La delgada línea que puede separar el cotilleo del acoso

Los anglosajones son muy dados, sobre todo con el auge de las nuevas tecnologías, a inventar palabras para denominar nuevos usos y costumbres. Y los hispanos solemos adaptar y castellanizar estas palabras, aún cuando ya tenemos su traducción.

Ahora se debate la línea que separa el gossip (cotilleo) del stalker (acosador). Y es que entre la exhibición pública de muchos usuarios, la obsesión que algunos demuestran por sus ídolos y el acceso a una mayor información están haciendo que la línea que separa el cotilleo de la obsesión y el acoso empiece, en ciertos casos, a difuminarse.

Stalkeando, que es gerundio

Por eso, ya se está empleando “stalkear” como sinónimo de cotillear lo que hacen otras personas en redes sociales. Este comportamiento implica observar el perfil, publicaciones y fotos de una o varias personas en particular pero tanto de un modo obsesivo como simplemente por hobby.

Pero no solo entre personas adultas. También el control parental puede llegar a ser demasiado excesivo y abrir las puertas a otros usos. Por ejemplo, KidGuard. Es una aplicación que se promociona como una herramienta para controlar a los niños. Pero también promovió su vigilancia para otros fines y publicó publicaciones en blogs con titulares como “Cómo leer textos borrados en el teléfono de su amante”.

Hay otras aplicaciones que ya llevan sus opciones de espía en su propio nombre, como mSpy o Spyzie.

Además, en los últimos años se han multiplicado estas herramientas digitales que recopilan, en muchos casos, datos de teléfonos para rastrear niños, amigos o teléfonos perdidos. Algo que está abriendo la puerta a otros usos para rastrear a otros sin consentimiento.

Dónde está mi móvil… o tú

Las opciones son variadas: desde el seguimiento de la ubicación básica hasta la recolección de textos e incluso grabación de videos en secreto, según un nuevo estudio académico. Muchos de ellos se venden como herramientas de vigilancia, aunque para funcionar se requiere acceso a los teléfonos de las víctimas o el conocimiento de sus contraseñas.

Este seguimiento puede constituir una intromisión a la intimidad y al honor, así como al derecho a las comunicaciones privadas, por lo que puede llegar a ser delito.

Sin embargo, no hay muchas estadísticas sobre el acoso electrónico, ya que las víctimas pueden no saber que están siendo observadas, o pueden no denunciarlo. Incluso aunque tengan la sospecha, este software puede estar oculto y, por tanto, dificultar la confirmación de su presencia.

Encontrar información sobre otras personas es cada vez más fácil. Y por eso también tenemos más sencillo el poder indagar sobre la vida de los demás. Pero no es lo mismo mirar que cotillear. O que obsesionarse con lo que hace o deja de hacer otra persona.

Quién ha visto tus publicaciones

Pero lo cierto es que, en el fondo, a muchos usuarios les gusta que otros le vean. Por eso también tienen tanto éxito las prestaciones y opciones que permiten saber quiénes han visto tus actualizaciones.

Por ejemplo, en Instagram no sabemos realmente quién ha visto nuestras publicaciones, salvo que lo hagamos como Storie. Ahí sí recibimos una lista de las personas que han visto esas historias que desaparecen a las 24 horas. E incluso si hemos puesto una encuesta, quiénes han votado y qué.

Por eso también proliferan aplicaciones, muchas veces poco fiables, que prometen que el usuario podrá saber quién ha visto su perfil en determinadas redes sociales.

Curiosamente, LinkedIn, la red profesional, es posiblemente la más generosa para aquellos cotillas. ‘Quién ha visto tu perfil’ es una de sus funciones principales. Tanto que incluso envía notificaciones cada vez que otro usuario visita tu perfil… y viceversa.

Doctor, ¿debo preocuparme?

Pero, como decimos, ¿dónde debemos situar la línea de separación entre la sana curiosidad y la obsesión?

Hay un libro, A Practical Guide To Coping With Cyber-stalking, que intenta precisamente dar respuesta a este dilema. Sin llegar al ciber acoso, esta guía asegura que mirar lo que la gente está haciendo en Internet se convierte en acoso cibernético cuando haces un contacto continuo y persistente no deseado con una persona a la que este comportamiento le causa temor y angustia.

Su autora también considera que las personas que tienen una adicción a Internet corren un riesgo particular, ya que pueden “perder el contacto con el mundo real y les resulta más difícil formar relaciones, lo que significa que se invierte más en las relaciones online y puede obsesionarse con ellas”.