Mi hijo tiene menos de 12 años. ¿Debo dejar que juegue a Fortnite?

Hace escasos días saltaba la noticia de que un matrimonio canadiense pretende denunciar a Epic Games y a su videojuego, Fortnite, por ser “adictivo”. La pareja defiende que el juego ha hecho adictos a sus dos hijos de 10 y 15 años y ha llegado a comparar el nivel de enganche que produce Fortnite con el efecto de la cocaína. 

¿Es Fortnite un juego adictivo?

En la demanda, los abogados argumentan que el juego «libera dopamina en el cerebro de los jóvenes vulnerables, que pueden volverse dependiente». ¿Hasta qué punto es esto comparable al efecto de una droga como la cocaína?

Desde Lenovo hemos podido hablar con Boris Rodríguez, psicólogo de la Fundación Recal, una importante clínica de tratamiento de adicciones. Boris Rodríguez nos cuenta que Fortnite no es mucho más adictivo que cualquier otro juego. “Lo que pasa es que tiene más difusión e incentivos para que muchos queden enganchados. La adicción no está en el videojuego, sino en el uso compulsivo del mismo que hace la persona”.

Realmente, cualquier juego tiene la posibilidad de convertirse en adicción para determinadas personas. Digamos que, aquí, Fortnite actuaría como cualquier otra sustancia adictiva; no todos somos propensos a engancharnos. Como nos explica el psicólogo, la adicción no solo depende de la cantidad de horas que se pasa frente a la pantalla, sino también a otros factores como la interacción de factores genéticos y del entorno. 

El por qué de la adicción

Obviamente, si un videojuego engancha es por alguna razón. Fortnite es muy popular entre los jóvenes debido a su mecánica de juego: es muy ágil y divertido, con colores llamativos y personajes caracterizados de formas bizarras. Sin embargo la imagen del juego no es el motivo principal. “Mayormente la adicción se debe al efecto que tiene sobre el sistema de recompensa y el estatus y la interacción de las que provee a muchos usuarios el estar conectado con otros jugadores online”. 

Como todas, esta adicción lleva detrás bastantes problemas. Hace tiempo se conoció el caso de un niño que había gastado 1200 euros en micropagos dentro de Fortnite sin el consentimiento de sus padres. Se han dado otros casos más graves como jóvenes que han llegado a almacenar su orina en botellas con tal de no dejar de jugar o que necesitan empezar a tomar drogas para mantenerse despiertos y poder seguir sus partidas. Así vemos como no solo es afectado el individuo desde el punto de vista físico; también psicológico, laboral, escolar y social, llegando a producir conflictos familiares. 

¿Cómo lo solucionamos?

“Las particularidades evolutivas de la etapa de la niñez y la adolescencia hacen que puedan ser considerados como momentos de alto riesgo para engancharse en comportamientos compulsivos. Tanto la familia como la sociedad debería estar más atenta», explica este experto. Limitar, por ejemplo, el número de horas que el joven pasa frente a la pantalla es un buen comienzo. 

El riesgo de juegos como Fortnite es que se han convertido en una herramienta de interacción social; el chat de voz que incorpora el juego es una manera perfecta de comunicarnos con nuestros compañeros. También se dan muchos casos en los que la persona comienza a jugar para sentirse integrado: cuando todos hacen una cosa y tú no, comienzas a sentirte desconectado del grupo. Así lo revelaba hace unos días un estudio sobre el juego elaborado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universitat de Lleida (UdL). Este estudio también reconocía que el 60% de los niños que juegan lo hacen por debajo de la edad mínima recomendada, que es de 12 años en Europa.

“Hemos tratado con varios casos de adicción a los videojuegos. Las historias coinciden en un comienzo agradable, la falta de límites de las familias, el libre acceso a su uso, la minimización y negación del problema hasta que todo se ha ido de las manos. Nos podemos encontrar con chicos de 28 años que nunca han trabajado o estudiado, que viven en casa de sus padres y que su única ilusión es hacerse ricos cuando se conviertan en “gamers” famosos. En el medio de todo eso, la vida pasa”, nos cuenta Brois Rodríguez.

Los videojuegos no son el problema

Llegados a este punto podemos concluir que no son los videojuegos, sino el uso que hacemos de los mismos, el problema. Hay muchas personas que pueden jugar sin engancharse; está claro que el número de horas que pasas delante de la pantalla influyen, pero también lo hacen nuestros propios factores genéticos y los estímulos de nuestro entorno. 

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