Si los humanos nos vamos de la Tierra, ¿esta se curará?

El impacto de la humanidad sobre el medio ambiente es innegable. Incluso los más críticos con el cambio climático comprenden la tala de bosques, la pesca excesiva o el crecimiento del espacio urbanizable que desplaza ecosistemas.

Pero, ¿qué ocurriría si los humanos hacemos ¡Pof! y desaparecemos? O si nos vamos todos a Marte a vivir. ¿Cuánto tardará la naturaleza en reclamar el espacio que le correspondía antes de que llegase nuestra tecnología? ¿Se recuperará el planeta de nosotros?

El agua llegará primero, y le seguirá la vegetación

La mayoría de los sistemas de transporte subterráneos hacen uso de bombas de drenaje o achique porque los túneles se inundan lentamente. Uno de los casos más graves es Nueva York. A las 48 horas de habernos ido del planeta, este metro y otros túneles de la metrópolis quedarían inundados.

Hace miles de millones de años las plantas colonizaron la superficie de la Tierra gracias a su adaptabilidad, y las ciudades sin humanos son perfectas para ellas. Ya ha ocurrido en pueblos y ciudades abandonados, como Pripyat (cerca de Chernóbil).

¿Sabías que debajo de los adoquines de tu ciudad solo hay unos dos metros de tierra prensada? No hay bloques de hormigón, ni vigas, ni otros ingenios humanos. Solo tierra aplastada desde la que pueden crecer semillas enterradas ahí desde hace siglos, si se les da la oportunidad. El césped que crece entre las grietas es un muy buen ejemplo de estas semillas.

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En la actualidad lo que detiene el avance de las plantas son nuestros pasos y los jardineros urbanos. A las pocas semanas veríamos cómo la vegetación empieza a devorar lentamente nuestras calles. Primero el césped, luego los hierbajos, y finalmente arbustos de distintos tamaños a medida que encuentran hueco.

Los animales deteriorarán nuestra tecnología

Es una estimación, pero se cree que cerca de mil millones de pájaros mueren cada año debido a los cables de alta tensión o las luces de los sistemas de telecomunicaciones. Algo parecido ocurre con los insectos que atropellamos. Sin nuestra tecnología (activa) cubriendo el planeta, sobrevivirían. También los murciélagos y otros animales como los conejos.

A estos últimos se les da genial horadar el suelo y oxigenarlo con sus madrigueras, y sin el tráfico de las ciudades estas se encontrarían colonizadas en pocos meses. Millones de conejos y otros roedores pueden hacer mucho daño a estructuras críticas como cimientos o puentes.

El guano (la acumulación masiva de excrementos de aves y murciélagos) tampoco ayuda a que los edificios queden en pie. Las alturas de nuestras ciudades de metal y hormigón serán durante décadas de los animales voladores, que anidarán a salvo en nuestras casas.

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Elementos plásticos como las resinas y pegamentos que sostienen nuestras ventanas perderán consistencia durante la primera década, y las ventanas literalmente se caerán de sus marcos. Esto, y el hecho de que los tejados empiecen a tener grietas, fomentará la entrada de más aves.

Imaginemos el escenario: en las antiguas calles antes cubiertas de asfalto y pavimento ahora hay una gruesa capa de humus y una vegetación relativamente densa que da lugar a charcos, insectos y roedores. Los pájaros se alimentan de todo esto y suben a sus casas a refugiarse, acumulando desechos.

Debido a estos y otros factores, los primeros grandes edificios empezarán a caerse en los primeros 300 años. Los puentes se caerán antes de oxidarse, y las presas de los embalses reventarán por la presión mucho antes, ayudando a limpiar nuestra tecnología.

El avance del desierto, la jungla y los bosques

A pie de calle el fenómeno de la desaparición de nuestros inventos y tecnología resulta interesante, pero más todavía lo es el que ciudades enteras queden barridas del mapa. Por ejemplo, la ciudad de Las Vegas, en mitad del desierto, necesita que retiren la arena a diario. En cinco años quedaría cubierta por ella.

casa enterrada arena sin humanos

Las ciudades y hogares localizados junto a bosques y junglas, así como campos de cultivo cercanos, serían engullidos en cuestión de décadas debido al avance de la naturaleza y a que no hay nadie para retirar los primeros brotes de una jungla. El Amazonas quedaría recuperado en apenas 200 años.

Algo que costará más tiempo borrar será el plástico. Se sabe que en 400 años todo polímero humano basado en el petróleo habrá sido destrozado por la luz ultravioleta del Sol, el salitre, o distintos animales. Pero las cadenas poliméricas seguirán pululando a sus anchas, flotando en el océano.

Tendrán que pasar cientos de miles de años antes de que aparezcan bacterias capaces de biodegradar estos compuestos. Será en ese momento en que las cubiertas de los ordenadores y el exterior de las neveras desaparezca. Su interior, oxidado miles de años atrás, apenas duró unos siglos tras nuestra partida.

El CO2 actual es un peligro, y tardará en desaparecer

Llama mucho la atención que, se haga como se haga el cálculo, el CO2 atmosférico tardará cerca de 100.000 años en volver a niveles previos a la aparición de la época industrializada. Esto es debido a que es un gas de efecto invernadero muy persistente.

Sin embargo, hay noticias buenas para la vida sin nosotros: el plomo depositado en el suelo de la época industrial desaparecerá en 35.000 años; y el cadmio en 75.000. Tras esto, ambos volverán al interior de la corteza, soterrados capa a capa.

Lo que más durará de nuestro legado moderno será el bronce, muy común en las estatuas. Si la vegetación no se las traga, algo bastante probable, durarán 10 millones de años a la intemperie. Luego, serán borradas y no quedarán registros escritos en sus placas.

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Quizá lo que más dure de nuestra especie será precisamente aquello que llegó primero: las grandes construcciones como las pirámides o la muralla China. O al menos algunos restos de ellas. No se sabe cuánto tardará en erosionar la piedra, pero podrían pasar millones de años.

 

Para entonces, si la humanidad se ha ido a Marte o se ha mudado de planeta en naves coloniales, quizá estemos llegando a un nuevo mundo y estemos recibiendo las primeras ondas de radio que salieron de nuestro planeta e indicaban actividad tecnológica avanzada.

Sea como fuere este ejercicio mental, recogido con esmero y datos en El mundo sin nosotros (2007) de Alan Weisman, es interesante para darnos cuenta de cómo hemos modificado la Tierra a nuestro antojo o necesidades, y lo prescindibles que somos en el ecosistema de nuestro planeta. En menos tiempo del que llevamos presentes, desaparecerá todo legado. Toda tecnología.

 

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