Un paso más hacia la ciencia abierta: las universidades suecas pasan de Elsevier (y no son las únicas)

Las universidades europeas y las editoriales científicas están en guerra. La afirmación quizá sea exagerada, pero en los últimos años el conflicto alrededor del acceso abierto a las publicaciones se ha ido recrudeciendo. Los Países Bajos encendieron la mecha. Este año se han sumado universidades de Alemania o Francia, entre otras. El último caso ha sido en Suecia. La posición en defensa del acceso abierto gana fuerza y podría marcar un antes y un después en el sistema de diseminación de los artículos científicos. Y para construir una ciencia abierta.

¿Qué es el acceso abierto?

Las investigaciones científicas no son distintas de otro tipo de publicaciones. Sí, pasan una serie de procesos de control y revisión específicos, pero necesitan un soporte en el que publicarse. Los papers se publican en journals. Y estas revistas han estado, a lo largo de la historia, en manos de grupos editoriales. Cada editorial ponía después sus requisitos para acceder a dicha información. A grandes rasgos, hoy, los propios investigadores y las universidades tienen que pagar importantes sumas de dinero para acceder a lo que han publicado sus colegas.

Aquí entra en juego el acceso abierto. “Puede ser definido como la práctica de proporcionar acceso gratuito en línea a la información científica digital”, explican desde la red de bibliotecas y archivos del CSIC. El open access, en su máxima expresión, implica la disponibilidad libre en Internet de la literatura de carácter académico o científico. Así, cualquier usuario podría leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, buscar o referenciar el texto completo de los documentos.

acceso abierto a la ciencia

En la práctica, muchas universidades confían las tareas de publicación en abierto a otras plataformas y editoriales. Es decir, pagan también para que sus artículos sean publicados y accesibles para todos. Otras universidades apuestan por crear un repositorio de acceso abierto. En este caso, además de la publicación de sus artículos en las revistas científicas, los autores pueden depositarlos en repositorios institucionales.

El acceso abierto es también una de las patas del movimiento de ciencia abierta. Un movimiento que, como definen desde la Universidad de Barcelona, “quiere adecuar la práctica y la comunicación científica a las posibilidades tecnológicas actuales, quiere rediseñar la manera de hacer ciencia para reedificarla con las herramientas de hoy”. Este modelo de hacer ciencia se basa en datos abiertos, códigos abiertos, publicaciones abiertas y revisiones abiertas.

El conflicto con las editoriales

Más de 383 millones de euros al año. Eso es lo que se gastan las principales universidades europeas a través de 82 contratos con grandes editoriales. Así lo refleja el último informe de la asociación de universidades europeas (UEA), The First Mapping of Major Scientific Publishing Contracts in Europe. La cifra es, según la asociación, bastante conservadora ya que es complicado acceder a los datos de todos los contratos. El 65% de estos 82 grandes contratos son con Elsevier, editorial detrás de publicaciones de referencia como Cell o la plataforma electrónica ScienceDirect.

acceso abierto y editoriales

En 2014, el VSNU, un consorcio de universidades de los Países Bajos, logró negociar el primer acuerdo un acuerdo de suscripción a las revistas no exclusivo. Es decir, que se reservaba el derecho de que los investigadores también publicasen en abierto sus estudios. Poco a poco, otras universidades y asociaciones fueron sumándose al movimiento.

Ahora mismo, según publica Nature, existen cuatro conflictos abiertos en Europa. Un grupo de científicos alemanas asociados bajo el nombre de Projekt DEAL han roto sus acuerdos previos con Elsevier. El VSNU holandés no ha renovado su acuerdo con la Royal Society of Chemistry Publishing. Couperin, en Francia, ha roto las negociaciones con Springer Nature. Y el consorcio sueco Bibsam, que negocia las publicaciones electrónicas de todas las investigaciones públicas del país, tampoco ha renovado con Elsevier.

Desde el 30 de junio de este año, ninguna institución investigadora o biblioteca sueca tiene contrato con Elsevier. El caso de Bibsam ilustra que las universidades se han hecho fuertes a la hora de oponerse a los precios de las editoriales. Y que el movimiento y las políticas de ciencia abierta han crecido en los últimos años.

¿Un futuro de ciencia abierta?

La decisión del consorcio Bibsam está alineada con los objetivos marcados por el gobierno sueco. A partir de 2026, todas las investigaciones que se publiquen deberán estar disponibles, de forma inmediata, de forma gratuita. Un modelo que muchas grandes editoriales se niegan a aceptar. Por otro lado, a la hora de tomar la decisión, ha pesado el aumento de los precios, que desde Bibsam consideran insostenible.

“Las explicaciones dadas por el consorcio sueco Bibsam muestran claramente lo que pasa. Bibsam paga unos 12 millones de euros a Elsevier para que los miembros de las organizaciones consorciadas puedan leer las revistas de esta editorial, pero la presión por publicar en abierto ha hecho que los autores de estas mismas organizaciones paguen para que sus artículos estén en abierto en revistas unos 1,3 millones”, señala Lluís Anglada, director del área de ciencia abierta del Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya.

acceso abierto al conocimiento

A pesar de lo complicado de las negociaciones, muchos esfuerzos parecen dirigirse hacia un futuro en que el acceso abierto sea lo habitual. De hecho, la Comisión Europea ha establecido que todos los proyectos de investigación financiados por el programa Horizonte 2020 deben publicar sus resultados de forma gratuita.

Mientras la Unión Europea parece posicionarse ligeramente, algunas instituciones nacionales han tomado la iniciativa. Así, el informe de la asociación de universidades europeas (UEA) concluye con una reflexión. Se pregunta “si las negociaciones futuras deberían continuarse a nivel nacional o si un enfoque internacional podría conducir a un sistema de publicación académica más abierto en Europa que sea más eficiente, justo, transparente y sostenible”.

Imágenes | UEA, Pexels