una imagen del espacio

¿A qué huele el espacio?

Una curiosa pregunta.

Muchas veces miramos a las estrellas tratando de llevar nuestra vista mucho más allá, pero es el olfato el sentido del que vamos a hablar hoy. El olor del espacio exterior es uno de los misterios más fascinantes de la astronomía moderna y, aunque todo nos llevaría a pensar que el vacío eterno, técnicamente, no tiene aroma porque no hay aire que transportar hasta nuestras fosas nasales, los astronautas sí que hablan de una fragancia muy particular al regresar de sus caminatas espaciales.

Este fenómeno no es una alucinación colectiva, sino un proceso químico real que ha sido objeto de estudio por agencias como la NASA. Para entender a qué huele el cosmos, debemos fijarnos en lo que dicen quienes han estado allí. La mayoría de los astronautas coinciden en una descripción curiosa: el espacio huele a una mezcla de carne quemada, metal caliente y humo de soldadura.

Algunos, como el astronauta de la NASA Don Pettit, han llegado a comparar el aroma con un olor metálico dulce y agradable, similar a los vapores de la soldadura. Desde luego, es una mezcla de olores que no es aleatoria, sino que tiene una ciencia detrás.

Explicación del aroma del espacio

Organizaciones como el Ames Research Center de la NASA han dedicado décadas a estudiar estas partículas, confirmando que el espacio está literalmente lleno de estos compuestos que, en la Tierra, asociamos con el carbón y el hollín.

Astronauta en el espacio
Astronauta en el espacio. / Foto: Pexels.

La explicación científica para este fenómeno tiene que ver con los hidrocarburos aromáticos policíclicos, unas moléculas que se encuentran en abundancia en el universo y se forman durante la muerte de las estrellas o en procesos de combustión estelar. Son rastros que están presentes en todo el sistema solar y, según los expertos, son los responsables de ese particular olor a «barbacoa carbonizada» que impregna los trajes de los astronautas.

Otro factor determinante es el ozono atómico que se adhieren a los trajes de los astronautas cuando salen a dar sus paseos espaciales. Cuando vuelven a la nave y la cabina se presuriza, estos átomos de oxígeno se combinan con el oxígeno molecular para formar ozono , lo que genera ese olor metálico y oxidado tan característico.

Pero esta fragancia no es la única que circula por el espacio exterior. De hecho, Gracias a las sondas espaciales, sabemos que otros cuerpos celestes tienen perfume» mucho menos agradables. Por ejemplo, el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, estudiado por la misión Rosetta de la Agencia Espacial Europea, tiene un olor que recordaría a huevos podridos y orina de gato, debido a la presencia de sulfuro de hidrógeno y amoníaco en su composición.

Por otro lado, la Luna tiene su propio aroma distintivo. Los astronautas del programa Apollo describieron el polvo lunar como algo que huele a pólvora quemada.

Por supuesto, todos estos olores no se perciben de inmediato, sino que los astronautas lo huelen una vez que regresan al módulo lunar y se quitan los cascos, permitiendo que el polvo que ha quedado adherido a sus guantes y botas reaccione con el aire del interior.

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