El oasis milenario que nos habla de tiempos mejores en Marte

Los desiertos de Atacama o Mojave, la región de Río Tinto o los valles secos de McMurdo. En Chile, California, España o la Antártida se encuentran algunos de los entornos terrestres que más se parecen a la superficie de Marte. Todos ellos lugares inhóspitos, con poco espacio para la vida. Pero quizá el pasado marciano esconda un tiempo húmedo, de oasis agradables, de refugios de agua en medio del desierto rojo.

Durante los últimos siete años, el rover Curiosity de la NASA no ha hecho más que pasearse por el cráter Gale. La que es, de momento, la misión de exploración más completa enviada a Marte ha recorrido 22 kilómetros y mandado 650.000 fotografías en alta calidad. Y ha recabado pruebas y datos que confirman que este cráter fue en otros tiempos un lago de agua líquida en la superficie marciana.

restos del lago en el cráter Gale de Marte

Gale y la vida marciana

En septiembre de 1882, el Gran Cometa apareció en el firmamento. Su brillo era tal que podía ser observado durante el día. Hoy sabemos que el C/1882 R1, como se conoce oficialmente, es uno de los Kreutz Sungrazers. Una familia de cuerpos celestes que pasa tan cerca del sol que su brillo está muy por encima del de otros cometas. Pero en 1882 no se conocían tantos detalles. Y la excepcionalidad del cometa impulsó una época de entusiasmo aficionado por la astronomía.

Entre estos entusiastas se encontraba Walter Frederick Gale, un banquero australiano cuyo interés por la astronomía le venía de familia. En 1884 construyó su primer telescopio y ya no abandonó la observación científica del cielo. Descubrió varios cometas y estudió con detalle las superficies de Júpiter, Saturno y, sobre todo, Marte. De hecho, fue un firme defensor de la existencia de vida marciana.

Muchos años después, en 1991, la International Astronomical Union aprobó nombrar uno de los grandes cráteres del planeta rojo en su honor. Los 154 kilómetros de diámetro del cráter Gale cuentan con una montaña en su centro, Aeolis Mons, de más de 5.000 metros de altura. Un entorno en el que, hace unos 3.500 millones de años, durante el pasado húmedo de Marte, existieron lagos de agua salada. Un oasis para una posible vida microbiana.

el lado de agua líquida en Marte

Curiosity y el agua líquida en Marte

El 5 de agosto de 2012, la misión Curiosity aterrizaba en el cráter Gale. Desde entonces, van casi ocho años, no ha abandonado el lugar, aportando las pruebas más detalladas hasta la fecha de cómo es Marte y, sobre todo, cómo fue en el pasado. Los datos que ha enviado el rover de la NASA parecen confirmar que por las paredes del cráter y del Aeolis Mons discurrieron torrentes. Cursos de agua que incluso se habrían precipitado en forma de cataratas sobre los lagos de Gale.

El paisaje de entonces podría ser similar al que hoy encontramos en los altiplanos andinos. Aguas someras de gran salinidad que podrían haber albergado vida. “Entender cómo y cuándo empezó a cambiar el clima del planeta no es más que la pieza del puzle: ¿cuándo y durante cuánto tiempo fue Marte capaz de albergar vida?”, se pregunta William Rapin, director de la investigación y científico del Instituto Tecnológico de California (Caltech), en Estados Unidos.

Por lo general, al menos según lo observado en la Tierra, cuando un lago salado se seca por completo deja montones de cristales de sal pura. Pero el tipo y la disposición de las sales del cráter Gale son diferentes. Según los investigadores, los datos sugieren que cristalizaron en un ambiente húmedo, posiblemente en estanques poco profundos que se evaporaron.

El cambio climático marciano

Las rocas saladas que ha encontrado el Curiosity son una prueba más del cambio que atravesó el clima marciano en el pasado. Un cambio que pudo estar motivado por la desaparición del campo magnético y el barrido paulatino de la atmósfera a manos del viento solar. Poco a poco, Marte pasó de ser un planeta más o menos húmedo al (casi) completo desierto que es en la actualidad, con una atmósfera tenue compuesta en su mayoría por dióxido de carbono.

“A medida que ascendemos el monte Sharp [Aeolis Mons], se aprecia una tendencia de cambio general de un paisaje húmedo a uno más seco”, señala Ashwin Vasavada, del Jet Propulsion Laboratory de la NASA. “Pero no parece que fuese un cambio climático lineal, sino desordenado, alternando periodos secos y húmedos, como indican las capas de sedimento estudiadas por el Curiosity”.

Desde que Walter Frederick Gale observaba el planeta rojo y fantaseaba con la presencia de vida en su superficie, la ciencia ha respondido a muchas preguntas. Hoy sabemos que el planeta fue muy diferente en su pasado y que incluso hoy alberga agua en forma de hielo y, de forma intermitente, líquida. Pero, la gran pregunta, sigue sin respuesta. ¿Pudo albergar o alberga vida nuestro planeta hermano?

Imágenes | NASA 1, NASA 2, NASA 3