Más consecuencias de la actividad humana. ¿Estamos frenando el desarrollo de los chimpancés?

Hace casi 60 años, Jane Goodall observó por primera vez cómo los primates usaban herramientas. El chimpancé David Greybeard seleccionó una rama, le quitó las hojas y la usó para introducirla en un nido de termitas. Desde aquel descubrimiento (que trastocó totalmente lo que se creía sobre la evolución del ser humano) se han ido añadiendo otros a la lista. En total, hasta 31 hábitos culturales que los chimpancés aprenden y transmiten de unos a otros.

Sin embargo, un estudio reciente señala que la capacidad de transmitir estas tradiciones y conocimientos está en peligro. Sobre todo, en aquellas áreas en donde la presión humana es mayor. En ocasiones, la posibilidad de que los chimpancés desarrollen y conserven una tradición cultural propia se reduce hasta un 80%.

144 comunidades, 33 comportamientos aprendidos

Los Homo sapiens sapiens y los chimpancés compartimos el 98,7% del ADN. Junto con los bonobos, son nuestros parientes evolutivos más cercanos. Procedemos de un ancestro común que vivió entre 4,5 y 6 millones de años atrás. Según datos del Instituto Jane Goodall (IJG), actualmente existen cuatro subespecies de chimpancés, que viven diferentes zonas de 21 países africanos (Senegal, Guinea, Nigeria, Camerún y Tanzania, entre otros).

En los últimos años se han identificado hasta 33 comportamientos aprendidos en 144 comunidades diferentes de chimpancés. Aprenden unos de otros cómo comunicarse o la función de herramientas como ramas, piedras, hierbas y hojas, que usan para limpiarse, defenderse u obtener alimentos. 

Estos hábitos cambian en los diferentes grupos de chimpancés. Durante años se pudo observar cómo utilizaban hojas para llevarse agua a la boca. Sin embargo, un grupo sorprendió a los investigadores al introducir musgo en el agua para empaparlo y luego llevárselo a la boca. Lo usaban a modo de esponja.

Según los investigadores del IJG, estos conocimientos pasan socialmente de generación en generación. Motivo por el que hoy día se habla de «culturas» de chimpancés en diversas regiones. Sin embargo, y al igual que tantas otras especies, los chimpancés se han visto afectados por la actividad humana. Su entorno, en selvas tropicales y bosques de las sabanas, se ha reducido y ha cambiado. Hoy, kilómetros de lo que era su territorio se han convertido en tierras agrícolas, plantaciones y asentamientos humanos.

La “hipótesis de la perturbación”

El estudio ‘Human impact erodes chimpanzee behavioral diversity’, publicado en la revista Science, analiza cómo la actividad humana en el entorno de los chimpancés afecta al aprendizaje y al desarrollo de los conocimientos aprendidos. Su conclusión deriva en la llamada “hipótesis de la perturbación”: el impacto humano agota los recursos e interrumpe los procesos de aprendizaje social, necesarios para la transmisión cultural y del comportamiento.

El equipo de investigadores, liderado por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y el Centro Alemán para la Investigación Integrada de la Biodiversidad, con el apoyo del Instituto Jane Goodall España para la recogida de datos en Senegal y Guinea, analizó el comportamiento de 144 comunidades. Se hicieron, también, con materiales y datos relativos a la extracción y el consumo de insectos, algas, nueces y miel, así como del uso de herramientas.

El análisis de los mismos reveló que la actividad de los chimpancés había disminuído en los lugares en donde la actividad humana era más alta. De media, la actividad se reducía en un 88% en comparación con las de bajo incidencia. Entre las causas destacan la reducción de la población (a menos ejemplares, menos posibilidades hay de que se transmitan los conocimientos) y el agotamiento de los recursos.

La reducción de su hábitat es una de las causas principales de la reducción de transmisión de conocimientos de los chimpancés.

Más allá de la supervivencia

Una de las conclusiones del estudio es que las tradiciones de los grandes simios no se acaban solo con la extinción. Pueden desaparecer, también, aunque la población permanezca, si se limitan sus posibilidades de desarrollar un aprendizaje social.

Hasta la publicación de ‘Human impact erodes chimpanzee behavioral diversity’, el estudio del impacto humano en este tipo de poblaciones se había centrado sobre todo en la pérdida de poblaciones y la diversidad genética, y no tanto en su comportamiento. Sus autores hacen hincapié en la necesidad de tener los resultados en cuenta a la hora de desarrollar políticas de conservación de las especies.

Los comportamientos de los simios (al igual que los de otros animales) se transmiten de forma horizontal y vertical. La transmisión vertical es la que se da entre madres y crías, por ejemplo. La horizontal, por otro lado, se da entre los diferentes miembros del grupo.

Mantener ambas es fundamental para garantizar la correcta evolución de la especie. Ahora, con datos empíricos que respaldan esta teoría, es posible presionar para conseguir que las estrategias de protección de la biodiversidad incluyan las conductas culturales. Y no solo las de los chimpancés. También las de otras especies que transmiten sus conocimientos, como las ballenas, los delfines u otros simios.

Imágenes | Pixabay/Suju, Unsplash/ROIS_des_ROIS

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