El método de las cabañuelas pertenece a la cultura popular y ha acompañado durante siglos a las comunidades rurales en España y varios países latinoamericanos. Sin embargo, no fue hasta las predicciones del joven meteorólogo Jorge Rey en 2021, con Filomena de fondo, cuando se hizo bastante famoso.
Su objetivo es anticipar cómo evolucionará el tiempo durante el año observando con detenimiento fenómenos naturales y atmosféricos en un periodo muy concreto. Pero, más allá de su cariño como tradición cultural (igual que hasta el 15 de mayo, no te quites el sayo), carece de cualquier respaldo científico. Se mantiene más por nostalgia que por su eficacia real como modelo predictivo.
La clave no está en el frio, sino en el calor
Lo que mucha gente no sabe es que el procedimiento más extendido de las cabañuelas, no fija su atención en los días de invierno, sino en los primeros 24 días de agosto. El sistema, funciona así:
Cada uno de los días del 1 al 12 se asigna a un mes del año siguiente en orden directo:
- El 1 representa enero
- El 2 representa febrero
- El 3 representa marzo
- El 4 representa abril
- El 5 representa mayo
- El 6 representa junio
- El 7 representa julio
- El 8 representa agosto
- El 9 representa septiembre
- El 10 representa octubre
- El 11 representa noviembre
- El 12 representa diciembre

A continuación, del 13 al 24, se repite el mismo proceso, pero a la inversa, como una especie de contraste o vuelta atrás interpretativa.
¿Y que pasa durante estos días? Bueno, el método habla del análisis de un buen número de variables climatológicos como la dirección e intensidad del viento, nubosidad, la cantidad de precipitaciones, la humedad, la temperatura y, lo más llamativo, el comportamiento de animales domésticos o silvestres. Con estas señales, el meteorólogo, elabora un pronóstico general del clima para cada mes del año venidero.
La cuestión es que, como puedes ver, se basa más en la casualidad que en la ciencia pura y dura. El método de las cabañuelas se basa en la experiencia personal, la intuición y la transmisión oral y es difícil entender que como un rebaño de cabras puede anticipar que en enero vaya a nevar. No emplea instrumentos, mediciones estandarizadas ni modelos matemáticos. Vamos, que es como cuando a mi abuela le dolían las rodillas y anticipaba una tormenta (maravillas del pueblo, así era).

Hoy en día, por muy romántico que sea, las cabañuelas no dejan de ser parte del imaginario rural y un reflejo del del ser humano por comprender y anticipar la naturaleza antes de que existieran satélites, superordenadores o estaciones meteorológicas automáticas.
Sin embargo, la meteorología actual, con su amplísima información sobre la física atmosférica, termodinámica, observación satelital y modelos numéricos, descarta por completo cualquier relación entre las condiciones puntuales de unos días de agosto y el clima que aparecerá meses después. De hecho, el método de las cabañuelas ha fallado años después de la borrasca Filomena, pero eso es mucho menos llamativo para los grandes medios.
De hecho, a día de hoy, una predicción fiable rara vez supera los diez días, 14 como mucho. Como para anticipar lo que va a pasar dentro de unos meses.










