Back to the 90s? Sí, las ventas de vinilos siguen creciendo

Los discos de vinilo fueron (aparentemente) derrotados en la década de los 90 por los CD, que llegaron pisando fuerte con un sonido más limpio y un formato más cómodo. Salvo unos pocos nostálgicos, la mayoría se rindieron a sus ventajas y abandonaron vinilos y casetes.

Pero aunque parecía condenado a desaparecer, el vinilo ha recuperado fuerza en los últimos años. Ya en 2017 el diario británico Independent lo corroboraba: las ventas de vinilos han alcanzado las cifras de los 80. Y aunque la mayoría tienden a señalar el movimiento hipster como la principal razón de esta tendencia, lo cierto es que detrás del resurgir del vinilo hay mucho más.

Un mercado vintage

Dar con la cifra exacta de la venta de vinilos es complicado, sobre todo porque hay un gran movimiento de ejemplares de segunda mano en webs como Ebay, tiendas de antigüedades o en mercadillos de todo tipo. Más complicado es, todavía, saber cuántos los escuchan. Muchos han desempolvado sus viejos discos, olvidados en trasteros o garajes, para darles una segunda oportunidad.

Muchos discos de vinilos han pasado de generación en generación.  

Sin embargo, sí hay estudios que ponen en cifras la tendencia de ventas de discos nuevos. Según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), en 2017 se vendieron más de 42,3 millones de nuevos discos de vinilo en todo el mundo. Esto supone un 36,6% más que en 2016 y el 12% de la facturación de las tiendas de música a nivel mundial.

Lo cierto es que los vinilos nunca llegaron a desaparecer del todo de las tiendas especializadas. La diferencia está en que ahora vuelven a decorar escaparates y a aparecer en espacios más generalistas. Durante los últimos años han surgido, también, tiendas y sellos musicales especializados en vinilos, como el holandés Music On Vinyl.

¿Qué los hacen diferentes?

En realidad, los vinilos tienen bastantes contras. Ocupan mucho espacio, tienen poca capacidad, son relativamente delicados y no son tan versátiles como las antiguas cintas de casete, que permitían, por ejemplo, grabar nuestras propias recopilaciones. Está, además, el precio: si no son de segunda mano, no suelen ser baratos.

Pero tienen algo que, sobre todo a los más melómanos, compensa todo lo anterior: su sonido. Este se produce cuando la aguja de los reproductores vibra al pasar por los surcos del disco. El movimiento mecánico que genera se convierte en una señal eléctrica que a su vez se convierte en sonido. Este es muy diferente al producido de forma digital: sin ir más lejos, el rozamiento de la aguja al deslizarse por el disco ya emite un ruido que no está presente en un CD.

Llegado este punto, muchos se preguntan: ¿y si el vinilo suena tan bien, por qué cayó en desuso en los 90? Lo cierto es que la tecnología de los reproductores del siglo pasado ha sido mejorada. Hoy, los ruidos de la aguja han sido prácticamente eliminados.

Además, en los últimos años y sobre todo debido al aumento de la venta de vinilos, ha surgido iniciativas para crear discos de alta definición. La startup austríaca Rebeat Innovation, por ejemplo, cuenta con una patente de vinilos creados con mapas topográficos en 3D con mejor calidad y más capacidad. El proyecto, liderado por Günter Loibl, ha conseguido ya más de cinco millones de dólares para su financiación.

Cultura slow

En el debate sobre qué suena mejor, si lo analógico o lo digital, no hay un claro ganador. Como para todo, es cuestión de gustos. Y lo cierto es que la mayoría de la gente que escucha música en discos de vinilos lo hace también en soportes digitales o en plataformas de streaming como Spotify.

Sin embargo, no lo hacen de la misma manera. Para muchos amantes de los vinilos, parte de la experiencia está en los preparativos. En el momento de elegir qué disco escuchar, preparar el reproductor y colocarlo. Se trata de un acto más reflexivo y consciente que el de dar al play a una lista de mp3. Un momento que tiene un punto, además, de nostalgia.

Esta tendencia está muy ligada al movimiento slow, que propone llevar una ritmo más desacelerado y disfrutar de cada momento con calma como contraposición a un estilo de vida en el que todo se hace (y consume) demasiado rápido. De hecho, muchos eligen escuchar un vinilo cuando disponen de, al menos, tiempo para escuchar el disco entero. Sin interrupciones.

El movimiento slow está, en parte, relacionado con la venta de vinilos.

Entra en juego también el coleccionismo. Los vinilos son uno de esos objetos “retro” que, aunque durante una época fueron olvidados, nunca dejaron de llamar nuestra atención. Y seguramente lo harán cada vez más, en un mundo en el que nos sorprende más escuchar el sonido de un disco que gira que poder guardar miles de canciones en un pequeño mp3.

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