Fue Carl Sagan quien dijo en cierta ocasión que hemos averiguado que “vivimos en un insignificante planeta, de una triste estrella perdida, en una galaxia metida en una esquina olvidada de un universo en el que hay muchas más galaxias que personas.” Pero a lo largo de los años, hemos aprendido mucho sobre nuestra canica azul.
Sabemos que la Tierra gira alrededor del Sol, pero también gira sobre sí misma, en lo que llamamos movimiento de rotación. Actualmente, este giro se produce a una velocidad lineal de 1.670 kilómetros por hora medidos en el ecuador, la cual va disminuyendo progresivamente conforme nos acercamos a los polos.
Lo que conocemos como un día de 24 horas es precisamente el giro de la Tierra sobre sí misma, que tiene una duración exacta de 23 horas, 56 minutos y 4 segundos. Esta velocidad de rotación afecta a los vientos y a las corrientes marinas. Por ese motivo, cabe preguntarse: ¿Qué pasaría si la Tierra dejase de girar de golpe?
Consecuencias de un frenado en seco de la Tierra
Si hablamos de un frenado de la rotación que afectase a la parte sólida del planeta, el resultado sería catastrófico. La Tierra dejaría de girar, pero todo lo que no esté unido firmemente al suelo conservaría su velocidad.

Aunque parezca que estamos quietos, todos viajamos hacia el este por la rotación terrestre. Como hemos comentado más arriba, en el ecuador la superficie de la Tierra gira a unos 1.670 kilómetros por hora, o unos 465 metros por segundo. La velocidad disminuye al acercarse a los polos, pero también es alta. En España, por ejemplo, ronda los 1.200 o 1.300 kilómetros por hora, según la latitud.
La clave está en nuestra percepción de esa velocidad. Somos constantes a ella porque todo a nuestro alrededor se desplaza a la misma velocidad. Es lo mismo que viajar en avión. La aeronave puede ir a 900 kilómetros por hora y nosotros levantarnos, beber agua y hacer vida normal dentro del avión sin percibir esa enorme velocidad a la que se mueve.
La fuerza de la inercia
El problema aparecería si el suelo se frenara de forma instantánea. Si la superficie terrestre se detuviera de golpe, la atmósfera, el agua y todo lo que estuviera sobre el suelo seguirían moviéndose hacia el este a la velocidad que llevaban antes.

En el ecuador, una persona, un coche, un árbol o un edificio no anclado a la roca intentarían continuar su movimiento a unos 1.670 km/h. Durante ese segundo, podrían avanzar unos 465 metros respecto al suelo recién detenido. Sería comparable a chocar contra una pared a una velocidad enorme.
Habría vientos más rápidos que un huracán
La atmósfera no se detendría junto con la corteza terrestre. El aire seguiría moviéndose hacia el este a una velocidad enorme y chocaría contra el terreno, las montañas, los bosques y las ciudades. En el ecuador, esos vientos podrían superar los 1.600 km/h.
El resultado sería una destrucción global. Árboles, casas, vehículos y objetos no protegidos serían arrastrados. El polvo, los escombros y el agua convertirían la atmósfera en un entorno imposible de respirar durante buena parte de la catástrofe inicial.

Los océanos golpearían los continentes
El agua también conservaría su movimiento. Los mares seguirían desplazándose hacia el este mientras la superficie terrestre ya estaría detenida, provocando olas gigantescas e inundaciones masivas en las costas.
El agua chocaría contra continentes, islas, montañas y fondos marinos, generando un caos de tsunamis y corrientes violentas. Las zonas costeras serían las primeras en quedar devastadas, pero el impacto alcanzaría regiones interiores situadas a baja altitud.
Un día duraría un año
Si el planeta dejara de girar sobre sí mismo, pero siguiera orbitando alrededor del Sol, la Tierra tardaría un año completo en presentar de nuevo la misma cara al Sol. Eso significa que, en gran parte del planeta, habría aproximadamente seis meses seguidos de luz y seis meses de oscuridad.

No sería una Tierra permanentemente dividida entre un lado iluminado y otro oscuro, como ocurre con la Luna. La Tierra seguiría moviéndose alrededor del Sol, por lo que todas las regiones pasarían por periodos larguísimos de luz y sombra. Pero el clima actual desaparecería por completo.
Un planeta prácticamente inhabitable
La humanidad difícilmente sobreviviría al frenazo inicial. Quienes lo hicieran tendrían que enfrentarse después a un mundo con temperaturas extremas, cosechas imposibles, cambios radicales en las lluvias y una geografía completamente distinta.

¿Podría pasar?
La Tierra no va a detenerse así. Su rotación se ralentiza de forma natural, sobre todo por la fricción de las mareas, pero lo hace a un ritmo de milisegundos por siglo. El escenario es físicamente imposible sin una fuerza externa inimaginable. Pero queda claro que la rotación es muy importante porque sostiene el clima, los océanos y el ritmo de vida que conocemos.










