Música a ritmo de tecnología: así suena la cultura maker

La cultura maker promueve la idea de que todo el mundo puede hacer lo que se proponga. O, al menos, intentarlo. Sin necesidad de acudir a un especialista, hacer un gran gasto o convertirse en un experto. Todo a base de dejar volar la imaginación, probar y cometer errores para, poco a poco, aprender. Esta filosofía se ha extendido a una de las artes que más se prestan a la improvisación: la música.

En los últimos años, muchos han dejado de lado los instrumentos tradicionales para crear los suyos propios. Los materiales y las formas son tan variados como originales: juguetes, comida, dispositivos tecnológicos o incluso objetos recién sacados de la basura. De hecho, algunos consiguen hacer música con prácticamente cualquier elemento que caiga en sus manos.

Andrew Huang, un luthier a base de piezas de Lego

Andrew Huang es un artista y youtuber dispuesto a convertir en música todo lo que toca. Ha creado más de 2.000 temas de todo tipo de géneros y dedica buena parte de sus vídeos a la educación musical. También revisa equipos y explica sus proyectos a sus seguidores. Que, por cierto, son casi un millón y medio de personas solo en Youtube.

Uno de sus trabajos consiste en la creación de una melodía de música clásica a partir de la representación gráfica de un unicornio. Consiguió interpretar ‘99 red balloons’ con precisamente eso, globos rojos con los que imita los sonidos del bajo, la batería y otros instrumentos. Ha hecho música con sonidos de cuervos, con artículos para el afeitado y con pizzas (sí, también con pizzas).

Cuando el famoso luthier Jay Jillard le envió una guitarra construida con piezas de LEGO, el youtuber se lanzó a la construcción de otros instrumentos de su propia creación. En concreto, un bombo, un tambor y una maraca

Pero las posibilidades no acaban ahí. Junto al equipo de REBRICKULOUS y con otros muchos instrumentos improvisados (incluido un piano hecho con piezas de LEGO), el youtuber creó otro tema bastante más completo. Demostrando que, gracias a la tecnología, la combinación de música y cultura maker parece no tener límites.

Una bicicleta musical

“Cuando era pequeño solía ponerle cartón a mi bicicleta para escuchar el sonido de los radios”, explica Johnny Random, un compositor californiano especializado en música concreta. “¿Pensaba: y si pudiese usar estos radios para crear una melodía?”. Y esto fue precisamente lo que hizo, aunque no solamente con los radios. Johnny Random (cuyo verdadero nombre es Flip Barber) convirtió cada parte de su bicicleta en instrumentos.

Para entender mejor la música de Random tenemos que retroceder hasta la Francia de la primera mitad del S.XX. La música concreta nacía como un género que consiste en componer a partir de sonidos grabados que se manipulan posteriormente. “Con mi música quiero cambiar la forma en la que la gente percibe su entorno”, cuenta Random. “Espero que les inspire a ver objetos comunes con más curiosidad”.

Reciclaje y ritmos afropop

Una de las (muchas) sorpresas de la última edición del SONAR fue la música de KOKOKO!. Y no solo por el sonido de sus temas, sino por el mensaje que llevan detrás. KOKOKO! es un grupo de música electrónica de la República Democrática del Congo que fabrica sus propios instrumentos con objetos que recogidos de la basura.

Con sus canciones quieren hacer muchas cosas. Reflejar el sonido de la ciudad, denunciar la degradación de la calidad de vida en su país y representar el caos. Sus instrumentos van de una máquina de escribir unida a una pandereta a latas, piezas de talleres o tambores de lavadoras. “Hacemos música electrónica pero no tenemos aparatos electrónicos para crear el sonido, así que cogemos lo que necesitamos de la calle. La supervivencia alimenta la creatividad”, explican. Han grabado varios discos de la mano del productor francés Debruit.

Playtrónica: tecnología, música y cultura maker

Playtronica es muchas cosas. Como señalan en su web, es una plataforma que une entretenimiento, educación y arte a través de experiencias musicales. Es un conjunto de herramientas de código abierto para crear sonidos. Y es, también, un universo para explorar para los amantes de la música y la tecnología.

Sus creadores experimentan para improvisar obras musicales. Un ejemplo es su homenaje a John Coltrane con una plataforma interactiva en la que el público podía intentar representar sus melodías saltando en el suelo o manteniendo el equilibro sobre una cuerda. En otra ocasión, con su obra Chordophones #1, colocaron cuerdas de metal del techo de un museo en Moscú. Cada una de ellas reconstruía un fragmento de una pieza musical del S.XX. Tocando las partes correctas, se podía tocar toda la pieza original. Tocando otras, era posible cambiar su orden.

Una puerta abierta al DIY

En la misma web de Playtrónica podemos encontrar kits para convertir cualquier objeto (o persona) en un instrumento musical. Para los más experimentados, existen también herramientas como Magenta, el sistema de inteligencia artificial diseñado por Google que ayuda a los compositores a mejorar sus obras. Escucha y propone cambios, variantes y mejoras.

Todo parece indicar que la combinación música, tecnología y movimiento maker no ha hecho más que empezar.  Al fin y al cabo, el funcionamiento de muchos instrumentos musicales es relativamente sencillo: cajas de resonancia, cuerdas que emiten diferentes sonidos según su tamaño o membranas que vibran al ser golpeadas. Si además se añaden las posibilidades de la tecnología y el poder de la imaginación, las posibilidades de los instrumentos DIY parecen infinitas.

Imágenes | iStock/iunewind

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