El descubrimiento de la electricidad es uno de los más importantes para la humanidad. Encontrar una fuente de energía que alimente los circuitos de mecanismos que funcionan sin intervención humana nada más que para encenderlos o apagarlos ha marcado la diferencia en el uso de cientos de millones de aparatos que utilizamos en nuestro día a día pero parte del uso de esa energía tiene que ver con la forma en la que se almacena. Por eso tenemos que agradecer a Gaston Planté la creación de un sistema de almacenaje para dotar de energía a cualquier dispositivo estés donde estés.
Aunque en sus inicios se trataba de un sistema algo tosco, no podemos decir que sus diferentes mejoras han permitido que a día de hoy estés leyendo estas líneas desde un móvil o que se puedan almacenar grandes cantidades de energía para que una casa se mantenga funcionando aunque haya un corte de en el sistema. Sea como sea, su aportación al mundo de la tecnología ha permitido
Cuando la electricidad era una novedad
Nos resulta tan extraño pensar que hubo un momento en el que la electricidad. Es algo tan del día a día que no podemos vivir sin ella, pero en 1834 era todavía un momento en el que era un fenómeno que debía ser estudiado. Aunque no fue hasta 1879 cuando Edison consiguió iluminar una bombilla, ya había otros inventos que la tenían en cuenta como por ejemplo la pila de Volta en el 1800. Y entre medias de estos dos inventos nos encontramos con el nacimiento de Planté, quien tendría mucho que aportar entre estos dos años.

En el 34 fue su nacimiento y desde su juventud ya apuntaba maneras con su gran interés en ciencias exactas. Sobre todo, le fascinaba ese fenómeno conocido como electricidad y sería un objeto de estudio que mas adelante llenaría su investigación de la que hoy podemos gozar toda la humanidad en su totalidad. Llegó a ser profesor en el Conservatorio de Artes y Oficios de París y fue ahí donde creó un proyecto que a día de hoy sigue siendo clave cuando hablamos de la fabricación de baterías.
La primera batería
Como hemos dicho antes, Planté nació en 1834 y no fue hasta la edad de los 27 años cuando empezó a trabajar en un gran proyecto que tendría una importancia capital desde ese momento en adelante. Con los estudios de Volta y la primera pila estuvo trabajando en un sistema capaz de almacenar energía y fue en el año 1859 cuando nos encontramos con el primer acumulador de energía del mundo.
En sus inicios esta un sistema pequeño y que añadía un elemento revolucionador como eran los electrodos de plomo que eran dos planchas enrolladas en espiral con 5 mm de distancia entre una y otra. Al mismo tiempo, estaban sumergidas en ácido sulfúrico, por lo que lo convertían en un elemento difícil de manejar y muy peligroso. A esto se le sumaban dos problemas muy importantes: el primero era que los electrodos eran difíciles de fabricar y, para su desgracia, el sistema de acumulación de electricidad no era muy importante en ese año e hizo que el proyecto, pese a traer muchas mejoras aportando más energía en menos tiempo, quedara en el olvido.
Edison le devolvió la gloria
Para Planté podría haber sido el fin como inventor, pero si que es cierto que también era aficionado a la paleontología y fue lo que le permitió pasar a la posteridad por encontrar en parís los sedimentos de un ave fosilizada que no dudó en nombrar como Gastronis. Pero volviendo a lo que supuso la creación de la batería, fue Edison el que le dio una nueva motivación para retomar este proyecto tecnológico con la intención de usarlo en varios elementos.
Por ejemplo, se utilizó como un sistema que fuera capaz de generar impulsos eléctricos cortos pero fuertes con corrientes de alta tensión de una manera muy primigenia. Pero lo que más nos llama la atención es que nos encontramos con que una de estas baterías sirvió como prototipo de un sistema de alimentación de energía para un motor eléctrico del primer coche eléctrico.











