En un mundo tan interconectado como en el que vivimos es imposible no darse cuenta de que cada vez no solo dependemos de la tecnología que tenemos a nuestro alcance, sino también la que lanzamos fuera de la estratosfera. Como sabrás hay multitud de compañías aeronáuticas dispuestas a lanzar al espacio una gran cantidad de satélites y todo con el fin de obtener información de nuestra propia tierra desde una perspectiva mucho más lejana, aunque también se ofrecen servicios mucho más interesantes de los que podríamos disponer como es el caso del internet satelital. Sin embargo, el lanzamiento de estos aparatos podría suponer el día de mañana un gran problema si es que no lo es ya y todo a causa de lo que se conoce como basura espacial.
Los fabricantes encargados de lanzar estos dispositivos son conscientes de que su vida útil depende de múltiples factores mucho más allá de que sean capaces de soportar las acometidas de las tormentas solares o incluso que dejen de funcionar por algún fallo de fabricación. Las presiones también existen y eso hace que el día de mañana esa chatarra espacial acabé cayendo a la tierra y cause algún que otro problema que no tenga solución el día de mañana.
Más probabilidades de que un avión sufra el impacto de un satélite roto
Puede que no lo sepas pero la construcción de un satélite también exige algo más allá que poner todos los elementos electrónicos necesarios para que funcione como una compañía quiere. Ofrecer algún tipo de telecomunicación vía satélite o geolocalizar una buena cantidad de dispositivos en un lugar concreto son algunas de las características para las que se dedican estos aparatos, pero por desgracia no duran para siempre. De hecho, los fallos pueden ocurrir y cuando esto es así, estos pedazos de chatarra solamente tienen un camino: desintegrarse contra la atmósfera.

De hecho este es uno de los motivos por los que recientemente Starlink ha decidido reducir la órbita de sus satélites para no coincidir con el reposicionamiento de otros y así producir fallos en sus servicios, pero puede que después de lo que te vayamos a contar esto sea el menor de los problemas sobre todo para cualquier ser humano. Y es que según un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia Británica y las probabilidades de que esos desechos impacten contra un avión han aumentado.
Concretamente, se habla de que hay un 26% de probabilidades de que en algún momento de este 2026 estos desechos espaciales impacten durante su reentrada contra alguna aeronave que realice un trayecto. En resumidas cuentas estaríamos hablando de que uno de cada cuatro viajes podría tener algún tipo de problema que pusiera en graves aprietos la integridad de un avión con lo que eso supone. Echando la vista atrás otro estudio realizado en 2020 decía que esta misma posibilidad era de 1 entre 1.000, un resultado que suena algo más adelantador, pero que aun así no lo sería tanto teniendo en cuenta la cantidad de vuelos que se realizan de un punto a otro del mapa a lo largo de un año.
¿Hay alguna forma de evitarlo?
Como solemos decir en este tipo de casos estamos hablando de probabilidades y sobre todo de uno de los medios de transporte más seguros que hay en el mundo. Con el paso de los años los fabricantes han tratado de construir aviones mucho más resistentes en lo que fuselaje se refiere y eso por no hablar de que la distancia que recorren estos restos de metales desde su posición hasta la tierra es lo suficientemente grande como para que no lleguen siquiera a tocar una aeronave en ningún caso.
Dicho de otra manera la reentrada a la tierra de estos satélites convertidos en chatarra es lo suficientemente amplia para asegurar que no hay ningún problema a la hora de desintegrarse por completo.
De hecho han sido muy pocos los casos en los que un satélite ha aterrizado contra la corteza terrestre con la mayor parte de su estructura todavía sin desintegrar por lo que a día de hoy no debería suponer un problema grande pero conforme pasen los años y se acumulen estos dispositivos fuera de nuestro planeta habría que plantearse una forma de gestionar estos desechos de manera segura no solamente para la humanidad sino también para el propio planeta.










