El mundo de la biotecnología está dando grandes avances y todo gracias a la gran inversión y entusiasmo que ha levantado esta disciplina en los últimos años. Sin embargo, esto no significa que el mundo de la salud y la tecnología no se hayan encontrado antes y el caso de nuestra persona del día nos lleva nada menos hasta Baltimore, la ciudad natal de Henrietta Lacks.
Al menos como así se la conoce, ya que su nombre en sus inicios fue otro distinto. Nacida en el seno de una familia trabajadora, su aportación al mundo de la ciencia no está relacionado directamente con sus hallazgos, sino con un evento que la puso en el centro de la investigación del momento y que permitió hallar lo que a día de hoy se conoce como células HeLa.
Una mujer común con un diagnóstico de estudio
En este blog estamos acostumbrados a hablar de gente más o menos ilustre, capaz de dar a la humanidad algo importante para su desarrollo. Una app, la investigación de toda una vida o un invento importante del día a día son sus aportes, pero el caso de nuestra protagonista nos dejó un legado importantísimo que tiene que ver directamente con su cuerpo. Más bien con una parte de él.
Pero empecemos desde el principio, con una joven que cultivaba tabaco en Estados Unidos en 1920 y, como curiosidad, este es el nombre que tuvo después de que sus padres le dieran otro distinto (el cual era Loretta Pleasant). Sin embargo, aunque llegó a cumplir nada menos que 31 años, tuvo una vida en la que se casó, tuvo hijos y dio al mundo un descubrimiento sin precedentes que dura hasta nuestros días y que lleva su nombre: las células HeLa.

El motivo de esta muerte prematura la tiene una de las enfermedades más mortíferas de nuestros tiempos como es el cáncer, la cual destaca por la proliferación descontrolada de células en alguna parte del cuerpo humano. En su caso, el 1 de febrero de 1951 fue al hospital John Hopkins debido a un sangrado poco común entre menstruaciones y un dolor abdominal. Todo apuntaba a un tumor, pero la realidad es que los médicos que la examinaron se encontraron con un bulto que no respondía a las características de un cáncer (algo que el provocaría la muerte años después).
George Grey, él cultivó las células infinitas
Como hemos dicho, Lacks aportó la parte biológica de la historia puesto que sus células eran dignas de estudio. De hecho, fue el doctor George Grey quien se encargó de su estudio. Él tenía la obsesión de librar al mundo del cáncer y llevaba 30 años cultivando estas células malignas en laboratorio con resultados inconcluyentes. Sin embargo, cuando estudió las células de aquel tumor había encontrado un hecho sin precedentes: las células de Henrietta Lacks podían cultivarse en laboratorio y lo mejor es que era posible hacerlo de manera indefinida.
Y no es una exageración, ya que en 24 horas eran capaces de reproducir toda una generación y han sido reproducidas durante años.
Su aportación ha sido capital en muchas investigaciones
Aunque el nombre de Henrietta fue olvidado durante años, sus células se han mantenido muy presentes. Tanto es así que han dado a los investigadores la capacidad de estudiar todo tipo de dolencias que de otra forma no hubiera sido posible examinar en un entorno controlado y con células humanas. El ejemplo más claro ha sido la del estudio de la vacuna del polio, el estudio del cancer y sus tratamientos.
También se han usado en otros campos científicos como por ejemplo para entender el impacto de los rayos X en las células y comprender cómo funciona la radiación en los seres vivos o incluso en farmacología para comprobar la toxicidad de algunos fármacos. También se llevaron al espacio para comprobar cómo podían funcionar en condiciones de gravedad 0 e incluso en el ámbito de la cosmética, por lo que podemos decir sin miedo a equivocarnos que el legado de Henrietta Lacks ha sido uno de los más importantes de la ciencia y la investigación.










