Astronauta en la luna

¿Qué le ocurre al cuerpo humano si vive un año en el espacio?

Mucho más que flotar.

Vivir un año en el espacio no es lo que nos han enseñado las películas de ciencia ficción. La realidad es que destruye el cuerpo de formas que apenas estamos empezando a entender y a la que todo astronauta debe estar tanto físicamente, como psicológicamente, preparado. No es una aventura bonita de flotar sin gravedad; es una agresión directa a nuestra biología.

No es tan difícil de entender. La realidad es que, fuera de la Tierra, las reglas cambian por completo y el organismo reacciona activando un modo de supervivencia extremo para no colapsar al faltarle todo aquello a lo que está acostumbrado desde su nacimiento. Y no es algo que digamos nosotros, sino que es la conclusión del estudio más famoso al respecto, el NASA Twins Study publicado en la revista Science.

El caso de los hermanos Kelly

Los científicos usaron a los gemelos Scott y Mark Kelly, con una genética casi idéntica para observar como cambia el cuerpo en La Tierra y fura de ella. En este caso, uno pasó casi un año en la Estación Espacial Internacional (Scott ) y el otro se quedó en casa (Mark) para descubrir algo que daba mido: a nivel genético y celular, el cuerpo del gemelo espacial regresó irreconocible.

Lo primero que se destruye es el esqueleto. Sin la gravedad obligándote a mantenerte en pie, los músculos se vuelven inútiles. La NASA comprobó que en solo seis meses pierdes hasta el 20% de la masa muscular si no te machacas a diario. Peor aún son los huesos: se desintegran un 1.5% cada mes. Ese calcio que pierdes va directo a la sangre, multiplicando el riesgo de sufrir piedras en el riñón.

astronauta espacio
Astronauta en el espacio.

El corazón también se vuelve loco. En la Tierra, la sangre baja a las piernas por pura lógica física. En el espacio, los líquidos suben al torso y a la cabeza. La cara se hincha y la presión aplasta el globo ocular. Este efecto, bautizado como SANS, deforma los ojos y provoca una pérdida de visión que muchos astronautas siguen sufriendo años después de aterrizar.

A nivel microscópico la sorpresa fue mayúscula. El envejecimiento de Scott se alargó sobremanera en el espacio. Parecía rejuvenecer. Sin embargo, al pisar la Tierra otra vez, se encogieron de golpe quedando mucho peor que antes de partir. El estrés celular fue devastador y su sistema inmune se quedó en un estado de inflamación crónica, como si arrastrase una infección constante.

Por último está el peligro silencioso de la radiación cósmica a la que se somete el cuerpo. Sin la atmósfera terrestre que nos proteja, las células mutan de forma agresiva. El ADN se rompe, lo que dispara las probabilidades de sufrir cáncer a medio plazo y acelera el envejecimiento de los órganos principales de una forma nunca vista.

Cuando Scott Kelly regresó, la mayoría de sus niveles se estabilizaron con los meses. Pero el daño ya estaba hecho. Un 9% de sus genes se modificaron de forma permanente y nunca volvieron a ser como antes de iniciar su periplo por la Estación Espacial Internacional.

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