¿Tiene sentido enviar personas al espacio?

Los humanos tendemos a “averiarnos” con cierta frecuencia. Microgravedad, comida procesada, entornos cerrados, aire reciclado, radiación ionizante o temperaturas extremas suelen ser el tipo de factores que tienden a enfermarnos. Dado que el espacio los tiene todos, ¿tiene sentido enviar personas al espacio?

Frente a nuestra endeble biología, los robots son durables, no comen y a nadie le importa demasiado si desaparecen. Importancia relativa frente a un fallecimiento, entiéndase. Además, son más baratos. Es por eso que las diferentes agencias espaciales ya casi no envían astronautas al espacio.

Seres de órbita baja

Los humanos tenemos muchos puntos en nuestro favor. Manos prensiles, cerebro desarrollado, la escritura. A menudo se elogia nuestra adaptabilidad a los diferentes entornos de la Tierra. Sin embargo, todos ellos apenas ocupan una delgada franja azulada entre el océano y la atmósfera.

exploracion espacial atmosfera

No podemos respirar dentro del agua, así como tampoco a determinada altura. Si nos alejamos de la gravedad terrestre, nuestros órganos empiezan a fallar. En caso de que aumentemos la dosis de radiación, también. Y lo mismo si se nos encierra en un pequeño espacio durante mucho tiempo.

Hace décadas que los humanos salimos al espacio. Se cumplen 50 años desde que pisamos el regolito selenita. Eugene Cernan y Harrison Schmitt fueron los últimos tipos que pisaron la Luna en diciembre de 1972. Y no hemos vuelto. Sin embargo, sí que hemos enviado sondas.

Los humanos somos costosos

Pese a que empresas como SpaceX están reduciendo dramáticamente los costes de salir al espacio, sigue siendo mucho más asequible mandar una máquina a explorar por nosotros. Para empezar, las máquinas no cobran sueldo ni piden aumentos.

Además, tampoco comen ni requieren complejos sistemas de soporte de vida para mantenerse operativas. Sus condiciones para operar, aunque sin duda existen, son más laxas que las nuestras. Nosotros hemos evolucionado para unas condiciones que no se dan fuera de la Tierra. Y a veces dentro tampoco.

exploracion marte

El rover Opportunity aterrizó en Marte en 2004 y paseó 45,16 km por su superficie hasta 2018. Un humano probablemente habría recorrido más en ese tiempo, pero el equipamiento habría sido prohibitivo. Imaginemos durante un instante el equipo vital para que un humano camine 45 km sobre el planeta rojo.

Los humanos respiramos entre cinco y seis litros de aire por minuto. Incluso a un ritmo ligero de 5 km/h habríamos tardado nueve horas en recorrer esta distancia. Traducido: habríamos necesitado unos 2.700 litros de aire por persona. Y un mínimo de tres a cinco personas.

No se puede enviar a un astronauta solo a un planeta. Los equipos han de ser heterogéneos (geólogos, médicos, ingenieros, etc). Además, todos ellos tienden a comer, hacer la digestión, y generar desechos. Si se estima un promedio de 162 días para llegar a Marte tendríamos que cargar la nave con unos 1.166.400 litros de aire por persona o mejorar notablemente su reciclabilidad.

De la Tierra a la ISS, y vuelta

El cálculo simplificado de arriba, incluso con ciclos de reciclaje muy eficientes, explica por qué llevamos décadas enviando a personas al espacio pero estos terminan quedándose en la Estación Espacial Internacional. Y vuelta.

Ya supone un enorme riesgo enviarles a 400 km de distancia (de Madrid a Badajoz) como para mandarlos a la Luna (384.400 km) o a Marte (225.000.000 km). Sin duda se hará, y de hecho ya hay varios proyectos en mente. Pero no será un éxodo masivo, ni mucho menos.

exploracion espacial equipo

De momento necesitaremos muchas décadas para estudiar cómo afecta la microgravedad en el espacio más allá de registrar los fallos multiorgánicos o descubrir que la digestión se vuelve compleja porque no hay estratificación de fluidos. En el espacio todo flota, y nuestro estómago necesita que el contenido del estómago “caiga” hacia abajo para funcionar.

Dicho esto, y pese a todas las pegas, hemos aprendido mucho, especialmente lo mal que lo pasamos. El experimento de los gemelos idénticos Scott y Mark Kelly demostró que en su viaje de 340 días alrededor de la Tierra que el efecto del espacio era en buena medida reversible. Aunque hay peros.

Parece que 340 días de perder calcio en los huesos, de leves alteraciones genéticas o de pérdida de masa muscular no es algo grave. Más tiempo, en un viaje de más de un año, la NASA no se atreve a decir si los efectos serán perdurables o qué tipo de enfermedades aparecerán.

Vivir en Marte o la Luna no presenta duda. Su baja gravedad, de 3,71 m/s2 y 1,62 m/s2 harían estragos en nuestro cuerpo tras una larga estancia. En la Luna no es tan grave debido a la cercanía con la Tierra, pero entrar y salir del pozo gravitatorio de Marte (además del coste y riesgo) exige un año más de gravedad cero en ir y volver. Que se encarguen los robots.

robot exploracion espacial

Una cultura espacial no-planetaria

El problema de la baja gravedad es el más grave de todos. Sin duda diseñaremos tecnología para cultivar en Marte o para generar agua en la Luna. Ya nos hemos asomado con VR. Nos cubriremos con regolito y capas de plomo de la radiación cósmica y solar, pero no podemos simular la gravedad estando en un planeta.

El espacio, por otro lado, presenta ventajas frente a vivir “ahí abajo”. No hay ninguna ley natural que diga que tenemos que pisar un planeta para sobrevivir. Basta con replicar las condiciones del mismo en sus cercanías, y eso más “fácil”. Por ejemplo, una estación espacial dotada de giro.

Lo vimos en Odisea 2001, Interstellar y Cita con Rama. El cilindro O’Neil es una vasija espacial dotada de giro capaz de simular gravedad en su interior. Su propia estructura nos oculta de la radiación y podremos usar fusión nuclear sin riesgo. Es caro para nuestro estado de civilización actual, prohibitivo, pero viable a nivel técnico. Un ordenador era viable pero prohibitivo hace 70 años.

De modo que lo más probable es que enviemos, en un futuro, a humanos al espacio. Pero también es probable que nos quedemos allí arriba, viviendo en nuestras estaciones orbitales, mientras enviamos a robots a explorar los planetas a nuestros pies.

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Imágenes | iStock/grandeduc, WikiImages, NASA, iStock/designprojects, iStock/Paul Campbell

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