¿Merece la pena rootear un smartphone Android?

La respuesta es sencilla: no. No merece la pena hacerle root al teléfono. Pero seguramente querréis saber las razones para que la respuesta sea negativa ¿verdad? Pues vamos a explicar de forma sencilla qué es rootear un móvil y por qué hacerlo (o no hacerlo).

Qué es rootear un móvil Android

Rootear un dispositivo Android, ser “root“, es conseguir permisos de administrador en nuestro smartphone o tablet para poder controlar cualquier aspecto del sistema. Esto nos otorga una libertad absoluta para cambiar lo que queramos en nuestro teléfono, desde el aspecto externo de la interfaz, a cómo se ejecutan los programas, pasando por un largo etcétera.

Pero toda libertad, parafraseando a Spider-Man, conlleva una responsabilidad: al acceder a ajustes muy sensibles del sistema podemos hacer un gran destrozo que resulte en un teléfono muerto o “brickeado” (de brick, ladrillo).

¿Por qué rootear un dispositivo?

Cuando apareció Android, sus dispositivos solían tener unas limitadas capacidades de memoria, sobre todo de memoria RAM que es donde, finalmente, instalamos las aplicaciones y sobre la que “trabaja” el dispositivo. Además encontrábamos limitaciones en gestión de la batería, en potencia, etc. Eso sin contar con los errores o “bugs“. Una comunidad de desarrolladores (los “cocineros“) cogían el sistema operativo original y lo “limpiaban” de errores, limitaciones y funciones superfluas, además de añadir nuevos y vistosos aspectos gráficos.

Sin embargo, actualmente los smartphones Android carecen en su mayoría de estos problemas: o bien poseen suficiente RAM para todos los programas que necesitamos, o bien podemos “migrar” algunos programas a la tarjeta microSD. También se han solucionado la mayoría de los problemas que sufríamos hace años.

 

Ventajas e inconvenientes de rootear

Pero veamos las ventajas e inconvenientes de rootear un smartphone para que podamos decidir por nosotros mismos.

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Ventajas

Liberar memoria RAM

Como hemos dicho, en los orígenes de Android los smartphones tenían 256 MB de RAM (sí, sí, 256 MB), con lo que pronto nuestro teléfono “se llenaba” de aplicaciones. Rooteándolo podemos “engañar” al sistema haciéndole creer que parte de la microSD forma parte de la memoria interna para, así, instalar allí aplicaciones que de otra forma no nos cabrían.

Aprovechar todo el hardware: overclocking

Al rootear el dispositivo, se desbloqueaban opciones ocultas y se podía acceder a todo el hardware para sacarle un mayor partido, sobre todo al procesador y a la batería: más potencia pero, a la vez, menor consumo de energía.

Despreocuparnos por las actualizaciones

Nuestros teléfonos recibirán un número limitado de actualizaciones del sistema operativo. Normalmente no importa mucho pero, a veces, hay programas que utilizamos a menudo (como Facebook por ejemplo) que necesitan la última versión. En esos casos podemos instalar ROMs que podrán darle una segunda vida a nuestro móvil, eliminando muchas opciones para poder conseguir esta actualización deseada.

Personalizando a nuestro gusto (casi)

Si la memoria o la potencia eran las principales razones para rootear, la personalización era la tercera sin duda. Muchas ROMs no solo se quedaban con mejoras de hardware sino también darle un aspecto mucho más moderno y atractivo que va mucho más allá de instalar un nuevo launcher o cambiar los iconos: nuevas pantallas de inicio animadas, control de las apps por gestos, nuevas fuentes de texto… las posibilidades son infinitas, con el único límite de la imaginación del desarrollador.

Activar servicios y funciones bloqueadas

Hace unos años no era nada común hacer tethering, mover las apps a la microSD, o realizar una copia de seguridad total del smartphone. Estas y otras funciones solo estaban al alcance de teléfonos rooteados. Los desarrolladores (o “cocineros” de ROMs) han obligado a los fabricantes a ir implementando estas y otras funciones en los modernos teléfonos.

Inconvenientes

Pero, como hemos dicho, “toquetear” ajustes internos tiene sus riesgos, por supuesto. Veamos los más importantes

Pérdida de la garantía

Si rooteamos el móvil nos saltamos las medidas de seguridad del fabricante, por lo que se desentiende de cualquier avería, tenga origen en el root o no.

Actualizaciones sí, pero manuales

Hemos dicho que las ROMs desarrolladas por los “cocineros” vienen con el S.O. actualizado, pero cada vez que salga una nueva actualización tendremos que volver a instalar de nuevo la versión actualizada de la ROM, porque no se pueden descargar de forma automática.

Rootear no siempre es sencillo

Aunque existen aplicaciones que prácticamente rootean los teléfonos con un solo click, no están disponibles para todos y en algunos casos el proceso es bastante largo y complicado. Además, si nuestro teléfono no es de los más populares la comunidad de desarrolladores será muy pequeña (o inexistente), con lo que no encontraremos ayuda, ni tutoriales ni siquiera ROMs para cambiar. Y, por último, siempre existe el riesgo de “brickear” nuestro teléfono, es decir, que ocurra un error en el proceso de rooteo y que el teléfono quede muerto, sin posibilidad de recuperarlo, dejándonos con un bonito ladrillo.

Conclusión; ¿merece la pena rootear el móvil?

Como decíamos al principio, en nuestra opinión definitivamente no merece la pena. Android es un sistema lo suficientemente estable y maduro para que no nos de mayores problemas ni bugs. Existen muchas opciones de personalización que, sin llegar al nivel que se puede conseguir con una ROM, puede servirnos de sobra. Los modernos smartphones poseen memoria, potencia y batería suficientes como para no tener que andar realizando ajustes internos. Y no olvidemos que rootear, además de hacernos perder la garantía, puede hacernos perder el smartphone para siempre. Son grandes riesgos que no siempre merece la pena correr. Ya no.