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¿Qué pasa con nuestro legado digital cuando morimos?

Muchas sombras y pocas luces

El nacimiento y la muerte son dos hechos inaudibles del ser humano y es que, no hay verdad más cierta que toda persona que nace debe morir. A lo largo de la historia, el deseo de perpetuidad de los Hombres ha sido constante, a través de esculturas, inscripciones, construcciones megalíticas con el objetivo de dejar una huella en la humanidad. Sin embargo, en la actualidad, la situación ha cambiado completamente, ya que nuestro legado perdura de forma indirecta, sobre todo, en las redes sociales y el mundo digital y, por tanto, muchos usuarios se preguntan: ¿qué ocurre con nuestro legado digital una vez que nos morimos? Vamos a analizarlo a continuación.

El legado digital, nuestro after ego

El legado digital es aquel rastro que genera nuestra experiencia en el mundo online, donde queda registrado todos los movimientos que realizamos en el día a día, es decir, el correo electrónico, suscripciones en YouTube, blogs, perfiles en redes sociales como Instagram o LinkedIn, sitios web, cuentas de juegos en línea, y mucho más.

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Cuando fallecemos, este conjunto de datos se mantiene, no desaparece de forma mágica, sino que, persiste y en muchas ocasiones, son los familiares los que tienen que tomar medidas como la eliminación de estos o no hacer nada, cuya consecuencia de esta última decisión es que todos nuestros datos permanecen en el mundo digital con las consecuencias que puede provocar, debido a la mala praxis del ser humano.

Falta de consenso empresarial y gubernamental

Meta, la matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, ha comenzado a abordar este asunto, y, ofrece la opción de convertir el perfil de Facebook en una cuenta conmemorativa, donde los amigos y familiares pueden compartir recuerdos y reflexiones. En cambio, Google, ofrece una opción llamada Gestor de Cuentas Inactivas que permite a los usuarios decidir qué hacer con sus datos después de un período de inactividad. Dos formas completamente diferentes de afrontar que queremos hacer con los datos.

Incluso la falta de consenso se ve patente en dentro de Meta, ya que, los usuarios de Instagram no pueden decidir sobre la eliminación de sus cuentas, donde, la única solución es establecer que una cuenta sea conmemorada a petición de una persona autorizada o miembro de la familia a través de un certificado de defunción, pero nadie podrá administrar sus imágenes, videos o configuraciones de privacidad. En otras palabras, el contenido del usuario es suyo, pero Instagram puede usar los datos en función de sus intereses siempre que se encuentren en su plataforma.

Estas dos interpretaciones completamente diferentes (por no añadir otras como LinkedIn que te eliminan el perfil si aportas un certificado de defunción) sobre qué podemos hacer o no al final de nuestra vida, muestra que no hay una dirección común y que, depende en gran medida de lo que cada empresa considere oportuno.

Fuera del ámbito de Estados Unidos, tenemos la red social TikTok, la cual ofrece varias opciones para gestionar nuestro legado digital. En concreto, nos ofrece opción de enviar una solicitud de supresión de la cuenta a través de un documento indicando el fallecimiento de la persona, aunque también nos ofrece la opción de convertir la cuenta, en un perfil conmemorativo al igual que Alphabet o Meta.

También tenemos que añadir la falta de una legislación clara por parte de los gobiernos y estados, ya que, todavía no se ha abordado el problema que supone la muerte del individuo en el mundo digital, sobre todo, porque si los usuarios no tienen acceso a nuestras cuentas, ¿cómo van a poder eliminar nuestra información?

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¿Qué soluciones hay?

Es fundamental tomar medidas proactivas para controlar nuestro legado digital, ya que, de la misma forma que hacemos un testamento, podemos especificar como queremos que gestionen nuestras cuentas digitales después de la muerte, generando una especie de testamento digital.

Esto permitirá saber con seguridad que pueden hacer con nuestros bienes digitales, proporcionándole acceso y autoridad para manejar nuestras cuentas. Las instituciones gubernamentales tienen que ser conscientes de la importancia que tiene nuestra privacidad, sobre todo, en un mundo donde prácticamente utilizamos internet en todo momento y donde los ciberataques cada vez son más frecuentes, y establecer una serie de normas y regulaciones que sirven como base para todas las redes sociales para que los herederos de las cuentas y el fallecido, pueda tener total autonomía sobre sus datos y ninguna empresa pueda determinar qué hacer con ellos en su beneficio propio. Lo sensato sería que, si el fallecido determina que sus datos se borren, ninguna red social pueda tener acceso a este y por consiguiente, se le entregue a la familia para que los atesore.

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