No automatizamos trabajos, automatizamos habilidades

Hacia 1811, un conjunto de tejedores ingleses, preocupados por la mecanización de la industria artesanal, formaron grupos de presión para que no se instalasen telares mecanizados en sus fábricas. Eran los luditas, y luchaban contra la aparente pérdida de empleo que suponían las máquinas.

Hoy en día a fenómenos parecidos los bautizamos como automatización y, como en su momento hace dos siglos, aparecen detractores, a los que llamamos neoluditas. Pero, como ya ocurrió entonces, hoy día no automatizamos trabajos, sino que automatizamos habilidades. Es una diferencia importante de cara a la destrucción y desplazamiento de empleo.

La diferencia entre un trabajo y una habilidad

Que trabajo y habilidad no signifiquen lo mismo no implica que los trabajos estén a salvo, ya que estos se componen de distintas habilidades. Si todas ellas se automatizan, el trabajo como tal desaparece, y mucha gente acabará en la cola del paro.

Alguno de estos trabajos que han desaparecido en el pasado siglo son el nevero, persona que recoge nieve para prensarla y fabricar con ella barras de hielo que vender; el sereno, quien vigilaba las calles de noche y ayudaba a los vecinos a despertar cuando no había despertadores; los operadores telefónicos, que se encargaban de conectar dos personas por teléfono alámbrico.

Hoy día no encontramos útiles estos trabajos, y nadie se preocupa porque ya no existan. Sin embargo, sí nos preocupamos por perder los nuestros, aunque en el futuro probablemente sean igual de ignorados como estos tres. Cada uno de estos trabajos fue reemplazado por distintas invenciones humanas, distintas formas de automatizar habilidades, algunas de ellas otros humanos:

  • Los neveros dejaron de tener trabajo cuando las neveras se convirtieron en frigoríficos con poder refrigerante porque ya no era necesario almacenar nieve.
  • Los serenos duraron algo más, ya que disponían de dos habilidades, y durante un tiempo siguieron vigilando las calles hasta que esta labor cayó en los cuerpos de seguridad.
  • Los operadores telefónicos fueron sustituidos por software y hardware que funcionaba 24/7 y ni se cansaban ni pedía descansos.

Esta última es la naturaleza de la cuarta revolución industrial, según Klaus Schwab, fundador de Foro Económico Mundial, y el motivo por el que han aparecido los neoluditas. Hoy, habilidades consideradas como muy humanas, como hablar o aconsejar a los clientes, están siendo sustituidas, desplazando ligeramente a algunos trabajadores.

El desplazamiento laboral no es lateral, sino vertical, durante un tiempo

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Tomemos dos ejemplos: un vendedor de una tienda física con página web y un conductor de trenes (sirve cualquier vehículo). Ambos están a punto de ser parcialmente automatizados, pero es improbable que pierdan su trabajo en menos de una década. El desplazamiento laboral no es lateral, sino vertical.

Al vendedor parece haberle salido un serio competidor. Los chatbots son programas capaces de pensar y tener conversaciones muy limitadas sobre los productos de una web o los servicios de una empresa que parecen hacer su trabajo. Sin embargo, no automatizan ni de lejos todas las funciones que tiene el personal de tienda, y solo le “sustituye” cuando éste está fuera del trabajo o se encuentra realizando otra tarea. Sigue siendo necesario que alguien se persone en la tienda, organice el inventario, atienda a los clientes físicos, resuelva dudas y lleve la contabilidad, entre muchos otros.

El conductor de trenes es posible que esté algo más preocupado. Si alguien ha estado en una cabina de tren moderna, es increible lo mucho que se ha simplificado. A pesar de que siguen existiendo varios conjuntos de botoneras y que hay una o varias pantallas, el grueso del trabajo recae en una palanca con la que acelerar la marcha o frenar, y el control de esa palanca es una actividad altamente automatizable, como se ha demostrado en numerosas ocasiones. No obstante, esto es fácil de automatizar en sistemas de metro, ferrocarril ligero, o líneas circulares. Para trenes de superficie y larga distancia, coches o barcos, el número de habilidades del conductor es tal que durante un tiempo seguirán estando “al volante”.

Estos y otros puestos no sufren un desplazamiento lateral hasta caer “por el borde” del sistema laboral, sino que el trabajador tiende a apoyarse en la tecnología para relegar algunas de esas habilidades incómodas que uno no suele querer hacer, monótonas y aburridas. Esto es un desplazamiento vertical hacia arriba.

¿Qué se está automatizando? ¿Cuáles son los trabajos del futuro?

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Son precisamente las actividades monótonas las que tienen más fácil la automatización, inclusive aunque sean de mucho nivel intelectual (o potencia de cálculo). Se trata de habilidades que, aunque pueden aportar valor al producto o servicio final, ya no requieren de la presencia de un humano a bordo.

En esta línea, David Thornburg, consultor educacional de relevancia, comentó que «Cualquier profesor que pueda ser reemplazado por un ordenador, merece ser reemplazado por un ordenador» porque si no eres capaz de dar más de lo que da un ordenador, definitivamente ese puesto laboral no es el tuyo.

El estudio de Frey y Osborne El futuro del trabajo, ¿cómo de probable es que nuestro trabajo se automatice? ha sido criticado en tiempo, pero no en resultados. Es improbable que los trabajos se automaticen tan rápido como muestran en su estudio, pero es muy probable que estos trabajos terminen automatizados, debido a que el conjunto de habilidades que requiere son automatizables una a una.

 

Piensa en tu trabajo. ¿En qué consiste? ¿Qué haces a lo largo de tu día? ¿De qué habilidades profesionales dependes? Haz una lista, enuméralas. Es casi seguro que muchas de ellas son automatizables, pero habrá unas cuantas, quizá pocas pero muy valiosas, que siguen necesitando ese plus que le damos los humanos.

Hoy día se estima que las cualidades que no pueden ser automatizadas son la creatividad, la innovación, la creación de ideas, la curiosidad, la flexibilidad, la sensibilidad, la empatía… Hay un buen conjunto de cualidades de las que dependen numerosas habilidades, y esas es improbable que desaparezcan.

 

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