Quieren ponerte un chip en el cerebro. ¿Te dejas?

¿Y si la solución a algunos de los problemas mentales estuviera en un chip? ¿Y si el binomio cerebro informático y cerebro humano podría dar como resultados avances y mejoras insospechados?

Hablamos de las neuroprótesis, que se pueden definir como interfaces neuronales de salida, que convierten las intenciones del cerebro en acciones externas, o como interfaces neuronales de entrada, que toman información del entorno y la convierten en percepciones (piense en un implante coclear o en un ojo biónico).

Más de 40 años de investigación

La investigación neuropstoética se remonta a 1973, cuando en la Universidad de California el científico informático Jacques Vidal observó modulaciones de señales en el electroencefalograma de un paciente y escribió en Annual Review of Biofísica y Bioingeniería: “¿Pueden estas señales cerebrales eléctricas observables ponerse a trabajar como portadores de información en comunicación hombre-ordenador con el propósito de controlar tales aparatos externos como dispositivos protésicos o naves espaciales?”.

Es cierto que (aún) no tenemos naves espaciales controladas por la mente, pero el control neuronal de un dispositivo protésico para aplicaciones médicas se está convirtiendo en algo común en los laboratorios alrededor del mundo.

Para qué sirven estas prótesis

En su forma más simple, un neuroprotésico es un dispositivo que suplanta o complementa la entrada y/o salida del sistema nervioso.

Durante décadas, los investigadores han observado las neuroprótesis como formas de eludir los déficits neuronales causados ​​por la enfermedad, o incluso para aumentar la función existente para un mejor rendimiento. Pero en la actualidad se están evaluando diferentes tipos de implantes cerebrales quirúrgicos para determinar su capacidad de restaurar algún nivel de función en pacientes con discapacidades sensoriales o motoras severas.

Al conectar un dispositivo externo al sistema nervioso humano, los investigadores han utilizado tradicionalmente una configuración que registra las señales cerebrales del usuario, analiza computacionalmente esas señales para inferir las intenciones del usuario y luego transmite la información a un efector externo que actúa sobre esas intenciones. Las entradas pueden ser el disparo de neuronas individuales en el cerebro, los voltajes acumulados en áreas de la corteza que abarcan millones de neuronas, o los potenciales de acción conducidos por los nervios periféricos en cualquier parte del cuerpo.

En términos de efectores de salida, los investigadores han demostrado que las señales cerebrales o nerviosas pueden usarse para controlar los movimientos del cursor de un ordenador y los brazos robóticos, o permitir la reanimación de las extremidades paralizadas.

¿Pueden tratar y mejorar nuestro cerebro?

La exploración de las posibilidades de estos chips se está llevando también para mejorar la función mental y tratar los trastornos.

Así, por ejemplo, la compañía de neurociencias Kernel quiere “expandir los límites de la inteligencia humana”. Para ello, quiere utilizar neuroprótesis; aumentos cerebrales que pueden mejorar la función mental y tratar trastornos. Pero para ello necesita voluntarios que se dejen colocar un chip en su cerebro.

Todavía no está claro exactamente cómo funcionará este experimento. Se habla mucho sobre las posibilidades de la tecnología, pero, al menos públicamente, la producción de Kernel en este momento es una idea.

“Mi esperanza es que dentro de 15 años podamos construir herramientas suficientemente poderosas para interactuar con nuestros cerebros”, dice Bryan Johnson, fundador de esta empresa. “¿Puedo aumentar mi índice de aprendizaje, el alcance de la imaginación y la capacidad de amar? ¿Puedo entender lo que es vivir en una realidad de 10 dimensiones? ¿Podemos mejorar o curar la enfermedad neurológica y la disfunción?”, se pregunta.

Cuestiones éticas por resolver

Sin embargo, lo cierto es que los desarrollos que se están haciendo en la neuroprótesis están trabajando en procedimientos menos invasivos que el instalar un chip en el cerebro, puesto que esto conlleva una cirugía mayor y de alto riesgo. Por eso, muchos apuestan por sensores inyectables.

Además, quedan grandes cuestiones éticas que considerar sobre el proceso, desde la seguridad hasta la aprensión de tener un chip en la cabeza. Sin embargo, este emprendedor defiende que es una “herramienta necesaria” para la evolución cognitiva, y dice que felizmente estará entre los primeros en probar el aumento.

Eso sí, cabe señalar la financiación en la neurociencia han aumentado en los últimos años, dice, y es probable que continúe haciéndolo. Elon Musk entró en el campo con el lanzamiento de su compañía, Neuralink, a principios de este año, y se espera que el mercado de neuroprótesis mueva 14.600 millones de dólares en 2024.