La anguila eléctrica podría ser la llave para los ciborgs del mañana

¿Cómo seremos en 2118? Podremos oír colores, tendremos super visión y seremos capaces de consultar el Facebook de nuestros compañeros de trabajo desde nuestros propios ojos. Quizá no haya que esperar tanto. Estas tres cosas ya son, más o menos, posibles gracias a la unión del hombre y la tecnología. Los ciborgs son reales, pero ¿qué pasa cuando se quedan sin pilas? La solución podría estar, una vez más, en el gran laboratorio de la naturaleza.

Más allá de los relámpagos

Hasta donde sabemos, la electricidad siempre ha estado ahí. Los seres humanos solo hemos aprendido a controlarla en el último instante de la historia cósmica, lo que nos ha permitido una revolución sin precedentes. Las diferencias de voltaje entre la tierra y las nubes llevan miles de millones de años generando potentes descargas eléctricas. Y no solo, la evolución también ha permitido a los animales controlar los campos magnéticos y eléctricos con su propio cuerpo.

El bioelectromagnetismo es común a todos los seres vivos. En mayor o menor medida, la electricidad fluye en pequeñas dosis por nuestros cuerpos, transmitiendo señales del cerebro a los músculos o haciéndonos pensar con pequeños chispazos neuronales. Algunos animales, sin embargo, se han convertido en maestros en el manejo de la electricidad, produciendo voltajes muy superiores a los de nuestros enchufes.

En este mundo exclusivo de superanimales voltaicos, la anguila eléctrica destaca por poder generar descargas eléctricas de más de 600 voltios. La ciencia la observa ahora con detenimiento, ya que podría ser clave para los dispositivos tecnológicos integrados en el cuerpo humano, desde marcapasos a nuevos órganos sensoriales.

El poder del temblón

La anguila eléctrica tiene más de eléctrica que de anguila. En realidad, de anguila no tiene nada, pero su forma alargada y su piel le han valido el nombre. Este pez, también conocido como temblón, tiene un órgano eléctrico en la zona craneal que le hace único en el planeta (que sepamos).

La anguila eléctrica es capaz de generar más de 600 voltios / Wikimedia Commons

En su cabeza, la anguila que no es anguila tiene tres pares de órganos eléctricos, formados por miles de células conectadas en serie y capaces de generar electricidad. Un par, conocido como órgano de Sachs, que es capaz de dar descargas de bajo voltaje, funciona como el principal sistema de comunicación de esta especie. Los otros dos, los órganos de Hut, son capaces de generar fuertes descargas y mantenerlas durante cerca de un minuto, friendo, literalmente, a las presas de la anguila.

Es la hora de la biomimética

Desde que el ser humano empezó a inventar, empezó también a copiar. Los últimos 100 años de nuestra historia han sido testigos de la explosión de la biomimética, la observación sistemática de la naturaleza en busca de avances de la evolución que podamos copiar y adaptar a nuestros cuerpos y nuestra tecnología.

Aquí se enmarca un prototipo, descrito en la revista Nature el pasado mes de diciembre, inspirado por el poder de la anguila eléctrica. Se trata de un dispositivo transparente y flexible capaz de generar electricidad para alimentar dispositivos tecnológicos implantados en nuestro cuerpo. Los ciborgs ya nunca se quedarán sin pilas.

De momento, el prototipo funciona con una solución de agua y sal, como los robots de Open Water Power, pero podría llegar a funcionar con los propios fluidos del cuerpo humano. “Nuestro órgano eléctrico artificial tiene muchas características que lo diferencian de las baterías convencionales”, explica Thomas Schroeder, ingeniero químico de la Universidad de Michigan y coautor del estudio. Además de ser flexible y transparente y ser capaz de generar electricidad, “no es tóxico y funciona con fuentes renovables de soluciones electrolíticas”.

Haciendo honor a la biomimética, el equipo de investigadores imitó la anatomía de los órganos de la anguila, logrando generar hasta 110 voltios. Este primer prototipo podría ser utilizado perfectamente para alimentar los dispositivos de baja potencia que ya usamos en la actualidad, como los marcapasos.

Hola, ciborgs

El equipo de Schroeder se muestra confiado en poder aumentar la eficiencia del sistema, reduciendo su resistencia y, por tanto, generando un mayor voltaje. Además, están intentando que, mediante energía metabólica, tal como hacen las anguilas, se puedan mantener las diferentes concentraciones en los geles electrolitos. “Es muy posible que algún día podamos usar este sistema como nuestro propio órgano eléctrico, utilizando los fluidos de nuestro cuerpo”, señala Schroeder.

Neil Harbisson, a la izquierda, es el primer ciborg reconocido por un gobierno / Wikimedia Commons

Más allá de los ciborgs por necesidad, aquellos que cuentan con implantes o prótesis eléctricas por cuestiones médicas, cada vez crece más la comunidad de personas que quieren darle un impulso a la evolución de la mano de la tecnología. Son seres humanos, como los organizados alrededor de Cyborg Nest, que creen que la tecnología debería empezar a darnos nuevos sentidos y capacidades.

Tener retrovisión para ver lo que ocurre detrás de nosotros, ser capaz de oír los colores, como el artista británico Neil Harbisson, saber siempre donde está el norte o escuchar infrasonidos son objetivos factibles. La anguila eléctrica todavía nos lleva siglos evolutivos de ventaja, pero todo podría estar a punto de cambiar para siempre.

Imágenes: Wikimedia Commons, iStock