Una de las cosas que han hecho posible vivir la tecnología como la conocemos hoy en día tiene que ver con los procesadores. Estos chips son el corazón de todos los sistemas electrónicos de muchos dispositivos, pero cuando hablamos de ordenadores es imposible no mencionar a Intel como una de las compañías más importantes del segmento y parte de su presencia en el mundo se la debemos a Gordon Moore.
Él fue uno de los creadores de la compañía y podemos decir sin equivocarnos que es una de las más prósperas del mundo de la informática al estar presente en las placas base de muchos de los dispositivos que tienes delante en lo que a ordenadores se refiere.
Todo un doctor en química y física
Gordon Earle Moore nació un 3 de enero de 1929 en San Francisco donde pasó gran parte de su vida. Poco se sabe de su infancia, pero sí que se sabe que a nivel de estudios tenía muy claro que todo iba a estar destinado al mundo de la física y la química. Pero el destino el deparaba otras cosas dedicadas a un campo que en los años venideros iba a estar muy presente como es la tecnología. De hecho, uno de los trabajos donde empezó su carrera fue Caltech desarrollando semiconductores Shockley.

Por aquel entonces eran los años 50 y 60, pero no fue hasta finales de esta última década cuando fundó Intel con otro socio llamado Robert Noyce desempeñando el papel de vicepresidente hasta 1975. En ese año fue ascendido al puesto de mayor responsabilidad de la firma, siendo jefe y presidente. Durante estos años ha visto cómo la compañía ha crecido hasta el punto en que se ha convertido casi hasta el presente.
Y decimos esto porque nos dejó en el año 2023, por lo que ha podido ver el crecimiento de la firma hasta el punto de convertirla en una de las más importantes del siglo XX.
Además de Intel determinó la Ley Moore, que tiene mucho que ver con el mundo de los procesadores
Como te puedes imaginar, en el mundo de la tecnología siempre hay que avanzar. El modelo del año presente debe ser ‘peor’ respecto al que se está desarrollando y eso es algo que tiene que ver con el desarrollo no solo de las características de un dispositivo, sino también con la construcción de estos aparatos. En los procesadores se ve mucho y es algo que Gordon Moore estableció en 1965 con su propia Ley Moore.
Esta norma no es otra cosa que la predicción de que el número de transistores o chips utilizados se duplica cada dos años, lo que supone un aumento exponencial de la potencia de procesamiento que se desarrolla con cada nueva hornada de chips. Esto traer consigo otras consecuencias interesantes como que los costes de producción deberían ser cada vez menores, algo que no afectaría a que el rendimiento de estos chips iba a ser mejor con el paso de los años.

No hay más que ver que la serie de chips de Intel ha mejorado conforme han pasado los años, viendo que la gama Pentium se ha quedado atrás si tenemos en cuenta los Intel Core y la actual gama Core Ultra pensada para el procesado y la inteligencia artificial. La otra predicción que también se ha cumplido tiene que ver con los dispositivos móviles que a día de hoy ocupan una gran parte del mercado y que son cada vez más pequeños.
Los límites siempre estarán en el mismo sitio como es hacer más y más pequeños estos chips así como abordar los problemas de la disipación del calor hasta el punto de reducirla por completo.










