Hubo un tiempo, hace no muchos años, en que casi todo el mundo lanzaba pájaros contra cerdos. Esa época fue dominada por los Angry Birds, unos pájaros cabreados que llegaron de la nada y que arrasaron en descargas para móvil. El boom fue tan increíble que sigue retumbando más de 15 años después.
La culpa de ese éxito la tuvo Rovio, un pequeño estudio, desconocido por aquel entonces, pero que dio con la clave de lo que debía ser un juego para móvil en aquel entonces. Los Angry Birds llegaron como un juego fresco, rápido, original y casual. Se podía jugar en cualquier parte y era tremendamente adictivo.
Los difíciles inicios de Rovio
La historia nos sitúa en Finalandia en 2003. En aquel entonces España no había ganado un mundial, Michael Jackson seguía vivo y el mundo vivía un momento geopolítico tenso con el inicio de la guerra de Irak. Fue entonces cuando tres estudiantes de la Universidad Tecnológica de Helsinki ganaron un concurso de desarrollo de juegos para móviles con un proyecto llamado King of the Cabbage World.

Eso les llevó a fundar una pequeña empresa llamada Relude, que más tarde se convirtió en Rovio. Durante años fue un estudio pequeño, sin éxitos reseñables y desarrollando muchos juegos por encargo. 2009 fue un año clave para la empresa. En primer lugar, porque estaban pasando varios apuros económicos con una plantilla reducida y al borde del cierre. Pero antes de terminar el año lanzaron Angry Birds, una de sus últimas bazas, y su vida cambió para siempre.
Y los pájaros comenzaron a volar.
La idea de los Angry Birds fue brillante. Crearon la historia de unos pájaros de diferentes colores y habilidades, enemistados con cerdos de color verde. Los pájaros se lanzan desde un tirachinas para destruir las construcciones de los cerdos donde se esconden. ¿El objetivo? Recuperar los huevos robados por los cerdos.
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El juego comenzó a acumular millones de descargas y el boca a boca hizo el resto. Los Angry Birds eran el juego del momento. Rovio demostró que los móviles jugaban en otra liga. No hacía falta exprimir el hardware del terminal o querer equiparar sus gráficos con los juegos de consola. Una apuesta sencilla y original podía bastar para ser tan adictivo como el que más.
Rovio no se detuvo ahí. Al ver que habían dado con la gallina de los huevos de oro, pusieron toda su maquinaria a trabajar para mantener vivo su interés. De esta forma, en 2010 sale Angry Birds Seasons, como una de las primeras secuelas de éxito. Al año siguiente se lanzó Angry Birds Rio y en 2012 Angry Birds Space. Incluso se atrevieron a apostar por otros géneros como las carreras, aprovechando el tirón y el casim de los pájaros. Esa apuesta fue Angry Birds Go, que gozó de cierto éxito.
Los Angry Birds al cine y la llegada de SEGA
El carisma de los pájaros no pasó desapercibido para la maquinaria de hacer billetes de Hollywood. Y fue precisamente por eso que en 2016 se estrenó la película de los Angry Birds, contando con una secuela en 2019. Pero el gran movimiento llegó en 2023 cuando SEGA compró Rovio.

La compañía japonesa ha usado Rovio y la marca Angry Birds para afianzar su poder y estrategia para móviles. Recordemos que Sonic es una figura clave para Sega, contando con decenas de juegos en móviles, sobre todo los del género “endless run”. La compra se cerró en agosto de 2023 por unos 706 millones de euros.
Lo más reciente sobre este acuerdo es que SEGA ha reconocido que la jugada no les ha salido bien del todo. No obstante, siguen teniendo en la mesa proyectos para que tanto Rovio como los Angry Birds no caigan en el olvido. No obstante, su época de gloria queda ya lejos.











