionaban por pulsos de luz y eso entonces ya era un avance.
Sin embargo, lo que supuso un punto de inflexión llegaría con uno de los estudios más importantes de su vida y el que le valió la entrada a ser uno de los pocos en tener un premio Nobel (otorgado en 2009). Y es que en el mismo año en el que hablábamos antes, Kao hizo ese descubrimiento con dos cosas: la primera era la realización de un cálculo necesario para transmitir la luz y la segunda fue la puesta en práctica.

Para ello usó fibra de vidrio y con ella logró transmitir señales de luz, multiplicando por cinco la distancia de aquel entonces, que eran 20 kilómetros. Esto solucionó el problema de la pérdida de señal que limitaba el uso de esta tecnología a distancias cortas y, además, demostró la importancia del material a la hora de transferir información, ya que cuanto más puro era, mejor transfería la información y la luz podría llegar más lejos. Esto, sumado a la tecnología láser, planteó la posibilidad de generar fuentes de datos de alta velocidad y reduciendo la pérdida de información.

Una víctima más del alzhéimer
Por este gran avance, Kao es considerado uno de los padres de la tecnología moderna y en especial de los sistemas de comunicación que utilizamos a día de hoy para encontrar datos de todo tipo. Sin embargo, en 2004 fue diagnosticado con Alzheimer, una enfermedad que también padeció su padre, pero fue algo que no le impidió hablar en la recepción de su Nobel en el año 2009. Por desgracia, nueve años después nos dejaría con 84 años y un legado impresionante, conectando a la gente de todo el mundo de una forma que muchos solo soñaron.










