En defensa de las ratas: la peste negra no fue cosa suya

25 millones de muertos en poco más de una década. Mediado el siglo XIV, una plaga desconocida llegada de Oriente asolaba Europa. No diferenciaba reyes de mendigos y se aprovechaba de la falta de higiene y de la ausencia de una ciencia médica que aún tardaría siglos en desarrollarse. La peste bubónica, o peste negra, marcó el destino y la historia de un continente; y, también, de una especie animal: Rattus rattus. Pero, ¿y si todo este tiempo habíamos estado acusando injustamente a la rata doméstica de algo que no hizo?

Medio milenio de muerte negra

La que es una de las mayores pandemias de la historia tuvo su origen en Asia central. Mientras conquistaba Oriente, se extendió también hacia el oeste, probablemente, de la mano del ejército mongol y de las rutas comerciales. El primer brote del que se tiene constancia en Europa Occidental se registró en Mesina, Sicilia, y poco después las principales ciudades comerciales italianas sucumbían ante la peste negra.

El impacto de la enfermedad en Europa durante las décadas de 1340 y 1350 fue altísimo. Las causas de esta peste fueron muchas, todas generadas por la cólera divina motivada por los pecados de la humanidad. O, al menos, eso se decía entonces. Los miasmas (la corrupción del aire provocada por la materia orgánica en descomposición), la conjunción de algunos planetas, los eclipses, el paso de un cometa, erupciones volcánicas… Cualquier vector era bueno para que los dioses castigasen al ser humano.

ratas y peste negra

El triunfo de la muerte / Pieter Brueghel el Viejo

La peste no volvió a atacar con la misma virulencia, pero siguió contagiando y matando hasta el siglo XIX. Y no se consideró oficialmente erradicada hasta 1959. Para entonces, la medicina ya estaba mucho más desarrollada y se sabía que la peste negra era, concretamente, una zoonosis. Una enfermedad causada por una bacteria, Yersinia pestis, transmitida por las picaduras de las pulgas que se habían expandido por el mundo no con los herederos de Gengis Kan ni entre los paños de la Ruta de la Seda, sino a lomos de las ratas.

Manifiesto a favor de la rata doméstica

“La peste cambió el curso de la historia del ser humano, así que tiene gran importancia entender cómo se propagó a tanta velocidad”, dice Katharine Dean, investigadora en el Centro de Síntesis Ecológica y Evolutiva de la Universidad de Oslo. Ella es la primera firmante de un provocativo estudio que se ha publicado en Proceedings of the National Academy of Science; un estudio que exime de responsabilidad a la rata doméstica.

La principal conclusión del artículo es que la bacteria en cuestión se transmitía a través de parásitos, como pulgas o piojos. Pero estos parásitos no atravesaron Eurasia con las ratas, sino con los seres humanos. La teoría llevaba años sobre la mesa, ya que la peste había seguido causando estragos en épocas en las que ratas y humanos ya no convivían tan estrechamente. Ahora, han sido las matemáticas las que la han dotado de argumentos sólidos.

El equipo investigador realizó tres simulaciones de brotes en nueve ciudades europeas en las que se dispone de datos de mortalidad consistentes, explican desde Cordis, el servicio de información de la Unión Europea sobre investigación y desarrollo. En cada una de estas tres simulaciones se consideraron como vectores de la enfermedad las ratas, el aire y las pulgas y los piojos de los humanos. En siete de las nueve ciudades, fue el modelo de los parásitos de los humanos el que se acercó más al patrón de propagación de la enfermedad.

ratas y peste negra

¿Qué nos pasa con las ratas?

Desde que el ser humano se hizo agrícola y sedentario, o puede, incluso, que antes, ratas y ratones lo han acompañado. Inteligentes, hábiles y difíciles de capturar, estos roedores se habituaron a robarnos nuestra comida y escapar airosos. Y con la comida no se juega. Además, ya en tiempos más recientes, han sido señalados como vectores de más de 50 enfermedades (quién sabe si injustamente). Al igual que moscas y mosquitos, no nos gustan; y hemos centrado muchos esfuerzos en erradicarlos, siempre sin mucho éxito.

De hecho, una de las últimas aplicaciones de la tecnología CRISPR, una herramienta de edición genética que está revolucionando la ciencia, se enfoca, precisamente, en acabar con los milenios de resistencia de las ratas. Un equipo de científicos del Instituto Roslin de la Universidad de Edimburgo está investigando con una tecnología que podría curar el cáncer o erradicar la malaria para deshacerse de los molestos roedores. Y eso que ya les hemos perdonado lo de la peste negra.

Mediante el CRISPR, este equipo está investigando la genética dirigida para reducir la fertilidad entre ratas y ratones. Esta técnica, que ya se había probado antes para controlar las poblaciones de mosquitos, se usa para transmitir un rasgo genético concreto de generación en generación. En este caso, se elimina el cromosoma X en el ADN de ratas macho, por lo que se reduce drásticamente la presencia de hembras en unas pocas generaciones. Todo esto, claro, en laboratorio.

De creernos el origen divino y astronómico de la peste hemos pasado a la edición de una cadena genética invisible en poco más de 500 años. La ciencia y la tecnología han cambiado para siempre nuestro mundo y nuestro destino. El de las ratas, sin embargo, parece seguir siendo el mismo.

Imágenes | Pixabay, Wikimedia Commons