Hablamos muchas veces de tecnología como todo lo relacionado con los aparatos, los cables y la electricidad, pero en ocasiones nada de esto tiene que ver con los avances que esta nos propone. Esta serie de técnicas se pueden aplicar a un montón de elementos del día a día y en el caso de la defensa nos encontramos con una de las aplicaciones más importantes. Y hoy es el momento en el que tenemos que hablar de una de las personas que más ha aportado a la industria defensiva actual que no es ni más ni menos que Stephanie Kwolek.
Puede que su nombre, como por desgracia ocurre con muchas mujeres en el mundo de la ciencia, no sea muy conocida, pero seguro que si hablamos de Kevlar seguro que suena sobre todo si te dedicas al mundo de la defensa.
Científica de vocación, diseñadora en sueños
Como muchos jóvenes Kwolek pensaba que de mayor sería otra cosa diferente a lo que en un futuro se convertiría. Sus inicios fueron humildes si tenemos en cuenta que nació en el seno de una familia de inmigrantes polacos que llegaron a Estados Unidos en busca de una oportunidad para prosperar. Tuvo una buena educación y, mientras decía que quería ser diseñadora, lo que estaba claro era que tenía un don natural para las ciencias y las matemáticas.
Esta devoción por las llamadas ciencias puras fue lo que el abrió las puertas al Instituto Tecnológico de Carnegie donde se graduó en química en 1946 y posteriormente hizo carrera en una compañía conocida como DuPont aunque también tuvo trabajo en otras empresas donde desarrollo el producto que a día de hoy conocemos como kevlar.
Poliparafenileno tereftalamida
Posiblemente esto podría ser pasado como un insulto de lo raro que es este conjunto de palabras y lo completo que es a nivel químico, pero es el gran aporte que nos dejó Stephanie Kwolek. Esto empezó en la compañía que mencionamos antes donde tenía claro que era un trabajo temporal. Ella quería seguir sus estudios, pero la realidad es que el proyecto que tenía por delante parecía interesante. El objetivo era encontrar una fibra de polímero a base de petróleo que fuera más resistente a la par que ligera, pero había otra cosa que se podía investigar teniendo en cuenta que llegó al puesto en plena Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, fue aquí donde empezó a desarrollar el poliparafenileno tereftalamida o kevlar como se le conoce a día de hoy. La ciencia de polímeros llamó la atención de nuestra protagonista y empezó a investigar en un textil que fuera lo suficientemente ligero para llevarlo puesto. Le apasionó tanto que sus planes de estudiar medicina se vieron truncados,

Su creación no es más que una vida dedicada a la investigación y el desarrollo de un material que ha salvado muchas vidas tanto dentro como fuera del mundo de la guerra, también de la seguridad y por supuesto otros ámbitos donde crear un textil fuerte y ligero es importantísimo. De hecho, a día de hoy hay dos tipos de este elemento como es el Kevlar 29 y el 49. El primero es que se usa en cables y ropa de protección, mientras que el segundo se utiliza en equipamiento de deportes extremos y sobre todo en la industria aeronáutica por su alta resistencia y rigidez. De hecho, e hilando con Motorola, el Droid RAZR de la marca tiene un cuerpo hecho de este material, siendo uno de los más interesantes y exclusivos que puedes tener en tus manos.

Además también creó 28 patentes y entre ellas la Lycra, el Noex y el Kapton, todo ello aportaciones que le permitió obtener la medalla Lavoisier de la empresa por su investigación en 1995, siendo la primera mujer en recibir el galardón. Por desgracia para la comunidad científica, nos dejó en 2014 dejando un legado textil enorme que a día de hoy seguro llevas en tu ropa o incluso hayas tenido en las manos en algún objeto concreto que sea ligero y altamente resistente.











