Algunos trucos para dejar contraseñas a simple vista (y que no te las cojan)

Las contraseñas son necesarias en un mundo en el que los datos tienen un valor enorme. Para que otras personas accedan a datos que no son suyos, los encerramos con un candado cuya llave es una ristra de números, letras y signos a la que llamamos clave, contraseña o password.

Sea como sea que la llamemos, la contraseña se nos olvida con frecuencia, y a menudo tenemos que pulsar sobre «recuperar contraseña» en algún servicio. Sin embargo, hay lugares en los que la recuperación de contraseña es compleja, lenta, o directamente imposible. Dejamos aquí algunos trucos para dejar contraseñas a simple vista (y que no te las cojan).

¿No te acuerdas de tu PIN? Escríbelo, escondido, en una suma

El PIN del móvil, el código de acceso a la cuenta bancaria, o el PIN de la tarjeta de débito. Especialmente si tenemos más de una tarjeta, tenemos dos opciones: aprendernos todos los números de memoria, o poner un único PIN a todo, algo altamente desaconsejado. O bien dejarlo a plena vista:

contraseña escondida en un post-it

En la fotografía de arriba se ve el clásico post-it que hay en todas las mesas de trabajo, con cifras, anotaciones, e incluso dibujitos. ¿Y si el acceso a nuestro banco online fuesen las cifras del primer número? ¿Y si el PIN de nuestro móvil fuese el segundo?

Lo que parece tener más importancia en el post-it, el número de abajo, es solo un sinsentido, resultado de una operación aleatoria entre dos claves. Estas están a salvo, ocultas, pero a plena vista.

Por supuesto, hay muchas opciones para dejarlas por ahí sin que nos las cojan, como hacer un listado Excel con alguna de ellas e imprimirlo como si fuese una factura o un ticket. Nadie sospecha de una factura, ni de un garabato, un código de serie o un teléfono apuntado en una hoja de papel. Solo que no es un teléfono.

La tarjeta de coordenadas… que siempre dejamos en casa

La tarjeta de coordenadas es una herramienta muy útil que, por desgracia, da bastantes problemas. Por un lado, es necesaria para realizar según qué operaciones bancarias, de modo que deberíamos llevarla con nosotros. Por otro, con ella se tiene acceso directo a nuestra configuración bancaria, por lo que deberíamos dejarla en casa. ¿Y si pudiésemos llevarla escondida?

tarjeta de coordenadas original

La vista de arriba muestra los clásicos datos de una tarjeta de coordenadas, aunque las reales suelen tener hasta 50. En azul se muestra la casilla de control, que se usa para ordenar los números, y en blanco se muestran las claves o contraseñas. Estos últimos son los que el banco nos pide para hacer operaciones.

Las dos vistas de abajo muestran tarjetas de coordenadas falsas y ocultas, con números que parecen no tener nada que ver con los originales, pero que resultan de la resta a 999 de las contraseñas. Por ejemplo, 999 menos 568, la primera clave real, da como resultado 431, la primera clave falsa, que vemos abajo. Todos los números falsos han sido construidos igual:

999 – número verdadero = número falso

tarjeta de coordenadas falsa

Obviamente, los números falsos no nos valen para nuestro banco, pero podemos llevarla en la cartera sin problema. Si alguien nos quita la cartera, no podrá usarlos; y cuando queramos usarlos nosotros solo tenemos que repetir la operación: 999-431=568.

Et voilà, ya podemos llevar la tarjeta de coordenadas (o una copia) con nosotros, e incluso destruir la original para que nadie pueda conocer nuestras claves nunca. A continuación, otra alternativa que dice todavía menos sobre el uso de las cifras:

tarjeta de coordenadas falsa impresa

Algunas de estas letras son números, y viceversa

Imaginemos que un sistema nos pide una contraseña larga, de esas de 20 caracteres que alternan signos “raros”, números y letras en mayúscula. Sí, de esas que luego no recordamos. Lo ideal sería poder apuntar la clave en algún lugar, pero que no nos la pudiesen identificar como tal.

Para esconder la clave a plena vista vamos a usar una propiedad de los números y letras, y es su parecido físico. El 1 parece una l, el 3 parece una E del revés, el 7 y la T se parecen en algunas grafías, y la A parece un 4. Por supuesto, el 0 y la O se parecen muchísimo, así como la S y el 5, o el 8 y la B.

Hemos elegido usar como contraseña una variación de la frase «Encender el ordenador» a la que hemos cambiado las letras que se parecen a números por esos números, así como eliminado espacios:

Encender el ordenador

3nc3nd3r3l0rd3n4d0r

Otra alternativa, si se nos pide hacer uso de mayúsculas y minúsculas, es la de alternar las letras que queden así: mayúscula, minúscula, mayúscula, etc:

3Nc3Nd3r3L0rD3n4D0r

La contraseña de arriba es de las consideradas como bastante segura, pero podemos añadir aún más dificultar incluyendo guiones entre las antiguas palabras. Así:

3Nc3Nd3r-3L-0rD3n4D0r

Ahora tenemos una contraseña muy segura y bastante complicada de adivinar, que no tiene nada que ver con nosotros o con las fechas de cumpleaños de familiares (error básico, por cierto), y que podemos escribir en un papel justo al lado del ordenador. Lo mejor es que no llama nada la atención.

 

Como abríamos, las claves son fundamentales en nuestro presente, pero tendemos a perderlas, olvidarlas o rebajar su nivel de seguridad. Con estos trucos de arriba podrás tenerlas encima de una mesa o en la cartera sin llamar la atención. ¿Se te ocurre algún otro método para esconder las claves de acceso?

En Lenovo | Cómo recuperar el PIN de tu móvil si lo has perdido u olvidado

Imágenes | Robinraj Premchand, Marcos Martínez (CC0)

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