Las verdades y mentiras de la desintoxicación tecnológica

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¿Estamos realmente enganchados a Internet, el teléfono móvil y las nuevas tecnologías? ¿Puede esta imperiosa necesidad que sentimos de consultar las redes sociales considerarse tan dañina como ciertos estupefacientes? Y, sobre todo, ¿es útil y conveniente que hagamos terapia y nos desconectemos (aunque sea de manera temporal) de la vida digital?

Datos como que la mitad de los adolescentes consideran que sí están enganchados a sus smartphones hacen que cada cierto tiempo se plantee la necesidad y conveniencia (o no) de tener centros especializados en “desintoxicación tecnológica”.

Pero, ¿existe realmente una adicción a la tecnología?

Lo cierto es que aún no hay un criterio unificado. Quienes defienden esta postura aseguran que es uno de los trastornos adictivos más recientes. Para otros, sin embargo, estamos simplemente ante un “uso descontrolado o problemático sin más repercusión que los inconvenientes que puede tener una conducta excesiva”, explica Nacho Alcañiz, psicólogo y miembro del Equipo Terapéutico de Llaurant La Llum, un centro para la deshabituación y la desintoxicación de adicciones, ubicado en Picassent (Valencia).

En cualquier caso, para saber si es una adicción o no debemos examinar los mismos criterios psicológicos que el resto de adicciones: si se cumplen criterios de abstinencia y tolerancia o si el uso descontrolado está afectando a diferentes áreas de la persona: conflictos personales, familiares, profesionales, académicos o económicos.

Y lo cierto es que sí hay personas que responden a este patrón y que han sido tratados en este centro de forma ambulatoria y sin requerir ingreso.

“Me di cuenta de que tenía ansiedad tecnológica”

Quienes padecen esta adicción tecnológica suelen tener síntomas de tolerancia (una persona que cada vez necesite un número mayor de horas de conexión para satisfacer sus necesidades) y de abstinencia (irritabilidad, malestar y ansiedad cuando no puede hacer uso o pasa un tiempo considerable sin conectarse). “La persona queda conectada a Internet durante horas, perdiendo la conciencia del tiempo, sin poder controlar la necesidad de conectarse a la Red. Su uso reduce las actividades sociales, laborales y recreativas”, explican desde Llaurant La Llum.

Puede que, incluso, se produzcan problemas físicos, sociales, ocupacionales o psicológicos como pérdida del sueño, cansancio, irregularidad en la alimentación, dificultades conyugales, negligencia en el quehacer profesional, sentimientos de abandono y de culpa, etc. que son manejados a través de los mecanismos de disociación y negación.

Chema Ballarín, profesional de las tecnologías de la colaboración con más de 15 años de experiencia en el sector, experimientó lo que se conoce como FOMO (Fear Of Missing Out), o el miedo a perderse algo.

“Esa sensación de ‘me estoy perdiendo algo que puede ser potencialmente de interés para mí’ me llevaba abrir compulsivamente el móvil y a tener periodos de concentración cada vez más cortos. Noté que cada vez podía estar menos tiempo haciendo la misma cosa sin volver al móvil o al correo electrónico”, lo que acabó generando la sensación de perder el control.

Eso, unido a un reto personal (“muchas veces perdemos el encanto del momento, de lo que te está pasando en la vida real y en un momento determinado, algo que no se va a repetir, mientras que a una foto de Instagram o un post de Facebook siempre puedes volver”) hizo que este profesional decidiera pasar 10 días sin smartphone ni Internet.

Desconectado por voluntad propia

“Quería demostrarme a mí mismo que podía vivir sin el móvil”, nos explica Ballarín. Para ello, solo tuvo activas las opciones de llamadas de teléfono, SMS y cámara de fotos, avisando de su decisión a la gente más cercana y dejando constancia en sus perfiles en redes sociales (Twitter, Facebook o Whatsapp) del experimento que iba a llevar a cabo durante sus vacaciones estivales.

Así pues, durante esos días, en lugar de consultar el móvil Chema Ballarín sustituyó sus hábitos de dependencia digital por otros: se leyó varios libros de papel, hizo deporte con unos cascos inalámbricos con radio para escuchar música y leía el periódico en papel a diario. “Eso también me sirvió para redescubrir el tema de los medios de comunicación y cómo a veces merece la pena retrasar la inmediatez de una información e incluso pagar por ella si alguien te dé una opinión concienzuda basada en hechos de los que tú no eres consciente”, señala.

Esta desconexión no fue un camino sencillo. “Los primeros dos-tres días me sentí raro. Incluso tenía un poquito de ansiedad y me encontraba a mí mismo yendo a desbloquear el móvil aún sabiendo que no había pasado nada”, confiesa este profesional de las tecnologías, quien considera, pasada la experiencia, que un móvil sin Internet es algo bastante inútil. “Hay muy pocas aplicaciones que se puedan utilizar sin conexión”.

El día después de la “desintoxicación”

Pero, ¿qué pasa una vez superada esa ansiedad inicial? ¿Cuesta mantenerse aislado y desconectado por voluntad propia? “El último día me dio mucha pereza activar otra vez los datos móviles”, asegura Ballarín quien, no obstante, reconoce que los activó al haber superado su reto de 10 días de desconexión.

