Un banquero del siglo XIX, una capilla y el futuro del planeta Tierra

En la finca de veraneo de Manuel Girona, ex alcalde de Barcelona y banquero de mediados del siglo XIX, se levanta la capilla de Torre Girona. En su interior, reposa el supercomputador más potente de España y el número 25 del mundo, el MareNostrum. Su última ampliación de potencia ya juega un papel clave en la investigación sobre cambio climático y el futuro del planeta.

El calentamiento global es una realidad probada científicamente. Para paliar sus efectos, existen dos vertientes de investigación. Una busca proponer medidas para frenar el cambio climático. La otra pretende crear soluciones para que personas, ciudades y países resistan las consecuencias de un cambio que, en mayor o menor medida, es inevitable. Aquí es donde más está aportando la capacidad de cálculo del MareNostrum.

MareNostrum y cambio climático

Un supercerebro europeo (con tecnología Lenovo)

En 1860, el arquitecto Oriol Mestres construyó el recinto de Torre Girona. Jardines románticos y una mansión neoclásica para que veranease Manuel Girona, un importante banquero que una década más tarde acabaría siendo alcalde de Barcelona. En los años 40 del siglo XX se construyó una capilla anexa al edificio principal. Tras varios usos, el recinto acabó siendo la sede del rectorado de la Univeridad Politécnica de Cataluña (UPC). Y la capilla, hogar de uno de los superordenadores más potentes del mundo.

El ranking TOP500 muestra los 500 ordenadores más potentes del planeta. En su última edición, publicada en noviembre de 2018, el MareNostrum aparece en la posición número 25. Es el superordenador más potente de España y el sexto de Europa. Ocupa 170 metros cuadrados y pesa unas 40 toneladas. Su última versión está equipada con 48 racks de cómputo Lenovo SD530 y tiene una capacidad de 13,7 Petaflops (operaciones de coma flotante por segundo). Es decir, es capaz de completar 13.677 billones de operaciones por segundo. 322 veces más que la primera versión del MareNostrum instalada en 2004.

¿Y para qué es necesaria semejante capacidad de cálculo? El Barcelona Supercomputing Center–Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) ha sido empleado en más de 3.000 proyectos científicos de todo el planeta desde su construcción. De la biología a la geología, pasando por el futuro de la inteligencia artificial, el MareNostrum es un punto caliente de la ciencia mundial. Su última gran contribución tiene que ver con la Tierra y nuestra supervivencia como especie.

MareNostrum y cambio climático

El guardián de los datos del clima

Cuanto más estudiamos el clima del planeta, más nos asombra su complejidad. Muchos factores que parecen no tener conexión entre sí están interrelacionados. Al principio aprendimos a predecir el tiempo meteorológico más inmediato gracias a un puñado de datos. Pero para calcular y predecir cómo va a cambiar el clima en el futuro, nos hacen falta muchos más. Asegurar la disponibilidad y fiabilidad de este big data climático es básico para el éxito del proceso de cálculo.

El Copernicus Climate Change Service (C3S) es una de esas instituciones científicas que se encargan de hacer ciencia alrededor del cambio climático. Bajo el paraguas del European Centre for Medium-Range Weather Forecasts (ECMWF) y como parte del World Climate Research Programme (WCRP), esta institución tiene el objetivo de generar información fiable sobre el cambio climático para que la Unión Europea elabore políticas de mitigación y adaptación en consonancia.

La primera gran misión climática del MareNostrum tiene que ver con el C3S. Y es que el pasado mes de octubre el centro de supercomputación fue seleccionado como responsable de la evaluación de la calidad y el suministro de información de garantía de calidad a los usuarios del Almacenamiento de Datos Climáticos del C3S. Nada menos que el mayor repositorio público de datos del clima del mundo.MareNostrum y cambio climático

Predecir el clima como quien predice el tiempo

Cuando los meteorólogos dicen que mañana va a llover en Madrid son pocos los que salen a la calle sin paraguas. Pero predecir el comportamiento del clima a cinco o 10 años vista es bastante más complicado. O era. El poder del análisis de datos masivos ha convertido el sueño de los científicos de datos en realidad.

Un artículo publicado a principios de febrero de este año en Nature muestra las posibilidades reales de hacer predicciones climáticas a partir de observaciones en tiempo real del océano y de la atmósfera e incorporando los efectos de los gases de efecto invernadero emitidos por la actividad humana y efectos naturales como la variabilidad solar. La complejidad hecha datos. Y los datos calculados y convertidos en predicciones comprensibles por el MareNostrum.

“Nuestro artículo lleva a la predicción del clima a corto plazo del estado experimental a la aplicación práctica para los responsables políticos del siglo XXI”, señala Yochanan Kushnir, del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty, en la universidad de Columbia, una de las instituciones participantes en el estudio. El objetivo es poder predecir los cambios climáticos a cinco o diez años en zonas concretas. Para así poder tomar decisiones en consecuencia.

Es decir, a partir de datos actuales, el superordenador de Barcelona calcula el futuro del clima. Si sabemos qué va a pasar, podremos crear soluciones y anticiparnos a los desastres. Una capacidad nada despreciable teniendo en cuenta que parar el ascenso de las temperaturas en el corto plazo parece una tarea imposible. El cambio climático no puede frenarse en seco. Así que mejor estar preparados.

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Imágenes | BSC, Unsplash/Ivars Krutainis, Martin Reisch