Una de las cosas sin las que ya no podemos vivir es el teléfono, ya sea fijo o móvil. Llamar a alguien es cuestión de tiempo, apenas estarás unos segundos pendiente del terminal hasta que la otra persona decida cogerlo, pero en ocasiones lo único que puedes esperar es que la otra persona tenga activo el buzón de voz para dejar un mensaje. Para muchos esto es algo necesario en el día a día, pero no lo era tanto hasta que Kazuo Hashimoto lo inventó para el mundo.
En una época en la que no existía la posibilidad de dejar mensajes como lo hacemos ahora por WhatsApp, era imperante que una persona supiera que otra le había llamado o que tenía que acudir a un sitio por la imperante necesidad de su presencia tan rápido como escuchara dicho mensaje.
Una época clave en la comunicación
Hay aparatos y tecnologías que han sido claves para el desarrollo humano a lo largo de su historia y el teléfono es uno de esos. En la época en la que creación nuestro protagonista era como ChatGPT hoy en día, lo más de lo más, algo sin lo que la humanidad no podría haber avanzado tanto. Y es que estamos hablando de 1925, año de nacimiento de Kao Hashimoto y de los años posteriores en los que el país nipón se involucró en la Segunda Guerra Mundial, un momento donde la comunicación era más que capital.

No solo se habían mejorado las telecomunicaciones a causa de las batallas, sino también en los años siguientes por la necesidad de recuperar las relaciones comerciales. En el caso de Hashimoto nos encontramos con uno de esos casos en los que el interés por la tecnología es más que evidente, sobre todo si hablamos de las telecomunicaciones y el teléfono en especial. Lo que más le llamaba la atención era que las llamadas siempre tenían un inicio y un final, pero ¿qué pasaba si alguien llamaba y tenía algo importante que decir a otra persona? ¡Ese mensaje se perdía! ¿y si era importante?… Fue en 1954 cuando empezó a trabajar en un proyecto que sería lo que hoy conocemos como el primer contestador automático que, además, tenía un uso comercial que empezaría en 1958.
Su nombre era Ansa Fone y en aquel entonces solo se conocía en Japón, aunque dos años después llegó a Estados Unidos. Constaba de una caja que se colocaba justo debajo del teléfono y se encargaba de guardar las voces de aquellos que llamaban cuando la otra persona no daba respuesta. No tenía una duración muy amplia, pero en aquel entonces no había tantas llamadas como ahora para registrar tanta información.
1.000 patentes, inventos de gran calado y muy poca fama
Pues sí, puede que pienses al conocer el nombre de este inventor que su nombre debería ser tan conocido casi como el de Thomas Alva Edison, pero la realidad es bien distinta. En el caso de Hashimoto nos encontramos con un fenómeno poco conocido para algo tan grande que, si bien es cierto que muy pocos usan ya el buzón, si que sigue siendo importante para el mundo de la empresa.
Además, el buzón de voz no es lo único que ha aportado al mundo, ya que Kazuo también inventó otros elementos como el fax digital y otras tecnologías que ayudaron a la gestión de transmisión de voz. Y estos son unos pocos de los inventos que ha aportado al mundo al menos a nivel de patentes, algo que le ha dado al menos la posibilidad de ser reconocido como Tesoro Viviente Nacional en Japón y, por si fuera poco, dar a su nombre a un premio y fondo de tecnología que ofrece el Instituto de Tecnología de Nueva Jersey.
Lejos de esto, la vida de Hashimoto ha sido muy tranquila, con el reconocimiento justo y con una vida dedicada a su trabajo que es lo que él quería.