También hemos querido saber si, tras ese periodo de conexión, puede existir algo parecido al efecto rebote. “Es posible que tras periodos de abstinencia más o menos prolongados, la persona con problemas de adicción presente episodios de abuso prolongado para contrarrestar los efectos del síndrome de abstinencia”, confirma Nacho Alcañiz.

Sin embargo, en el caso del experimento realizado por Chema Ballarín no fue así. Este experto en colaboración asegura que no decidió revisar todo aquello que había pasado en el mundo digital durante sus días de desconexión. “Me di cuenta de que si me había perdido algo no pasaba nada”, defiende. En su opinión, “somos víctimas y verdugos de la cantidad de ruido que hay: cuanto más ruido generes (información, comentarios, actualizaciones, check-ins…), más te vuelve”.

Una experiencia ¿aconsejable?

La pregunta, pues, es si deberíamos, como terapia, evitar el uso de la tecnología a partir de una determinada hora del día o los fines de semana o incluso si es conveniente establecer periodos sin tecnología (fines de semana, vacaciones, etc.).

“Debido a la falta de investigaciones metodológicas, en la actualidad resulta imposible recomendar ningún tratamiento basado en evidencias científicas sobre el uso patológico de Internet”, señala el psicólogo del centro de desintoxicación, quien considera que, al igual que en otros trastornos parecidos como el juego patológico, “aplazar el uso a determinadas horas o situaciones concretas en los problemas de adicción a internet no tiene sentido”.

“Mientras se haga un uso responsable de la tecnología y la persona no presente síntomas problemáticos no es necesario establecer periodos de abstinencia”, defiende este experto en adicciones, quien recomienda, no obstante, tener periodos libres de uso de tecnología durante el día a día (desayunos, comidas, cenas, hacer deberes escolares, etc.) “para fomentar las relaciones familiares y actuar como modelo en la educación de nuestros hijos”.

Sin embargo, quien ha pasado por este experimento sí recomienda esta desconexión temporal. “Es necesario para saber utilizar algo tan adictivo como es el móvil o las aplicaciones móviles. Necesitas saber parar”, defiende Chema Ballarín.

Además, en su opinión todas las aplicaciones móviles están diseñadas para enganchar al usuario.

La vida sin Internet, ¿es vida?

Muchos no entienden la comparación, pero para otros Internet resulta hoy tan vital como la luz o el agua corriente. ¿Podemos vivir sin Internet?

En opinión del psicólogo del centro de desintoxicación, la tecnología está hecha para facilitarnos la vida y presenta muchas más ventajas que la desconexión total a la Red. “El objetivo no es vivir sin estar conectados, sino hacer un uso responsable conociendo toda la información sobre las ventajas y los peligros que presenta Internet”, remarca.

La experiencia le dice a Chema Ballarín que se puede vivir sin estar conectado perfectamente, quien no cree que Internet sea una necesidad vital de supervivencia como puede ser el agua corriente o la sanidad. Sin embargo, “en casos como el mío, donde mi futuro profesional depende de lo informado que puedas estar, y cuyas relaciones personales, al vivir en otro país, también dependen de estar conectado, es evidente que la calidad de vida es muy diferente” cuando se está aislado digitalmente.

No obstante, reconoce que piensa repetir esta experiencia y que cuando se cae el servicio de Internet siente una liberación que antes no experimentaba. “Antes de esta desconexión sentía pánico. Con este experimento, aprendí que lo realmente importante no es el trabajo, sino tu familia y tus amigos más íntimos. He recuperado el valor de una llamada de teléfono. He cambiado mis hábitos y soy mucho más consciente de cuando hago las cosas. Sigo chequeando Instagram, Facebook y demás, pero intento ser consciente de cuando lo hago y para qué desbloqueo el móvil cada vez”, subraya Ballarín.

Si quieres desintoxicarte, prueba con estos consejos

Puedes encontrar varias aplicaciones que te permitirán no tener que estar consultando el correo electrónico o el móvil cada cierto tiempo. Incluso con unos sencillos pasos en la configuración puedes evitar parte de estas notificaciones.

Sin embargo, si la teoría te la sabes y aún con esas desbloqueas la pantalla del móvil sin necesidad, he aquí una serie de consejos para realizar un uso adecuado de las TIC, formulados por Llaurant La Llum:

  • Conectarse a Internet en un espacio común.
  • Conectarse cuando te vaya bien y tengas tiempo libre.
  • No conectarse a Internet siguiendo un horario fijo y variarlo diariamente.
  • Evitar conectarse a Internet cuando tengo tareas pendientes (Domésticas, académicas, laborales, familiares).
  • Evitar usar Internet cuando estés “mal”.
  • Evitar conectarse cuando necesite “desconectar” de los problemas y buscar evadirse de la realidad.
  • Establecer un tiempo límite de conexión a Internet (máximo de 90 a 120 minutos al día).
  • Utilizar algún aparato externo que avise cuando acabe el tiempo programado de conexión a Internet (alarma, reloj…).
  • Bloquear o no utilizar las aplicaciones de Internet de las que abusa y en las que se descontrola.
  • Utilizar Internet cuando tenga un motivo claro (buscar información o contactar con alguien).
  • Evitar relacionarse solo por Internet.
  • Evitar dedicar todo su tiempo libre a usar Internet.
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